Aspirar a convertirse en un padre delfín puede marcar la diferencia a la hora de criar y de educar a los hijos. Se oye hablar mucho últimamente de este término, pero ¿quiénes son los padres delfín y qué significa exactamente? Según nos indica Blanca Vera Máximo, psicóloga y madre de siete hijos (@blancaverapsicologa), el de padres delfín es un término que puso la psiquiatra Shimi Kang a ese tipo de padres que intentan criar a sus hijos desde la cercanía, el afecto y la escucha, pero sin renunciar a los límites y las normas. "Kang utiliza la figura del delfín porque es un animal profundamente social e inteligente pero que a la vez cuida y protege a los suyos con firmeza", aclara. "No se trata de un estilo permisivo donde el niño hace lo que quiere, sino de acompañarle mientras va adquiriendo las herramientas necesarias para desenvolverse solo en el mundo".
Blanca Vera nos explica que, aunque el de 'padres delfín' parezca un término de moda en crianza, en realidad viene de antiguo, de lo que en psicología del desarrollo se conoce como estilo autoritativo, "uno de los estilos que cuenta con mayor respaldo en investigación y se caracteriza por combinar afecto, comunicación y límites", nos dice. "El problema aparece cuando confundimos acompañar con evitarles cualquier frustración o allanarles el camino", puntualiza, al tiempo que señala que ese cariño, aunque nace del amor, no habla tanto de lo que el niño necesita, sino del padre y de la madre.
Un niño no necesita que sus padres acierten siempre, necesitan saber que incluso cuando nos equivocamos seguimos estando ahí.
"Dicho esto, quiero dejar claro que nuestros hijos no necesitan padres perfectos, necesitan padres suficientemente buenos", subraya. "A veces parece que hemos convertido la crianza en una carrera por hacerlo todo bien: validar todas las emociones, elegir las palabras adecuadas, controlar las pantallas… y eso nos genera una enorme presión. Un niño no necesita que sus padres acierten siempre, necesitan saber que incluso cuando nos equivocamos seguimos estando ahí".
Por qué convertirse en un padre o una madre delfín
Uno de los principales beneficios de ser un progenitor delfín es que ayuda a que el niño identifique y exprese lo que siente sin miedo a ser juzgado, según apunta la psicóloga. "Validar una emoción no significa estar de acuerdo con la conducta, podemos decir 'entiendo que estés enfadado porque querías quedarte en el parque' y, al mismo tiempo, mantener el límite de irnos a casa". Y esta es la diferencia clave con el resto de estilos de apego para Blanca Vera: “el niño aprende que sus emociones son aceptables, aunque no todas las conductas sean aceptables, y eso con el tiempo le ayuda a tolerar la frustración”.
El papel de los límites en los padres delfín
Cuando le preguntamos a Blanca Vera por el papel que juegan los límites en este estilo de crianza y cómo se pueden establecer sin romper la conexión que estos padres buscan, ella nos responde con una información muy importante a tener en cuenta, y es que los límites no rompen el vínculo, lo sostienen. Algo muy parecido nos han dicho al respecto, en otras entrevistas, autores de la talla del reconocido neuropsicólogo Álvaro Bilbao acerca de la necesidad de poner límites a los niños desde el cariño, pero sin dejar de lado la firmeza. Una directriz que teorizó hace ya unos años Daniel J. Siege, profesor de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de la UCLA (Universidad de California, en Los Ángeles) quien fue clave para transformar la práctica educativa de miles de padres y educadores de todo el mundo, al conseguir que se dejara de ver la idea de disciplina como algo estricto o como un castigo y pasara a entenderse como una experiencia de enseñanza necesaria para el desarrollo del cerebro del niño y basada en la conexión emocional y el cariño.
"Lo importante es que el límite sea claro y adecuado a la edad", detalla Blanca Vera. Pone como ejemplo una situación muy común en la mayoría de hogares con niños y adolescentes, como es poner fin al tiempo de pantalla; ahí se le puede decir 'entiendo que estés enfadado porque quieras seguir viendo la tele, pero el tiempo ha terminado'. "Y eso no rompe nada", subraya. "A muchos padres nos cuesta sostener el límite cuando vemos sufrir o enfadarse a nuestro hijo, y no porque seamos permisivos, sino porque queremos evitarle ese malestar. El problema es que a veces confundimos proteger con evitar cualquier frustración".
El papel de los padres delfín en la adolescencia de los hijos
"Este estilo se basa en cercanía y normas, justamente lo que solemos pensar que rechaza la adolescencia, pero la realidad es contraria a lo que se piensa", señala Vera. "El reto no es dejar de estar, sino aprender a acompañar de otra manera". La psicóloga pone de manifiesto que padres y madres han de tener en cuenta que los límites deben ser adaptados a cada edad y que, en contra de lo que pueda parecer a los padres de adolescentes, "a estos chicos les da seguridad tener límites, buscar a su padre y que esté".
La cuestión es que saber cómo hacerlo, pues hay que tener mucha más mano izquierda: "toca aprender a estar sin estar encima, ofrecer sin insistir y sostener el límite, aunque el enfado de un adolescente ya no se parezca en nada a la rabieta de un niño de dos años". La psicóloga nos recuerda que la mayoría de los adolescentes empiezan a buscar más un espacio propio, a aislarse en su habitación, a preferir pasar más tiempo en compañía de los amigos que con la familia, a dejar de contar sus cosas… Pero eso no tiene por qué ser un rechazo a los padres, sino una necesidad evolutiva de diferenciación. "El adolescente necesita descubrir quién es más allá de su familia", nos explica.
"En ese momento la función del padre pasa a tomar distancia sin desaparecer. Es estar sin invadir; es transmitir 'No necesito que me cuentes todo, pero quiero que sepas que estoy'". Y hace hincapié en algo muy importante: "si lo que queremos es enseñar a nuestros hijos a afrontar el sufrimiento y la frustración, tenemos que acompañar su crecimiento sin intentar controlar todo lo que hacen".
Educar no consiste en conseguir que nuestros hijos no sufran nunca; consiste en darles las herramientas y la seguridad necesarias para saber que pueden sostener el sufrimiento ante una dificultad.
Blanca Vera Máximo pone sobre la mesa otro aspecto esencial que todo padre y madre debe tener en cuenta: "Educar no consiste en conseguir que nuestros hijos no sufran nunca; consiste en darles las herramientas y la seguridad necesarias para saber que pueden sostener el sufrimiento ante una dificultad". Y tranquiliza a las familias al recordar que, para eso, tampoco necesitamos hacerlo todo bien. "Podemos equivocarnos, pedir perdón, reparar y volver a intentarlo; nuestros hijos no necesitan padres perfectos, necesitan padres presentes".





