Psicología

Diana Jiménez, psicóloga, sobre la autoestima de los niños: "Cuando perciben que el cariño llega solo si cumplen, sacan una conclusión equivocada"


Para que un niño crezca con una autoestima sana y fuerte, el papel de sus padres es clave. La psicóloga experta en disciplina positiva nos indica qué es lo más importante a tener en cuenta.


Diana Jiménez, psicóloga, divulgadora y neuroeducadora experta en disciplina positiva y crianza respetuosa© Diana Jiménez
17 de julio de 2026 a las 7:27 CEST

La autoestima es uno de los aspectos más determinantes en el desarrollo emocional de todo niño y, de cara a futuro, cuando esta se ha construido de manera sana, es también un factor protector de la salud mental esencial. Sabiendo esto, la cuestión es cómo fomentar que los niños crezcan con una buena autoestima, qué es lo que pueden hacer los padres al respecto (y qué es mejor no hacer). Nos lo explica Diana Jiménez, psicóloga, divulgadora y neuroeducadora experta en disciplina positiva y crianza respetuosa. Hemos hablado con ella con motivo de la publicación de su último libro infantil ilustrado, que se centra precisamente en esta cuestión: Crecer con autoestima (Ed. Sentir).

Los protagonistas son una niña y un niño, Dani y Álex, que van a la misma clase, pero que reciben mensajes radicalmente opuestos en sus casas y que influyen directamente en la manera en la que se ven a sí mismos. Por eso este libro es una opción ideal para que papás y niños lean juntos, pues es una herramienta también muy útil para los adultos, para que sean conscientes de qué reacciones pueden dañar a los hijos sin apenas darse cuenta. 

Detrás de un niño que no hace caso casi siempre hay un niño desanimado, no un niño malo.

Diana Jiménez, psicóloga especializada en infancia, adolescencia y pareja y experta en crianza respetuosa

¿Cuál es el papel de la conexión con los padres para el desarrollo de una autoestima sana en el niño?

Es el papel principal. La autoestima no se construye con halagos, sino con vínculo, porque todo niño necesita sentir que pertenece, ser visto y tenido en cuenta. Cuando lo siente, su cerebro aprende algo precioso: "soy valioso y estoy seguro". Y conviene recordar que los primeros años son esenciales en la formación de la personalidad, así que esa conexión temprana deja huella para toda la vida. Por eso repito tanto que la conexión va antes que la corrección: un niño conectado es un niño con raíces.

En el libro, Dani recibe órdenes constantemente de sus padres. ¿Cómo afecta esta situación a los niños?

En el cuento aparecen dos estilos de paternidad y cómo cada uno influye en el desarrollo de la autoestima de los niños. A Dani le dan órdenes en lugar de preguntas de curiosidad, y no le dan su lugar. Y una orden tras otra convierte al niño en espectador de su propia vida: hace, pero no decide, y así no ejercita esa sensación de “soy capaz” que tanto necesita. Suele acabar rebelándose o volviéndose muy complaciente, creyendo que vale solo si obedece. Detrás de un niño que "no hace caso" casi siempre hay un niño desanimado, no un niño malo.

¿De qué manera pueden los padres sustituir esas órdenes por pautas que los niños sean capaces de llevar a cabo por sí mismos?

La clave es pasar del "hazlo porque lo digo yo" al "hagámoslo juntos", y darle al niño su lugar. Funcionan muy bien las rutinas, para que mande la rutina y no nuestra voz; las preguntas de curiosidad ("¿qué toca después de cenar?") en lugar de la orden; y las opciones limitadas ("¿te bañas antes o después del cuento?"). Todo ello sin renunciar a la firmeza: amables y firmes a la vez. Cuando el niño participa, deja de obedecer por miedo y empieza a colaborar por sentido.

Crecer con autoestima, de Diana Jiménez© Editorial Sentir

La protagonista de tu historia, Dani, "piensa que, si no obedece al instante, ya no la quieren". ¿Qué hace a los niños llegar a este tipo de conclusiones?

Los niños son grandes observadores, pero malos intérpretes. Cuando perciben que el cariño llega solo si cumplen, sacan una conclusión equivocada: "valgo si obedezco". Le pasa a Dani: no es que sus padres dejen de quererla, es que ha aprendido a leer el amor como algo condicional. Y como en esos primeros años se está formando su manera de mirarse a sí misma, esa idea cala hondo. Por eso es tan importante separar siempre lo que hacen de quienes son: “no me ha gustado lo que has hecho, y te quiero exactamente igual”.

La autoestima no se construye con halagos, sino con vínculo

Diana Jiménez, psicóloga especializada en infancia, adolescencia y pareja y experta en crianza respetuosa

Propones al final del libro que los niños rieguen su propio árbol de la autoestima. ¿Cómo pueden hacerlo?

El árbol les ayuda a entender que su autoestima también la cuidan ellos. La riegan reconociendo sus esfuerzos y no solo sus resultados; hablándose con amabilidad, como a un buen amigo; atreviéndose a equivocarse, porque del error también se crece; pidiendo ayuda sin que eso les reste valor; y aportando en casa o con los demás, porque sentirse útil es sentirse parte. En el fondo, regar el árbol es aprender a darse a uno mismo el aliento que antes recibía de fuera.

¿Se puede reparar la autoestima dañada de un niño o, aunque se haga, siempre quedará alguna herida?

Se puede reparar, y mucho: el cerebro es plástico toda la vida. Quizá quede alguna cicatriz, pero conviene cambiar la mirada: la seguridad emocional no nace de no herirnos nunca, sino de la reparación. Que un vínculo se rompa y se vuelva a coser deja, paradójicamente, a un niño más fuerte, porque aprende que el amor resiste los conflictos. Nunca es tarde, y casi nunca es tan irreversible como tememos.

¿Cómo sanar la autoestima dañada de un niño?

Se sana en relación, igual que se hirió en relación. Lo primero es reconectar: volver a darle su lugar, más mirada, más "me alegro de quien eres" y menos "a ver si espabilas". Después, reparar: un adulto que sabe pedir perdón le enseña que su valor nunca estuvo en juego. Y hay un ingrediente que olvidamos mucho: nuestra propia calma, porque un niño no puede serenarse en brazos de alguien alterado. Sanar es sostener en el tiempo un mensaje: “eres valioso, capaz y querido, pase lo que pase”.

Niña con rasgos narcisistas© Getty Images
Niña con rasgos narcisistas

¿Cómo podemos saber que un tipo de conducta indeseada y repetitiva de un niño es fruto de una mala autoestima?

Un truco muy útil es mirar qué emoción despierta en nosotros. Si nos irrita y solo quiere que estemos por él, suele buscar atención; si sentimos que nos reta, poder; si nos duele, revancha; y si nos invade el "ya no sé qué hacer", probablemente el niño se ha rendido con su propia valía. En el fondo, todas esas conductas son una misma petición: sentirse visto, tenido en cuenta, parte. No es un niño que se porta mal, es un niño que pide ánimo.

¿De qué manera corregir determinadas conductas de un niño sin dañar su autoestima?

Corregir y querer no están reñidos; lo que daña no es el límite, sino cómo lo ponemos. Tres claves: separar la conducta de la persona, sin etiquetas ("esto no se hace" nunca debe convertirse en "eres un desastre"); ser amables y firmes a la vez, siempre conexión antes que corrección; y cambiar el castigo por soluciones ("¿cómo lo arreglamos?" enseña, "te quedas sin nada" solo humilla). Y todo empieza por nosotros: corregimos mucho mejor desde la calma que desde el grito.