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Monica Gallerani, reeducadora de la escritura: "Un niño puede tener una escritura legible y ordenada, pero lo consigue a costa de un esfuerzo excesivo"


La especialista explica por qué es tan importante una buena postura al escribir y la relación del agarre con el desarrollo del niño


Monica Gallerani, reeducadora de la escritura© Monica Gallerani
18 de junio de 2026 a las 7:25 CEST

Que un niño agarre bien el lápiz al escribir dice mucho de su desarrollo madurativo: requiere que haya desarrollado la suficiente destreza como para manejar su mano y sus dedos de manera correcta. Y algo que deben tener muy presente los padres y madres: que un niño coja bien el lápiz es mucho más que una mera cuestión estética, pues le permite centrar su atención y su capacidad cognitiva en lo que está escribiendo, en el contenido, en la información, y no en el hecho de escribir en sí. Además, utilizar una mala postura al escribir puede derivar en una mayor tensión muscular y en una mayor fatiga, lo que a su vez puede repercutir negativamente en el rendimiento en clase. De todo ello nos habla Monica Gallerani, especialista en educación y reeducación de la escritura y profesora colaboradora en la Universidad de Barcelona (www.monicagallerani.com).

Gallerani nos explica en detalle qué implica un mal agarre, por qué es tan importante corregirlo y qué tener en cuenta acerca de la reeducación de la escritura en los niños. Para ello, parte de cómo es un agarre adecuado y eficiente y concluye con los aspectos que deberían tener en cuenta las familias para decidir llevar a su hijo a un especialista por esta causa. 

Cuando la mano trabaja de forma eficiente, el niño puede dedicar sus recursos atencionales y cognitivos al contenido de la escritura.

Monica Gallerani, especialista en educación y reeducación de la escritura

¿Por qué es tan importante que los niños cojan de manera adecuada el lápiz a la hora de escribir?

Un agarre adecuado es especialmente importante porque permite al niño afrontar la escritura manual de manera eficaz, ágil y fluida. Un agarre funcional permite controlar el gesto gráfico sin un esfuerzo excesivo, sin tensiones y sin bloqueos en el movimiento.

Cuando la mano trabaja de forma eficiente, el niño puede dedicar sus recursos atencionales y cognitivos al contenido de la escritura, en lugar de emplearlos en gestionar el esfuerzo que requiere el acto motor.

¿Cómo es el agarre correcto?

La literatura científica sigue considerando la prensión trípode dinámica (dynamic tripod grasp) como el principal modelo de referencia entre los agarres maduros. En esta configuración, el lápiz se sostiene entre el pulgar y el índice y se apoya sobre el dedo medio parcialmente flexionado, mientras que el anular y el meñique contribuyen a la estabilidad de la mano.

Este agarre se considera maduro porque favorece un uso coordinado de la musculatura intrínseca y extrínseca de la mano y permite un buen control de los movimientos finos de los dedos. Además, permite combinar estabilidad y movilidad: la muñeca y el antebrazo proporcionan una base estable, mientras que los dedos pueden moverse con precisión para guiar el trazo gráfico.

Conviene recordar, no obstante, que la literatura describe también otras modalidades de agarre que, aunque difieren del modelo tradicional, pueden resultar igualmente funcionales y no determinar necesariamente dificultades motoras en la escritura.

Cuando un niño ya sabe escribir y lleva unos años con un agarre inadecuado, ¿es necesario reeducarlo?

La respuesta depende del impacto que ese agarre tiene sobre el bienestar del niño y sobre la eficiencia de la escritura. Aunque la experiencia profesional muestra con frecuencia agarres poco funcionales asociados a dificultades grafomotoras, una forma de sujetar el lápiz diferente a la convencional no representa necesariamente un problema.

Lo importante no es únicamente el resultado final, sino el esfuerzo con el que ese resultado se alcanza. Un niño puede tener una escritura legible y ordenada, pero lo consigue a costa de un esfuerzo excesivo, que conlleva tensiones musculares, rigidez, dolor o un elevado nivel de fatiga.

La conveniencia de intervenir debería valorarse cuando el agarre limita el movimiento de los dedos, dificulta el control del lápiz, provoca dolor o tensión, o induce posturas compensatorias poco funcionales. En estos casos, el objetivo no es modificar un agarre porque parezca diferente al tradicional, sino ayudar al niño a desarrollar una modalidad de escritura más eficiente, menos fatigante y más sostenible a lo largo del tiempo.

Niño escribe© Getty Images

¿Cómo hacerlo?

Como ocurre en todas las actividades de recuperación, no existen fórmulas mágicas para mejorar el agarre del lápiz en poco tiempo. Es importante comprender por qué el niño utiliza una modalidad de agarre poco eficiente, qué dificultades pueden estar en la base de sus estrategias compensatorias e identificar la solución más adecuada para su caso.

El objetivo no es modificar la posición de los dedos por razones estéticas, sino favorecer una modalidad de escritura que permita un buen control del gesto gráfico y una escritura confortable.

¿Qué errores suelen cometer los padres a la hora de intentar corregir el agarre de su hijo?

Más que de errores, hablaría de una comprensible dificultad para abordar un tema muy complejo. Cuando un niño sujeta el lápiz de manera poco eficiente, es natural centrarse en lo que se ve, es decir, en la posición de los dedos, intentando corregirla directamente o recurriendo a estrategias que prometen mejorar rápidamente el agarre.

La realidad es que el agarre representa el resultado de un proceso de desarrollo y rara vez la dificultad reside únicamente en la posición de los dedos. Por este motivo, las soluciones inmediatas no siempre producen cambios estables a lo largo del tiempo.

Por ello, la mejor estrategia sigue siendo la prevención y la educación de la mano a largo plazo, a través de la manipulación de una variedad de materiales y objetos con características y funciones diferentes, así como mediante el desarrollo de las habilidades de motricidad fina en los distintos contextos de la vida familiar, escolar, lúdica y creativa.

Un agarre adecuado es especialmente importante porque permite al niño afrontar la escritura manual de manera eficaz, ágil y fluida.

Monica Gallerani, especialista en educación y reeducación de la escritura

¿Hay algún tipo de terapia que ayude en este sentido cuando los padres no sean capaces de corregir el agarre?

Es importante aclarar que corregir el agarre no debería ser una tarea de los padres. Su papel consiste, sobre todo, en favorecer el desarrollo de las habilidades manuales y de las experiencias necesarias para la construcción de un agarre eficiente.

Sin embargo, cuando el agarre provoca fatiga, tensión, dolor o interfiere con la calidad de la escritura y con el bienestar del niño, es conveniente recurrir a profesionales con una formación específica. Dependiendo de las dificultades presentes, pueden intervenir distintas figuras, como terapeutas ocupacionales, terapeutas de la neuro y psicomotricidad del desarrollo, logopedas u otros profesionales del ámbito educativo y rehabilitador.

Existen además profesionales especializados en la prevención y la recuperación de las dificultades grafomotoras y de la disgrafía, como el consultor y reeducador de la escritura. Se trata de una figura específicamente formada para observar e intervenir sobre los aspectos motores, perceptivos y ejecutivos de la escritura, con especial atención al gesto gráfico y a su automatización. Aunque todavía es poco conocida en España, puede representar un recurso importante cuando las dificultades afectan de manera específica al componente grafomotor de la escritura.

En caso de respuesta afirmativa, ¿sería necesario llevarlo a terapia o buscar algún tipo de ayuda si el niño coge mal el lápiz, pero escribe de manera adecuada? ¿Por qué?

Como se ha mencionado anteriormente, no es suficiente observar el resultado final de la escritura. Un niño puede escribir de manera legible y aparentemente adecuada, pero alcanzar este resultado a través de compensaciones, rigidez, tensiones o un gasto excesivo de energía.

Lo que es necesario valorar es el impacto que esa modalidad de agarre tiene sobre el bienestar del niño y sobre la eficiencia del gesto gráfico. Cuando el agarre provoca rigidez, fatiga o un exceso de estrés motor, puede ser útil profundizar en la situación con un especialista.

¿Cómo saber si el agarre incorrecto está motivado por un problema de los huesos o los músculos de la mano en niños que, por lo demás, tienen una óptima motricidad fina?

En los niños es importante recordar que el agarre no es algo innato, sino una competencia que se construye progresivamente a lo largo del desarrollo. Por este motivo, ante un agarre poco funcional, la primera pregunta no debería ser si existe un problema óseo o muscular, sino si se han desarrollado adecuadamente todas las habilidades que permiten a la mano volverse estable, coordinada y eficiente.

Uno de los aspectos centrales del trabajo del reeducador de la escritura consiste precisamente en observar estos prerrequisitos y en comprender qué competencias pueden no haberse consolidado todavía. Por este motivo, la intervención se orienta inicialmente hacia su desarrollo y fortalecimiento.

Si, a pesar de un trabajo específico sobre estos aspectos, las dificultades persisten en el tiempo o aparecen elementos que requieren una evaluación más profunda, puede ser oportuno orientar a la familia hacia una valoración especializada en el ámbito sanitario.

Niña escribe© Getty Images

¿Puede el agarre ser indicativo de algún trastorno o dificultad de origen neurológico? ¿Cuáles y por qué?

El agarre, por sí solo, no permite identificar ni plantear la hipótesis de la presencia de un trastorno de origen neurológico. Puede representar uno de los elementos que deben observarse dentro de un cuadro más amplio, pero no debe interpretarse de forma aislada.

Cuando existen dificultades que afectan al control motor, a la coordinación o a otros aspectos del desarrollo, estas pueden reflejarse también en la forma en que el niño utiliza el lápiz. Sin embargo, lo que cuenta es siempre la valoración global del niño y no la mera observación del agarre, que por sí sola no es suficiente para extraer conclusiones.

¿Un mal agarre es sinónimo, en todos los casos, de disgrafía o no tiene por qué?

No. El agarre representa uno de los múltiples factores implicados en la escritura, pero no puede considerarse, por sí solo, sinónimo de disgrafía.

Las dificultades grafomotoras pueden depender de numerosos aspectos, entre ellos el control motor fino, la coordinación, la planificación del movimiento, la integración visomotora, las habilidades perceptivas y sensoriales, además de factores ambientales y ergonómicos. Por este motivo, un agarre poco funcional puede estar presente en algunos niños con dificultades de escritura, pero también puede aparecer en niños que escriben de manera adecuada.

Más que centrarse exclusivamente en el agarre, es importante considerar la escritura en su conjunto y valorar hasta qué punto el gesto gráfico resulta eficaz, fluido y sostenible para el niño.