Elena Sanz, periodista científica y autora: "Cuando los niños conocen cómo funciona su cerebro, son más resistentes a la manipulación"


El cerebro controla mucho más que la parte racional de nuestro organismo. Saber, desde pequeños, todos sus secretos les puede ayudar a controlar y decidir muchas de las cosas que suceden a lo largo de la vida. Un nuevo libro ayuda a los padres en esta tarea.


Elena Sanz, periodista científica© Elena Sanz
12 de septiembre de 2026 a las 7:02 CEST

Enseñarles a los más pequeños que del cerebro no solo depende la inteligencia, sino muchos más procesos esenciales en la vida, les otorga unos 'superpoderes' que van a resultarles muy útiles en su día a día. Así lo plasma en Mamá, ¿qué pasa dentro de mi cabeza? (Ed. Crítica), la periodista científica Elena Sanz.

Con ilustraciones de Kim Amate, el libro está pensado para que niños entre 5 y 10 años (con la compañía de un adulto) puedan ir descubriendo cómo somos, sentimos y pensamos. Y lo hace de una forma gráfica, cercana y amena a través de una conversación con sus dos hijos, que van adentrándose en este fascinante mundo. Hemos charlado con ella.

Partir del autoconocimiento nos puede ayudar, si no a suavizar la intensidad de la adolescencia (que debe ser intensa por naturaleza), sí a dirigir mejor hacia dónde “salimos” tras atravesarla

Elena Sanz, periodista científica y autora

¿Cuál ha sido el proceso creativo con el libro? ¿Han participado tus hijos?       

Pues después de casi veinte años aprendiendo sobre neurociencia por mi trabajo en periodismo científico, había acumulado muchos conocimientos que creía importante compartir con los peques. Y tuve que empezar por el proceso más complicado y, a la vez, más importante de todos: podar, quedarme con lo esencial, con lo útil, e hilar los conceptos que creía que debían formar parte del “manual de instrucciones cerebral” para niños. Ponía a prueba mis conocimientos porque, sin duda, para simplificar un tema debes conocerlo a fondo. Y me llevó meses.

La segunda fase fue intentar transformarlo en una conversación infantil, fluida y natural, con un lenguaje adaptado a esas edades, sin perder ni el rigor ni la espontaneidad. Me ayudó a evocar conversaciones con mis hijos (de todo tipo, no solo relacionadas con el cerebro), que en ese sentido fueron inspiración. Pero Ray y Fran no sabían que existía el “librito” en el que ellos eran personajes hasta que llegó a casa el primer ejemplar.

Libro Mamá, ¿qué pasa dentro de mi cabeza?© Ed. Crítica

¿Cuál es la idea más común sobre el cerebro que tienen los niños pequeños? ¿Qué piensan de él?

Creo que conciben que es el órgano con el que pensamos y acumulamos conocimientos, que es “solo” eso. Lo asocian a la inteligencia, sobre todo. No son conscientes de que el cerebro controla cosas tan básicas como el hambre, la sed o que nunca dejemos voluntariamente de respirar. Tampoco se percatan de que, aunque el ojo recibe imágenes y el oído capta sonidos, es el cerebro el que “ve” (y que en eso cada uno ve diferente) y el que escucha (y saborea, y se emociona con olores…).

Ni identifican que las emociones nacen del cerebro, que es el que ama, experimenta miedo, frustración, ira, tristeza… O que es el cerebro el que se ríe con las cosquillas (que nos son indiferentes si nos las hacemos a nosotros mismos), el que registra los movimientos necesarios para que podamos pedalear subidos en la bicicleta sin caernos. Mis hijos pensaban que se para cuando dormimos y… ¡Nada más lejos! Es momento de reparar, organizar, limpiar, tirar basura, como les cuento en el libro.

Hermanos© Getty Images

En tu libro planteas que aprendido cómo funciona el cerebro, los menores pueden adquirir "superpoderes", ¿cuáles son?

En general, opino que el conocimiento nos hace más poderosos y más libres. Porque tomamos “el control” (o podemos tomarlo, si queremos, y dejarnos llevar, si elegimos que no). Conocer cómo funciona nuestro cerebro nos permite tomar las riendas emocionales, no porque dejemos de sentir emociones, sino porque podemos decidir mejor qué hacer con ellas. También nos permite aprender mejor, usar la curiosidad como motor de aprendizaje, entender a quienes nos rodean y empatizar más, apostar por la cooperación (el mayor súper poder), pensar juntos para llegar más lejos, superarnos, apostar por la paciencia… Y nos hace más resistentes a la manipulación. Esos son, a mi entender, superpoderes.

Aprendizaje© Getty Images

¿Crees que a este tipo de conocimientos teóricos que pueden aplicarse a la vida cotidiana de los niños se les da suficiente importancia en los estudios oficiales?

Pues diría que no, y me parece una pena. Porque no solo es que se apliquen a la vida cotidiana, es que hay muchas situaciones cotidianas que se pueden aprovechar para enseñar neurociencia y, con ella, biología, filosofía, psicología, etc.

¿Qué podemos hacer para despertar la curiosidad científica en los más pequeños?

Aprovechar cualquier pregunta que a ellos les surja de manera natural como una mecha que prende y que nos lleva a curiosear. Y, desde luego, sugerirles nosotros mismos preguntas en el día a día. Es importante que descubran (y nosotros con ellos) que la ciencia no es algo ajeno, distante, situado en un atril o en los laboratorios, sino lo que nos hace entendernos y entender el mundo en el que vivimos. 

Tenemos la suerte de que, a estas alturas de la historia humana, muchas de las preguntas que nos planteamos los Homo sapiens tienen respuesta científica. Y eso es maravilloso. Aprovechando el interés natural de cada niño podemos desplegar todo un mundo de conocimientos. Si no es sobre el cerebro, que sea sobre animales, espacio, vehículos, matemáticas… Las oportunidades abundan.

Niña explorando un cerebro © Getty Images

En tu obra hay un diálogo con tus dos hijos en el que les vas mostrando todo aquello que depende de su cerebro. ¿Qué ha sido lo más sorprendente para ellos en este descubrimiento?

Pues una, relacionada con lo anterior, es que justo es que dudar no es malo, y equivocarse tampoco. Las neuronas espejo, que imitan en nuestra cabecita lo que les pasa a otros, también les resultaron divertidas. Descubrir que la gente que te quiere funciona como “tiritas”, porque el dolor es menos con un abrazo. Y la sinestesia también les divertía mucho, ese cruce de sentidos que hacía que, por ejemplo, Kandinski escuchara música asociada a colores.

El día a día está lleno de oportunidades para aprender sobre nosotros mismos y sobre nuestro cerebro y nuestro cuerpo. ¿Cómo lograr que los más pequeños tengan esa capacidad de mirar hacia adentro y no solo hacia afuera?

Hablando mucho con ellos. Invitándoles a mirarse y a entenderse. A no echar balones fuera. La introspección es importante. Y da señales físicas, se siente en el cuerpo.

Niño con un cerebro de cartón delante de la cabeza© Getty Images

¿Consideras que saber desde pequeños cómo funciona nuestro cerebro y de qué manera influye en las emociones puede ayudar en momentos de intensa transformación vital como la adolescencia?

En mi opinión, partir del autoconocimiento nos puede ayudar, si no a suavizar la intensidad de la adolescencia (que debe ser intensa por naturaleza), sí a dirigir mejor hacia dónde “salimos” tras atravesarla. Vuelvo a esa idea del principio de que el conocimiento nos hace libres. Y, en el polo opuesto, la ignorancia nos deja en manos de otros, sea personas que abusan de su autoridad o algoritmos que quieren llevarnos al huerto y dejarnos aferrados a pantallas.