Con la vuelta al colegio, muchas familias se plantean cómo completar el estímulo académico con otras actividades que puedan potenciar el desarrollo infantil. Pero se tiene poco en cuenta que actividades cotidianas, de la vida diaria, pueden ejercer esa función y servir como base para un desarrollo cerebral óptimo (en niños sanos, sin problemática añadida).
La Dra. Lorena Monge, neuropediatra y miembro de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), señala algunas de esas acciones que ayudan a que el cerebro del pequeño crezca sano.
El cerebro de un niño crece rápido, consume mucha energía, y necesita nutrientes específicos para formar conexiones, regular la atención, sostener el aprendizaje, y mantener un estado emocional estable
La importancia de los primeros años de vida
"El cerebro infantil en los primeros años de vida protagoniza uno de sus periodos de mayor crecimiento y plasticidad, de forma que las pequeñas experiencias cotidianas son capaces de moldear las conexiones neuronales que sostendrán el aprendizaje, la memoria, la regulación emocional, la atención, o las relaciones sociales durante toda la vida, entre otros muchos parámetros", destaca la especialista.
Es por eso por lo que señala siete pilares que puede llevar a cabo cualquier familia sin gasto económico añadido: alimentación equilibrada, juego al aire libre, vínculos afectivos seguros, crecer con palabras, sueño reparador, pantallas con límites, y seguridad y protección. Son acciones que no necesitan una inversión extra de tiempo ni financiera y que, sin embargo, tiene un resultado vivible en el neurodesarrollo del niño.
Jugar al aire libre, tener un sueño reparador y limitar las pantallas
Dos de estos pilares para un neurodesarrollo óptimo, según subraya la especialista, son el juego al aire libre y una alimentación equilibrada. "El juego al aire libre no es sólo movimiento: es una de las experiencias más completas para el desarrollo cerebral de la infancia. Cuando los niños corren, trepan, exploran, o simplemente inventan juegos en el parque, su cerebro trabaja a pleno rendimiento. Se activan áreas relacionadas con la coordinación, con la planificación, con la atención, con la regulación emocional, y con la creatividad", destaca. Por si fuera poco, estar fuera en contacto con el entorno, reduce el estrés, mejora el estado de ánimo y favorece el sueño, ya que la luz natural regula los ritmos biológicos (favoreciendo un sueño reparador) y el contacto con otros niños estimula habilidades sociales esenciales: como esperar por turnos, la negociación, la empatía y la resolución de conflictos.
Este primer paso ayuda a conseguir otro de los objetivos: el sueño reparador. Así lo explica la neuropediatra: "Un sueño suficiente y de buena calidad es esencial para el desarrollo cerebral. Durante el descanso, el cerebro consolida lo aprendido, regula el sistema de estrés, y favorece la atención, la memoria, y el equilibrio emocional". ¿Y cómo puede favorecerse? "Las rutinas predecibles, los horarios regulares, y un ambiente tranquilo ayudan a que el niño concilie y mantenga un sueño reparador. Pequeños hábitos como bajar la luz, evitar pantallas antes de dormir, y repetir la misma secuencia cada noche facilitan un descanso que sostiene su desarrollo cognitivo y emocional".
Enlazado con este punto, surge el límite de las pantallas, cuya frecuencia de uso debe quedar bajo las últimas recomendaciones médicas, pero que desde el punto de vista de la Neuropediatría tiene una vital importancia. "El uso de pantallas necesita límites claros para proteger la atención, el sueño, y el desarrollo del lenguaje. En los primeros años, el cerebro es especialmente sensible: los bebés no deberían estar expuestos a pantallas, y el tiempo de uso debe aumentar de forma gradual y proporcional a la edad", advierte la Dra. Monge.
Aquí, el ejemplo adulto es esencial: "Establecer horarios definidos, evitar pantallas antes de dormir, y priorizar actividades activas y conversadas ayuda a mantener un uso equilibrado. Los niños aprenden observando, por lo que también es importante el ejemplo del adulto: el ver que sus cuidadores están presentes y no pendientes del móvil tiene más impacto que cualquier norma que establezcamos sobre las pantallas".
Buena alimentación y garantizar su seguridad
En periodos de crecimiento intenso, como la primera infancia, contar con una alimentación adecuada proporciona al cerebro los nutrientes que necesita. Como señala la neuropediatra, "el cerebro de un niño crece rápido, consume mucha energía, y necesita nutrientes específicos para formar conexiones, regular la atención, sostener el aprendizaje, y mantener un estado emocional estable. Una alimentación variada y equilibrada es esencial para que el cerebro crezca y funcione bien".
¿Y cómo se proporciona ese menú que favorece al máximo su desarrollo? "Los alimentos más beneficiosos son: el pescado azul (omega‑3 para memoria y atención), las frutas y verduras (antioxidantes que protegen las neuronas), los huevos (colina para la memoria), las legumbres y los cereales integrales (energía estable), los lácteos o alternativas vegetales enriquecidas en calcio y en vitamina D, y el aceite de oliva virgen extra, que aporta grasas saludables y antioxidantes que favorecen la función cerebral". Pero, además de esto, hay que limitar los productos que no convienen, como ultraprocesados y azúcares añadidos, pues generan picos de glucosa que afectan negativamente a la atención. "Cuantos más alimentos frescos y reales haya en el plato, más fácil es que el cerebro crezca fuerte, atento, y preparado para aprender", recalca la especialista de la SENEP.
Además, en este plano físico hay que vigilar que el cerebro del menor no se exponga a ningún riesgo innecesario, protegiéndolo frente a posibles golpes, caídas o colisiones. En este sentido, el uso de sillas homologadas de retención infantil para viajar es imprescindible, al igual que llevar casco cuando utilizan la bicicleta o el patinete y estar vigilantes ante cualquier situación que pueda implicar un peligro, como dentro del agua.
Potenciar el vínculo seguro y hablarles mucho
Un niño que crece con apego seguro es un niño que tiene mucho ganado en su vida. "Los vínculos afectivos son el cimiento sobre el que se construye el desarrollo cerebral. Cuando un niño se siente querido, escuchado, y protegido, su cerebro libera sustancias que favorecen la calma, la atención y el aprendizaje. La presencia de un adulto disponible —que mira, responde, consuela, y acompaña—ayuda al niño a regularse y a explorar el mundo con confianza", afirma la Dra. Lorena Monge.
En este sentido, "los gestos cotidianos son los que más importan: hablarles con calma, sostener la mirada, responder a sus señales, validar sus emociones, compartir rutinas, y dedicar tiempo de calidad sin prisas". Y es que estas interacciones repetidas en los primeros años fortalecen las conexiones neuronales que sostienen la autoestima, la empatía, y la capacidad de relacionarse. Eso sí: "Un vínculo afectivo seguro no significa ausencia de límites, sino cercanía, coherencia, y sensibilidad", aclara.
En este apego. y en el neurodesarrollo óptimo, las palabras son muy importantes. "Hablar con los niños, contarles cuentos, y narrar lo que ocurre a su alrededor es una de las formas más sencillas y potentes de estimular su desarrollo cerebral. Cuando escuchan palabras, historias, y conversaciones dirigidas a ellos, su cerebro crea y refuerza conexiones que favorecen el lenguaje, la atención, la memoria, y la comprensión del mundo", comenta la especialista..
"Los gestos cotidianos —describir lo que hacemos, responder a sus balbuceos, leer un cuento cada día, cantar, esperar su turno para hablar— construyen un entorno rico en lenguaje que impulsa su desarrollo cognitivo y emocional", concluye.








