Paula Vázquez se ha puesto de nuevo al frente de Hasta el fin del mundo, el programa de televisión que en su segunda temporada emprende un viaje de más de 10.000 kilómetros por Asia junto a 14 participantes. María José Campanario, María del Monte, Jorge Sanz y Belinda Washington son algunos de los rostros conocidos que forman parte de las siete parejas que se enfrentan a este reto, que parte de la antigua Ruta de la Seda y llegará hasta los volcanes del cinturón de fuego del Pacífico. Estas son las paradas de una emocionante aventura que la presentadora ha ido desvelando:
XI’AN, LA PUERTA DE LA RUTA DE LA SEDA
El viaje comenzó en Xi’an, punto de partida de la Ruta de la Seda y una de las grandes ciudades históricas de China. La antigua Chang’an fue durante siglos capital imperial y hoy, aquella ciudad de caravanas es una gran urbe que conserva algunas de las mejores pistas de su pasado.
En el sur, el distrito de Yanta concentra grandes bloques residenciales, rascacielos y zonas comerciales y tecnológicas que dibujan una Xi’an plenamente moderna. Paula Vázquez ha mostrado en sus fotografías una de sus grandes arterias, Chang’an Sur, donde se alza la Torre de Televisión de Shaanxi, de 245 metros de altura, con una estructura octogonal inspirada en los faroles de los palacios chinos y, a su lado, el edificio esférico del Museo de Historia Natural de Shaanxi. Entre este paisaje de grandes avenidas y arquitectura contemporánea sobresale, sin embargo, uno de los grandes iconos históricos de la ciudad: la Gran Pagoda del Ganso Salvaje, levantada en el siglo VII durante la dinastía Tang.
Durante otra de las grandes dinastías chinas, la Ming, se levantó la muralla, que permite rodear el centro histórico por las alturas. En su corazón y sobre una gran rotonda donde confluyen las cuatro grandes avenidas que conducen a las puertas de la muralla, se encuentra la Torre del Campanario, construida en 1384 y considerada una de las mayores y mejor conservadas de China. Otra imagen en la que el pasado y la enorme ciudad actual vuelven a encontrarse.
A los pies de este recinto queda el barrio musulmán, donde los puestos de comida y los pequeños restaurantes de calles como Sajinquiao —donde todavía transita tráfico local, triciclos motorizados y camiones de reparto— recuerdan que por aquí pasaron también mercaderes, viajeros y comunidades llegadas de tierras lejanas.
Lejos de los grandes monumentos, el barrio de Yongxingfang también es una buena parada para comer. Entre farolillos rojos, tejados de inspiración tradicional y estanques de lotos, sus puestos reúnen especialidades de los 107 condados de Shaanxi —como el zenggao o jinggao, un pastel de arroz glutinoso tradicional que le ha llamado la atención a la presentadora— y permiten probar en unas pocas calles buena parte de la cocina de la provincia.
Fuera de la ciudad, el Ejército de Terracota pone rostro al primer emperador de una China unificada: miles de figuras de soldados y caballos enterradas hace más de 2.000 años para acompañar a Qin Shi Huang en su mausoleo. Cada una tiene rasgos y detalles diferentes y el conjunto, descubierto por unos campesinos en 1974, permite hacerse una idea de la dimensión del poder del emperador que unificó los distintos reinos chinos.
DUNHUANG, UN OASIS ENTRE DUNAS
Hacia el oeste, la Ruta de la Seda se adentraba en territorios cada vez más áridos hasta alcanzar Dunhuang. En medio del desierto, donde cuesta imaginar agua, aparece una pequeña laguna con forma de media luna. Es Yueyaquan, la Fuente de la Luna Creciente, junto a las dunas de la Montaña Mingsha. Sobre la orilla se levanta el pabellón tradicional que aparece en las fotografías de Paula, una construcción de tejados puntiagudos que parece suspendida entre la arena y el agua. El conjunto está considerado uno de los paisajes más singulares de esta ciudad de Gansu.
Dunhuang fue durante unos 2.000 años un importante enclave de la Ruta de la Seda. Por aquí pasaban las caravanas que atravesaban el noroeste de China y también las ideas, religiones y obras de arte que viajaban con ellas. Muy cerca de la ciudad se encuentran las cuevas de Mogao, excavadas en los acantilados y decoradas con pinturas y esculturas budistas acumuladas durante siglos.
ANGKOR, ENTRE TEMPLOS Y SELVA
El recorrido de Paula Vázquez y los participantes de Hasta el fin del mundo llega después a Camboya, donde las piedras sustituyen a las dunas y los árboles empiezan a formar parte de los templos. En Angkor Wat, las cinco torres se reflejan en el agua cuando amanece y las galerías conservan kilómetros de relieves que narran escenas de la mitología hindú y de las grandes batallas de la época. El templo fue construido en el siglo XII por el rey Suryavarman II y dedicado originalmente a Vishnu. Es solo una parte del enorme conjunto arqueológico de Angkor, que llegó a ser el corazón político y religioso del Imperio jemer.
Pero es Ta Prohm el que ofrece quizá la imagen más inesperada: raíces gigantescas creciendo sobre los muros y abrazando las ruinas del antiguo templo. En el cercano Bayon, decenas de enormes rostros de piedra miran desde las torres, una de las imágenes más reconocibles de Angkor. Todo pertenece al antiguo Imperio jemer, una civilización que convirtió Angkor en el centro de un enorme reino del Sudeste Asiático y levantó aquí una de las grandes ciudades de su tiempo.
RUMBO A LAOS, ENTRE RÍOS Y TEMPLOS
Después de Angkor, el itinerario ha continuado por el Sudeste Asiático hasta llegar a Laos. Allí, las grandes construcciones de piedra dejan paso a un paisaje dominado por el agua y la vegetación. El Mekong, uno de los grandes ríos de Asia, atraviesa el país de norte a sur y marca buena parte de su geografía y de la vida de sus habitantes. A su alrededor se suceden arrozales, montañas, aldeas y templos budistas.
Luang Prabang concentra buena parte de ese paisaje. La antigua capital real, declarada Patrimonio de la Humanidad, se recorre a pie entre casas coloniales, monasterios y tejados de vivos colores. En el Wat Xieng Thong, uno de sus templos más conocidos, los mosaicos y las cubiertas superpuestas muestran una arquitectura muy distinta de la que los aventureros vieron en China y Camboya. A orillas del Mekong, la ciudad ofrece además otra de sus imágenes características, con las barcas cruzando el río y las montañas cerrando el horizonte.
Fuera de la ciudad, las cascadas de Kuang Si ponen la nota tropical: el agua desciende entre la vegetación y forma sucesivas piscinas de color turquesa. El viaje por Laos vuelve así a cambiar de escenario, esta vez entre selva, ríos y montañas. Pero el viaje de Paula Vázquez y los concursantes no acaba aquí, continuará hasta los volcanes del cinturón de fuego del Pacífico y la presentadora seguro que irá dando pistas de ello.















