Frase del Día

Steven Spielberg, ganador de tres premios Oscar, sobre las metas: "No sueño por la noche, sueño durante todo el día. Sueño para ganarme la vida"


Tener objetivos es importante pero también tener la capacidad para generar nuevos proyectos a medida que cambian nuestras circunstancias.


Imagen de Steven Spielberg sonriendo mientras acude a la premiere de Disclosure Day© Getty Images
3 de septiembre de 2026 a las 13:02 CEST

Hay personas que dejan de soñar porque creen que hacerlo es cosa de niños. Con los años, las responsabilidades, el trabajo y los problemas cotidianos van ocupando espacio y aquello que algún día imaginamos para nosotros puede quedar relegado a un segundo plano. Sin embargo, tener sueños no significa necesariamente fantasear con una vida imposible. También es ser capaces de imaginar algo que todavía no existe y encontrar la motivación para intentar conseguirlo. En definitiva, tener metas, proyectos y trabajar para hacerlos realidad.

Pocas personas representan mejor esa capacidad de convertir la imaginación en un modo de vida que Steven Spielberg. El director lo resumió con una frase que explica buena parte de su trayectoria: "No sueño por la noche; sueño durante el día, sueño todo el día. Sueño para ganarme la vida". En su caso, soñar es prácticamente una descripción de su oficio, pero la frase también plantea una cuestión que nos afecta a todos: ¿qué ocurre cuando dejamos de imaginar cosas que todavía queremos hacer, vivir o conseguir?

Steven Spielberg en los Premios Oscar 2026© Getty Images

¿Quién es Steven Spielberg?

Steven Spielberg es uno de los directores, productores y guionistas más influyentes de la historia del cine contemporáneo. Nacido en Cincinnati (Estados Unidos) en 1946, comenzó a interesarse por el cine desde muy joven y acabó convirtiendo precisamente esa imaginación de la que habla en la frase en su profesión. Películas como Tiburón, E.T., el extraterrestre, Indiana Jones, Parque Jurásico o La lista de Schindler forman parte de una filmografía que ha marcado a varias generaciones.

A lo largo de su carrera ha alternado grandes historias de aventuras y ciencia ficción con películas centradas en acontecimientos históricos y conflictos humanos. Ha ganado, entre otros reconocimientos, tres premios Oscar, dos como mejor director, por La lista de Schindler y Salvar al soldado Ryan, y uno como productor de La lista de Schindler, ganadora del Oscar a mejor película. Su trayectoria ayuda también a entender el sentido de sus palabras: para Spielberg, imaginar mundos, personajes e historias no ha sido una evasión de la realidad, sino una manera de crear y trabajar.

Steven Spielberg junto a una jovencísima Drew Barrymore y el inolvidable E.T. durante el rodaje de la película que cambió para siempre su visión sobre la paternidad© Getty Images

¿Qué significa esta frase según la psicología?

"La frase de Spielberg juega con dos significados de la palabra soñar. Más allá de los sueños que tenemos mientras dormimos, los seres humanos tenemos una enorme capacidad para imaginar situaciones que todavía no han ocurrido y proyectarnos hacia el futuro", nos explica el catedrático de Psicología de la Universidad Complutense, Alfredo Rodríguez Muñoz. 

Esa capacidad tiene una función psicológica importante. "Nos permite anticipar escenarios, plantearnos objetivos y orientar nuestras decisiones. No es algo propio de la infancia que debamos abandonar al hacernos adultos. De hecho, seguimos haciéndolo constantemente: imaginamos cómo será un viaje, un cambio de trabajo, un proyecto o cualquier acontecimiento que esperamos que ocurra", indica. 

Mujer pensativa con un vestido de flores © Getty Images

El papel de los sueños y los proyectos en la vida

Como nos confirma este expertos, tener sueños y proyectos es fundamental. Y es que las metas organizan nuestra conducta y nos proporcionan dirección. "Nos ayudan a decidir dónde invertir tiempo y esfuerzo y hacen que lo que hacemos en el presente esté conectado con algo que esperamos conseguir en el futuro", aclara. 

De hecho, hay una frase de Nietzsche que lo resume muy bien: “Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”. Más allá de la frase, hay bastante psicología detrás de esa idea. Tener objetivos que consideramos importantes puede proporcionarnos sentido, ayudarnos a perseverar ante las dificultades y hacer más tolerable el esfuerzo que supone alcanzar determinadas metas.

Además, "no hablamos necesariamente de grandes propósitos vitales. Los proyectos pequeños y relativamente próximos también cumplen esa función. Y hay otro elemento importante: no respondemos únicamente a las recompensas cuando las obtenemos; su anticipación también puede generar emociones positivas y motivarnos para actuar", afirma. 

Mujer en una terraza tomando una infusión y mirando el sol © Getty Images

Soñar despiertos y su impacto en la creatividad

Por supuesto, el hecho de soñar nos puede ayudar a ser más creativos. Así lo confirma el catedrático de Psicología, que señala que "cuando dejamos de concentrarnos intensamente en un problema, pueden surgir nuevas asociaciones y conexiones que favorezcan soluciones que antes no veíamos". Es lo que en psicología se conoce como efecto de incubación. A veces llevamos mucho tiempo intentando resolver algo sin éxito, damos un paseo, o hacemos otra cosa y, cuando volvemos al problema, aparece una posibilidad nueva. Tomar distancia puede ayudarnos a salir de las mismas estrategias que nos estaban bloqueando.

El sueño también puede contribuir a este proceso, ya que durante la noche se consolida y reorganiza parte de la información adquirida durante el día. Por eso, después de dormir, podemos ver un problema desde otra perspectiva. Eso sí, no toda divagación mental nos hace más creativos. En algunas circunstancias favorece nuevas asociaciones; en otras, simplemente nos distrae.

Mujer feliz en un coche viajando en vacaciones© Getty Images

Consecuencias de dejar de soñar 

La expresión “no tener nada que esperar” es especialmente relevante desde el punto de vista psicológico. La dificultad para imaginar acontecimientos positivos en el futuro está relacionada con la desesperanza y con un peor bienestar psicológico.

"Pero esto no significa que debamos perseguir indefinidamente cualquier objetivo", recuerda.  La investigación sobre autorregulación muestra que también "es importante saber abandonar metas que se han vuelto inalcanzables y ser capaces de comprometernos con otras nuevas. Aferrarnos a un objetivo imposible puede convertirse en una fuente de frustración". 

Por eso, probablemente lo saludable no sea conservar los mismos sueños durante toda la vida, sino mantener la capacidad para generar nuevos objetivos a medida que cambian nuestras circunstancias.

Mujer con una maleta en el campo mirando al horizonte © Getty Images

Cómo mantener viva la capacidad de soñar 

Precisamente combinando imaginación y realidad. Pero para imaginar también necesitamos dejar algún espacio para hacerlo. "Vivimos con gran parte del día ocupado por tareas, estímulos y contenidos, y quizá conviene reservar momentos en los que no estemos haciendo algo constantemente: caminar, estar un rato en silencio o simplemente dejar que la mente divague", sostiene.

Sabemos que en esos momentos el pensamiento espontáneo se dirige con frecuencia hacia el futuro y hacia nuestras propias metas. Es decir, aparentemente no estamos haciendo nada, pero podemos estar pensando qué queremos hacer, anticipando situaciones o generando posibilidades.

También puede ser útil dedicar de vez en cuando un tiempo a preguntarnos qué objetivos tenemos y si siguen siendo importantes para nosotros. Y después viene la parte de realidad: imaginar un futuro deseado no basta. Hay que pensar qué obstáculos existen y qué pasos concretos podemos dar para acercarnos a él.

"Quizá hemos llenado tanto los tiempos muertos que cada vez dejamos menos espacio para preguntarnos hacia dónde queremos ir", argumenta Alfredo Rodríguez Muñoz. 

Mujer con una caja de tomates© etam

Seguir soñando no significa vivir de ilusiones

Quizá ahí esté una de las claves de la frase de Spielberg. Soñar no consiste únicamente en imaginar grandes logros, sino en conservar la capacidad de mirar hacia delante y encontrar algo que todavía nos apetezca vivir. A veces será un proyecto profesional; otras, aprender algo, hacer un viaje, conocer a alguien, recuperar una afición o simplemente cambiar una pequeña parte de nuestra vida.

Y nuestros sueños tampoco tienen por qué permanecer intactos. Lo que deseábamos a los 20 años puede no tener nada que ver con aquello que queremos a los 40, los 50 o los 70. Renunciar a una meta que ya no encaja con nosotros no significa necesariamente haber fracasado. También podemos permitirnos cambiar de sueños.

Spielberg convirtió los suyos en historias que millones de personas terminaron viendo en una pantalla. Los nuestros probablemente sean mucho más cotidianos, pero pueden cumplir una función parecida: recordarnos que, tengamos la edad que tengamos, todavía hay cosas por imaginar, por intentar y por esperar.