Frase del día

Séneca, filósofo estoico, sobre la personalidad controladora: "El hombre sabio se preocupa por la intención de sus acciones, no por sus resultados"


Nuestra psicóloga analiza el pensamiento del español y cómo tratar de controlar todo puede estar perjudicando tu bienestar


mujer con los ojos azules pensativa© Getty Images
Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
29 de agosto de 2026 a las 13:01 CEST

Te levantas un día con la sensación de que tienes que conseguir que todo salga bien. Que el trabajo avance como esperabas, que esa conversación pendiente termine de la mejor manera, que alguien responda como te gustaría o que ese esfuerzo que llevas semanas haciendo dé por fin sus frutos. Pero de repente algo tuerce y aparece la frustración, y con ella, las preguntas, la culpabilidad, y la incertidumbre. Sin darte cuenta, quizá llevas demasiado tiempo intentando controlar una parte de la ecuación que nunca ha dependido de ti. Ya lo decía Séneca: "El hombre sabio se preocupa por la intención de sus acciones, no por sus resultados". Una reflexión que, tantos siglos después, sigue chocando de frente con nuestra obsesión por medirlo todo en función de lo que conseguimos. 

No es una preocupación nueva. Hace más de dos mil años, Séneca ya reflexionaba sobre la diferencia entre aquello que podemos gobernar y aquello que escapa a nuestro control. Su pensamiento, vinculado al estoicismo, partía de una idea sencilla pero exigente: nuestra atención debería ponerse en aquello sobre lo que realmente podemos actuar, y no en tratar de forzar aquello que depende de las circunstancias, de los demás o del azar. 

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Pero ¿qué pasaría si, en lugar de preguntarnos si algo ha salido bien o mal, empezáramos a preguntarnos si hemos hecho lo que estaba en nuestra mano? Para entender cómo este cambio de perspectiva puede ayudarnos a vivir mejor, hemos hablado con María Martínez, psicóloga y precursora del método Kaizen (@caminokaizen).

Qué significa esta frase y qué nos dice sobre intentar controlarlo todo

Para explicar por qué deberíamos dejar de medir nuestro valor en función de lo que conseguimos, la especialista recurre a una imagen que le sirve de brújula: "Hay una frase que me encanta que dice que eres aquello que no puedes perder en un naufragio". Según explica, cuando de verdad interiorizamos esta idea, deja de tener sentido compararnos con lo que logramos, y nuestra atención puede volverse hacia dentro, hacia todo aquello que sí podemos mejorar, como los comportamientos, pensamientos, acciones y emociones.

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La raíz del problema, apunta la experta en mente y percepción, está en el propio criterio que usamos para juzgarnos. “Siempre vamos a fracasar cuando medimos algo nuestro a través de algo que no lo es. El resultado nunca depende de ti, pero lo que sí lo hace es aquello que piensas, sientes, dices y haces", señala la psicóloga, quien añade que "el resultado es un conjunto de elementos, variables, procesos, situaciones e influencias que no podemos prever ni controlar".

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Lo único que está realmente bajo nuestro control

Trasladado a la vida diaria —al trabajo, a las relaciones, a las redes sociales—, este principio cambia por completo la forma de afrontar cualquier situación. “Si yo me centro en dar lo mejor de mí, eso es todo lo que puedo hacer que esté bajo mi control. Lo que los demás opinen, lo que entiendan, lo que piensen o lo que hagan al respecto no puedo controlarlo, no depende de mí", explica la precursora del método Kaizen. Y advierte de lo que ocurre cuando ignoramos esta frontera: "Si lo hago mío, me frustraré, me enfadaré y sentiré que no soy lo suficientemente bueno".

La diferencia, según la especialista, está en qué hacemos con aquello que sometemos a examen. "Yo puedo someter a evaluación todo lo que está en mí y depende de mí. Puedo mejorarlo, puedo actuar sobre ello siempre y puedo aprender para hacerlo diferente la próxima vez. Eso depende 100% de mí", afirma María Martínez, y remata: "cuando es así, te sientes bien, te sientes capaz, te sientes útil".

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El problema surge cuando aplicamos ese mismo ejercicio de autocrítica a lo que escapa de nuestras manos. "Si someto a evaluación lo que no está en mi mano y llego a la conclusión de que tiene que ser diferente, no puedo actuar para cambiarlo, no puedo corregir ni mejorar nada que dependa del otro, que escape a mi control", explica la psicóloga. Esto, según detalla, "me generará bloqueo, frustración, me hará sentir incapaz y llegaré a conclusiones equivocadas, puesto que no estoy separando lo que depende de mí y lo que no".

Por qué nuestro valor no puede depender de lo externo

Para la experta, el punto de partida para dejar de sufrir por los resultados pasa por revisar de dónde creemos que viene nuestro valor. "Mi valor no puede depender de algo externo a mí. Para hablar de mí, he de mirar lo que depende de mí", sostiene. Y aunque el cambio no sea inmediato, insiste en que el simple hecho de empezar a plantearse la idea ya tiene efecto: "Con solo empezar a tener esta idea rondando, podemos ir cambiando el enfoque y la percepción. Cuando lleguemos a la idea de que es absurdo medir lo de dentro con lo de fuera, nos quitaremos de encima mucha carga".

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Cómo dejar de desgastarnos por lo que no depende de nosotros

Llevar esta filosofía a la práctica, según la especialista, empieza por una premisa muy concreta. "Vamos a partir de una premisa muy sencilla: el resultado nunca depende de ti", plantea. A partir de ahí, propone instalar un nuevo hábito de percepción: "Instalar en nuestra forma de percibir el mundo la idea de que solo puedes controlar, ocuparte, cambiar, modificar o actuar sobre lo que depende de ti, y que no puedes hacer nada sobre lo que no depende de ti, es lo que genera el cambio a todos los niveles, laborales y personales. Te hace recuperar tu poder", explica María Martínez.

Pensemos, por ejemplo, en una entrevista de trabajo. Puedes prepararte, llegar puntual, cuidar cómo respondes y explicar de la mejor manera posible tu experiencia. Pero no puedes decidir si la persona que tienes delante va a considerarte el perfil adecuado, si otro candidato encaja mejor en lo que busca la empresa o si finalmente el puesto se cancela. Si después de la entrevista pasas días repasando cada respuesta y preguntándote qué podrías haber hecho diferente para asegurarte de conseguir el trabajo, estás intentando intervenir sobre una parte del proceso que ya no está en tus manos. La alternativa, según esta filosofía, sería mucho más sencilla: evaluar aquello que sí dependía de ti y aceptar que el resto forma parte de un resultado que nunca has podido controlar por completo. 

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Siguiendo esta estela, la psicóloga describe también la sensación de alivio que llega cuando por fin soltamos esa lucha imposible: "Mientras esto no lo tengamos claro, nos seguiremos desgastando. En el momento en que tú te das cuenta de que no tiene ningún sentido intentar cambiar lo que sencillamente escapa a tu rango de acción, ahí te descargas, respiras, te sientes bien, logras mucho tiempo libre, porque de repente tu atención se puede centrar en lo que sí que puedes hacer". La consecuencia, según la experta, es directa: "Dejas de frustrarte, te sientes útil y puedes moverte".

En cambio, cuando insistimos en controlar lo incontrolable, el resultado siempre es el mismo. "Lo que hacemos cuando nos centramos en lo que no depende de nosotros, cuando lo que queremos es cambiar lo que no podemos cambiar, lo que no podemos controlar, es generar una sensación de frustración, de darnos contra un muro", apunta la especialista en mente y percepción Kaizen. Y es tajante al respecto: "Por mucho que nos esforcemos, no podemos. Esto no es una cuestión de esfuerzo, es que sencillamente escapa a tu rango de acción".

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El origen de (casi) todos los problemas

Para María Martínez, ahí reside la raíz de buena parte del malestar cotidiano. "El origen de todos los problemas está en querer controlar algo que no puedes. Cuando tu mente se enfoca en algo que sí puedes hacer, avanzas", resume la psicóloga. Pero cambiar el foco de atención requiere, antes que nada, revisar cómo miramos el mundo: "Para centrarte en lo que depende de ti y soltar la necesidad de controlar lo que no, necesitas cambiar tu forma de percibir. Nos han enseñado que, a través de cambiar tú, cambias a los demás, y eso es una gran carga que además es falsa", explica.

La búsqueda de seguridad, según la experta, es precisamente lo que nos lleva a mirar hacia fuera en lugar de hacia dentro. "Buscamos seguridad constantemente, y en lugar de mirar dentro, miramos fuera para lograrla, cuando la única seguridad que existe —y la única que necesitas— es saber que siempre puedes actuar ahora sobre algo que depende de ti", afirma la precursora del método Kaizen.

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El ejercicio para empezar a aplicarlo hoy mismo

Como cierre, María Martínez ofrece una herramienta sencilla para empezar a entrenar esta mirada desde ya. "Te propongo que empieces, simplemente, preguntándote: ¿Qué depende de mí ahora? Y aunque no tengas respuesta, ve repitiendo la pregunta. Poco a poco irás 

 y te cuestionarás si lo que estás queriendo controlar está en tu mano o no", aconseja la psicóloga.

Así, la vieja sentencia de Séneca deja de ser una máxima filosófica de museo para convertirse en una herramienta muy práctica: dejar de perseguir resultados que no dependen de nosotros y volver la mirada hacia lo único que sí podemos gobernar —nuestra intención, nuestro esfuerzo y nuestras decisiones— puede ser, según la especialista, el primer paso para sentirnos más ligeros, más capaces y más en paz con nosotros mismos.