Catalina Hoffmann, experta en estimulación cognitiva: "La creatividad no es un don, entrenarla es una decisión"


Si no te consideras una persona creativa, tienes que saber que está en tus manos serlo


Una mujer escribiendo un diario© Getty Images
Elisa García FayaRedactora de Belleza y Estar Bien
14 de mayo de 2026 a las 13:00 CEST

Vivimos rodeados de mensajes que nos empujan a producir más, pensar más rápido y destacar constantemente. En medio de ese ruido y con la IA como competidor estrella, la creatividad se ha convertido en una fortaleza, aunque muchas personas siguen convencidas de que no cuentan con ella porque "creativo se nace".

Una mujer escribiendo en la playa© Getty Images

Sin embargo, para Catalina Hoffmann, experta en entrenamiento cerebral y creadora del método Neurofitness, la creatividad no es una cualidad que tengan únicamente a los artistas, escritores o perfiles especialmente brillantes, sino que es una capacidad humana que puede entrenarse y desarrollarse. "Hay personas que parecen más predispuestas a la creatividad, pero eso tiene mucho que ver con su forma de pensar, con la curiosidad y con haber acostumbrado a su cerebro a conectar ideas distintas", explica.

Lejos de entenderla como un talento reservado para unos pocos, Hoffmann insiste en que el entorno y los hábitos tienen un papel decisivo. Estar rodeados de espacios donde se fomente la iniciativa, la innovación y el intercambio de ideas ayuda a potenciar una creatividad que, según afirma, todos poseemos en mayor o menor medida.

Una mujer relajada© Getty Images

Más que un don

Durante años, la creatividad ha estado asociada a la inspiración espontánea o al genio innato. Sin embargo, Hoffmann rechaza esa visión romántica. "Mucha gente piensa que la creatividad es un don, pero para mí es una habilidad y, sobre todo, una decisión", asegura.

La experta considera que el verdadero problema aparece cuando las personas se limitan a sí mismas por miedo al juicio, a equivocarse o a salirse de lo establecido. Según explica, cuando alguien reprime constantemente sus ideas o evita explorar caminos nuevos, esa capacidad termina atrofiándose. En cambio, la curiosidad, la experimentación y la disposición a asumir riesgos favorecen que la creatividad crezca y se fortalezca con el tiempo.

Una mujer en su taller de pintura© Getty Images

El peso de las etiquetas

¿Por qué tantas personas creen que no son creativas? Para Hoffmann, gran parte de la respuesta está en las etiquetas mentales que acumulamos desde pequeños. "Si durante años hemos escuchado que somos de una determinada manera, acabamos creyendo que eso nos define", señala.

A esto se suma una idea muy extendida: pensar que las personas creativas crean sin esfuerzo y que, además, suelen estar vinculadas al mundo artístico. De este modo, quien no siente que las ideas fluyan de manera natural o no posee un talento artístico evidente termina asumiendo que jamás podrá desarrollar esta faceta.

Una chica joven que va a practicar ballet© Getty Images

El mito de las musas

La frase "que las musas te pillen trabajando" ha acompañado durante décadas a escritores, artistas y creadores. Hoffmann coincide parcialmente con ella: introduce un matiz importante. Según explica, las mejores ideas suelen aparecer en momentos de relajación: mientras conducimos, caminamos o nos duchamos. Situaciones en las que la mente deja de estar sometida a presión. "Intentamos forzar la creatividad en el trabajo, sin darnos cuenta de que esa tensión es precisamente lo que impide que fluya", reflexiona.

Por eso, más que esperar a que llegue la inspiración, considera fundamental aprender a generar estados de calma y conexión personal que favorezcan la aparición de nuevas ideas.

Una mujer sacando su guitarra© Getty Images

Creatividad más allá de las letras

Otro de los prejuicios que Hoffmann desmonta es el que relaciona creatividad exclusivamente con las disciplinas artísticas. Para ella, una persona de ciencias puede ser tan creativa como alguien dedicado a la literatura o al arte. 

Un cirujano que encuentra una nueva solución en una operación, un arquitecto que diseña un espacio innovador, un cocinero que reinventa una receta o un maestro que transforma su forma de enseñar están ejerciendo exactamente la misma capacidad: imaginar, pensar diferente y crear. "La creatividad no depende del campo en el que trabajes, sino de cómo decides mirar y resolver las cosas", resume.

Una mujer escribiendo en su despacho© Getty Images

Cómo entrenar la creatividad

Lejos de ser un proceso misterioso, Hoffmann sostiene que la creatividad puede trabajarse a través de hábitos cotidianos. Mantener la curiosidad activa, aprender cosas nuevas y exponerse a experiencias diferentes son algunos de los ejercicios que considera fundamentales para estimular el cerebro y generar nuevas conexiones

También destaca la importancia de salir de la rutina, compartir ideas con otras personas y escuchar puntos de vista distintos. "Rodearse de personas que incentiven esa creatividad y que vean con buenos ojos probar y experimentar es importantísimo", afirma. Pero hay un aspecto que considera todavía más profundo: el autoconocimiento.

Para la especialista, pasar tiempo a solas, escribir a mano y observar los propios pensamientos sin juzgarlos ayuda a conectar con aquello que realmente mueve a cada persona. Y es precisamente desde esa conexión interna desde donde surgen muchas de las ideas más valiosas.

Una mujer joven haciendo cerámica© Getty Images

Los lugares que despiertan ideas

No todos los espacios generan el mismo efecto sobre nuestra mente. Hay lugares en los que las ideas fluyen con facilidad y otros que parecen bloquear cualquier impulso creativo. Para Hoffmann, la clave no está tanto en el lugar físico como en cómo nos sentimos dentro de él. "Cuando no nos sentimos juzgados, cuando estamos rodeados de personas creativas o simplemente nos damos permiso para parar un momento, es mucho más fácil que la creatividad aparezca", explica.

En una sociedad marcada por la prisa y la hiperproductividad, Catalina Hoffmann reivindica precisamente eso: detenerse, escucharse y recuperar la capacidad de explorar sin miedo. Porque, en el fondo, la creatividad no sería un privilegio reservado a unos pocos, sino una forma de relacionarnos con el mundo que todos podemos entrenar.

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