8 rincones de Europa para escapar del calor y del turismo masivo: valles marcados por los ríos, islas cargadas de historias o bosques protegidos por la UNESCO


Las mejores ideas para huir de las altas temperaturas y los ambientes masificados.


Castillo de Eilean Donan, en las Highlands escocesas© Shutterstock
30 de julio de 2026 a las 9:21 CEST

Europa lleva desde mayo encadenando olas de calor que están pasando factura a cientos de miles de personas. Este verano, tórrido sin tregua, podría cambiar el escenario soñado de las vacaciones en una época en la que las horas centrales del día invitan más a esconderse tras un ventilador que a visitar una ciudad. Sin embargo, y aunque parece que toda Europa está sufriendo en mayor o menor medida este récord de temperaturas, siempre existen regiones que suponen un refugio climático esperanzador para quienes quieran aprovechar al máximo sus días de desconexión. Ocho lugares con un punto común, la naturaleza, que no superan los 25ºC y que, además, evitan los puntos más masificados del continente.

El valle del Soča (Eslovenia)

Durante miles de años, el agua ha discurrido desde las nevadas cimas de los Alpes Julianos, en Eslovenia, trabajando los estrechos valles hasta crear desfiladeros que, en verano, suelen oscilar entre los 25 y los 30 grados. El bello río Soča nace en el Parque Nacional de Triglav, tocado por una paleta de verdes y azules casi perfectos. Sus aguas, que no suelen superar los 15ºC, actúan como termostato natural, dando a estas gargantas de roca caliza un microclima permanente.

El río, que fluye sobre las rocas entre Srpenica y Kobarid, se establece luego como una especie de lago en la bella Most na Soči, donde pasar los calurosos días de verano. Entre Tolmin y Kobarid se encuentra otro pueblo, Kanal, donde el Soča forma piscinas naturales de agua cristalina con las montañas elevando sus paredes alrededor. Dentro de las gargantas de Tolmin, una fuente termal con una temperatura media de 20 ºC marca el inicio de un recorrido circular que serpentea entre las paredes del cañón.

En las mismas aguas turquesa que hoy atraen a los kayakistas se rodaron escenas de Las Crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian, pero su peso histórico va más allá, pues estas bañan también el pueblo de Kobarid, donde Ernest Hemingway sirvió durante la Primera Guerra Mundial y el que le inspiró en su novela Adiós a las armas

En definitiva, el valle del Soča sorprende con sus múltiples posibilidades de aventura, cultura y relax, ofreciéndose como un refugio climático en el que los planes no terminan.

El valle del Soča en Eslovenia© Shutterstock

La costa de Bretaña, Francia

Ganándole terreno al océano se encuentra uno de los lugares más románticos y evocadores de Europa, con acantilados azotados por el viento y salpicados de faros, pintorescos pueblos pesqueros, bosques legendarios con castillos encantados y bahías rocosas con formas de cuento. 

Gracias a su ubicación atlántica, los veranos no suelen superar los 25ºC, sobre todo en las zonas costeras, donde pueden darse todos los elementos en un solo día.

Enclavada entre el Canal de la Mancha y el Atlántico, su clima nunca es ni demasiado frío ni demasiado caliente, y sus días son más largos que en otras partes de Francia. Finisterre, especialmente su parte occidental, es más fresca que otros departamentos bretones. El agua del mar no supera los 17 grados en agosto, lo que hace el baño una experiencia para valientes. La Côte de Granit Rose, con sus rocas moldeadas por el mar y el viento en formas extravagantes y estrafalarias, es otro de los refugios junto al agua donde el sol acaricia más que tuesta.

Esa Bretaña tormentosa y espectral de la que han hablado muchos artistas de la región no tiene lugar en uno de los veranos más agradables de Europa. Desde el oleaje de Saint-Malo hasta fortalezas de fantasía como la de Combourg (en la imagen), la punta oeste de Francia es un remanso de paz tocado por la naturaleza. 

En el extremo más occidental, el punto de la Pointe du Raz genera un microclima tan salvaje que pocos árboles consiguen crecer en pie. Los vientos del Atlántico llegan sin obstáculo alguno desde las costas de Terranova, y no es raro ver a locales caminar con un chubasquero en pleno julio. 

Combourg, en la costa de Bretaña (Francia)© Shutterstock

Las islas Azores, Portugal

La influencia de los vientos de la corriente cálida del Golfo y la importante humedad de este archipiélago hacen que el clima sea oceánico subtropical, lo que lleva a temperaturas relativamente constantes. Incluso los meses más cálidos gozan de temperaturas que no suelen ir más allá de los 25 ºC. 

Cuando uno sube al interior para conocer el Sete Cidades, la Lagoa do Fogo o las cimas brumosas de la isla de Pico puede estar a cuatro o cinco grados menos que en la costa, lo que deja muy atrás el verano europeo que conocemos.

Que el calor sea perfectamente soportable incluso haciendo senderismo es algo de lo que no se goza en cualquier parte. En la misma latitud que Andalucía, las Azores disfrutan de la influencia de un océano que templa el clima, regulándolo y enfriándolo. Además, el Atlántico contribuye a la exuberante vegetación de las Azores y mantiene la temperatura estable durante todo el día y todo el año, por eso los locales dicen que en las Azores se pueden experimentar las cuatro estaciones en un mismo día, y no exageran, pues es muy probable salir a caminar bajo el sol y volver mojado por la lluvia.

Sin embargo, también varía el clima y el paisaje de un sitio a otro. La cumbre más alta, el Monte Pico (2.351 metros) es siempre fresca. La isla de Flores, al noroeste, es la más verde y la más lluviosa. La de Faial alberga el histórico puerto de Horta, donde recalan todos los veleros que cruzan el Atlántico desde América. Las piscinas naturales, formadas por la lava y la roca volcánica, se protegen del oleaje en zonas más expuestas al sol, y las condiciones del lugar atraen también a numerosas especies de ballenas al lugar.

Valle de las Sete Cidades, islas Azores© Shutterstock

El Trentino-Alto Adige, Italia

Los milaneses llevan siglos subiendo a los Alpes cuando el calor de la llanura padana se vuelve insoportable, y el mapa de casas de verano que las familias lombardas mantienen en las Dolomitas es un archivo de esa huida repetida durante generaciones. Para escapar de las olas de calor es necesario llegar a los pueblos de alta montaña, donde los 1.700 metros de altitud garantizan temperaturas agradables durante toda la temporada estival. 

El clima del Trentino es continental y alpino, y tienen su joya en Las Dolomitas, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Su red de caminos y vías ferratas se une a los senderos para BTT y sus puntos clave para hacer parapente. Además, pueblos como Funes, con sus prados verdes, o Castelrotto, sobre la meseta del Alpe di Siusi, con esa arquitectura tirolesa de balcones floridos y frescos en fachada, llaman a conocer una región de identidad doble, italiana y germana.

 La presencia de fuentes termales, conocidas desde la época romana, convirtió a la localidad de Merano en uno de los balnearios más ilustres de Europa, atrayendo incluso a la inolvidable princesa Sissi.

Incluso Franz Kafka buscaba aquí el aire que sus pulmones enfermos necesitaban y Thomas Mann tenía una vivienda de verano en la región. Históricamente, el lugar ha sido irresistible por su agradable clima durante los meses más calurosos y por sus agradables fuentes de agua. 

Incluso cuando los Alpes cambian del verde brillante del verano a los colores cálidos, la quinta temporada, conocida como Törggelen, regala un respiro a quienes busquen unas vacaciones de otoño donde en España aún se registran algunas semanas de intenso calor.

Castelrotto, en las dolomitas italianas© Shutterstock

Las Highlands, Escocia

Junio, julio y agosto suelen ser los meses más cálidos del año en Escocia, pero eso no significa nada cuando descubres que las temperaturas máximas medias giran en torno a los 17ºC. 

Gracias a su ubicación septentrional, Escocia disfruta de larguísimos días de verano, con luz natural que se prolonga hasta bien entrada la noche; de hecho, en el extremo norte, el cielo apenas llega a oscurecer del todo en pleno verano. 

Las Highlands, con sus montañas escarpadas y valles infinitos, la Isla de Skye, con su atmósfera mística y sus acantilados dramáticos, o los tranquilos lagos escoceses, son escenarios perfectos para reconectar con la naturaleza sin riesgo de insolación.

El castillo de Eilean Donan, construido sobre una pequeña isla donde confluyen tres grandes lagos, el Parque Nacional de Cairngorms o el Old Man of Storr en Skye son imágenes que no vienen a la mente en verano, pero que deberían estar en las fantasías de cualquier persona que quiera huir del calor. 

En las Highlands hay valles glaciares que no han cambiado desde la última glaciación, y carreteras de un solo carril que se adentran en territorios de cuento donde reinan el silencio y el frescor.

Antes de las novelas de Walter Scott, las Tierras Altas eran consideradas territorio bárbaro, pero sus historias las convirtieron en el lugar más romántico de Europa, donde en verano queda atrás el imaginario brumoso y oscuro, aunque las lluvias nunca son descartables en estas latitudes. Sin embargo, si se viaja de junio a septiembre, hay que tener en cuenta las molestas midges, una especie de mosca minúscula que pica en manada y obliga a llevar manga larga, aunque eso, en el verano escocés, no es un gran problema.

Castillo de Eilean Donan, en las Highlands escocesas© Shutterstock

Las Islas Feroe, Dinamarca

Julio y agosto son los dos meses más cálidos del año, ya sea en España o en Dinamarca, pero la diferencia es que en esta última las temperaturas máximas no superan los 13ºC, al menos en las Islas Feroe.

Con más sol y menos precipitaciones, y un clima que sería el sueño de cualquier acérrimo detractor del verano, esta es la mejor época para conocer el pequeño archipiélago. Sin embargo, el clima oceánico es muy variable aquí, con viento, niebla y lluvia en cualquier estación y con frecuencia también en un mismo día. La clave es no descartar nunca la ropa impermeable y tener un itinerario flexible para adaptarse a las condiciones. 

Estas 18 islas atlánticas con acantilados de hasta 480 metros son uno de los destinos con menor densidad turística de Europa, con nula masificación incluso en temporada alta. 

Tórshavn (en la imagen), con solo 20.000 habitantes, es la capital más pequeña del mundo, y es también el punto de partida natural para explorar el archipiélago. La cascada de Múlafossur, que cae directamente al océano desde el borde de un acantilado, es una de las imágenes naturales más impresionantes de Europa. El lago Sørvágsvatn, que crea una ilusión óptica con la que parece flotar sobre el mar, también es sorprendente. 

Las numerosas horas de luz y el buen clima invitan a conocer a fondo el lugar, como por ejemplo los islotes de Risin y Killingin, que son, según la tradición local, una bruja y un gigante convertidos en piedra tras intentar robar una montaña. También el Parlamento de las Islas Feroe, uno de los más antiguos del mundo, con registros de funcionamiento desde el siglo IX. Y si se tiene suerte, quizá se pueda disfrutar de las kvæði, baladas narrativas medievales que se interpretan con una danza y que se entonan en algunas fiestas. 

Torshavn, Islas Feroe, Dinamarca© Shutterstock

Isla de Gotland, Suecia

Gotland, la mayor isla de Suecia y del Báltico, goza de temperaturas que oscilan entre 17 y 21 ºC (máximo 25 ºC) en verano. 

Además, la isla recibe más horas de sol al año que cualquier otra región de Suecia, unas 2.100 horas, cifra que sorprende en estas latitudes y que convierte al Báltico de sus costas en un espejo incluso a las nueve de la noche. El agua no supera los 18 ºC en agosto, lo que puede hacer que un baño sea heroico para un español, pero no para un sueco. 

El verano del sur de Europa se convierte en el norte en un idilio de luz nórdica, frescor constante y noches en las que el cielo nunca termina de oscurecer. 

Entre sus atractivos está Visby (en la imagen), la capital medieval de la isla, protegida por la UNESCO y un ejemplo muy bien conservado de ciudad comercial europea de la Liga Hanseática, con más de 200 almacenes y casas de mercaderes conservados tras sus murallas del siglo XIII. Dentro del recinto amurallado hay ruinas de trece iglesias medievales, convertidas en jardines verticales. 

Pero la isla va mucho más allá. Cada año se encuentra en Gotland algún tesoro vikingo enterrado; de hecho, hay más monedas califales en la isla que en todo el resto de Europa. 

Los raukar —monolitos de piedra caliza esculpidos por la erosión glaciar— pueblan la costa norte y son una imagen casi extraterrestre. Los más impresionantes se concentran en la pequeña isla de Fårö, accesible con un ferry, de la que se enamoró el famoso director sueco Ingmar Bergman. Allí vivió hasta su muerte y grabó muchas de sus películas, por lo que el lugar goza hoy de una ruta, un centro y un festival de cine anual a su nombre.

Ciudad de Visby en Gotland, la mayor isla de Suecia© Shutterstock

El bosque de Białowieża, Polonia

El último bosque primario que queda en Europa puede presumir de no haber perdido ningún árbol a manos del ser humano. Esto da lugar a un escenario donde los ejemplares muertos y caídos van siendo absorbidos lentamente por el suelo, y los supervivientes de gran edad, como un increíble roble de más de 600 años, se alzan con orgullo. Algunos ejemplares alcanzan los 40 metros de altura y necesitan de cuatro personas para rodearlos, pero lo interesante es que esta masa forestal crea un colchón de humedad y sombra que mantiene el interior del parque varios grados por debajo del resto del país, con una media veraniega de unos 20 ºC.

El bosque de Białowieża fue declarado Reserva de la Biosfera en 1977 y Patrimonio Mundial de la Unesco en 1979, y es el único lugar donde el bisonte europeo vive en libertad, junto a algunas zonas de Bielorrusia. De hecho, el lugar tiene un peso histórico vinculado a la frontera entre ambos países, pues en la parte bielorrusa de este bosque se reunieron, en 1991, varios políticos que acordaron la disolución de la URSS en el Tratado de Belavezha. El bosque virgen fue escenario del fin de un imperio, ampliando su magnificencia.

En invierno, los bisontes hambrientos se acercan fácilmente a las casas del pueblo de Białowieża buscando comida, y unas señales de tráfico únicas indican que podrías toparte con ellos. En verano, en cambio, los animales se adentran en el bosque y rara vez salen a los prados, de modo que la visita guiada se convierte en algo más cercano a la botánica que al safari. Este es el mejor momento para ver la exuberancia de la naturaleza en pleno apogeo, siendo conscientes del privilegio de caminar por sus senderos.

El bosque de Białowieża (Polonia)© Shutterstock