Hay aprendizajes para los que nadie nos prepara. Aprendemos a cuidar a nuestros hijos, a nuestros padres cuando envejecen, a nuestra pareja cuando enferma. Pero, ¿qué ocurre cuando somos nosotros quienes necesitamos que alguien nos acompañe, nos ayude o incluso tome algunas decisiones por nosotros? Dejarse cuidar también se aprende. Y puede ser especialmente difícil para quien ha pasado toda una vida siendo independiente.
Carme Elías lo sabe bien. La actriz, diagnosticada de alzhéimer en 2019, ha hablado públicamente de su enfermedad desde que decidió comunicarla en marzo de 2022, durante el Brain Film Fest de Barcelona. Tres años antes había recibido un diagnóstico que explicaba por fin los problemas de memoria y los bloqueos que habían comenzado a aparecer durante su trabajo como actriz.
Este 21 de septiembre, Día Mundial del Alzheimer, sus palabras adquieren un significado especial. Porque Elías no solo ha hablado de memoria, miedo o de cómo afronta el futuro. También ha puesto palabras a una parte menos visible de enfermedades que progresivamente pueden comprometer la autonomía: aprender a recibir ayuda.
"Hay que dejarse cuidar y aprender a hacerlo", afirmó en una entrevista en El Intermedio en mayo de 2023. En aquel momento hablaba de su hermano Joan, que la acompañaba a todas partes y, según explicaba ella misma, llevaba "las riendas" de muchas cuestiones de su vida. Elías reconocía también algo fundamental para entender por qué ese aprendizaje no le había resultado sencillo: siempre había sido una mujer muy independiente. Y es que, a no todo el mundo le resulta fácil dejarse cuidar.
Por qué a las personas independientes les cuesta aceptar ayuda
Para entender por qué las palabras de Carme Elías resultan tan significativas, hay que detenerse precisamente en esa idea de "aprender" a dejarse cuidar. Para algunas personas, aceptar ayuda puede resultar especialmente difícil porque la independencia ha dejado de ser simplemente una manera de desenvolverse en la vida para convertirse en una parte de su propia identidad.
Así lo explica la psicóloga Sara Navarrete: "Muchas personas han construido una parte importante de su identidad alrededor de la autonomía: 'yo puedo', 'yo me ocupo', 'yo resuelvo'. Ser independiente no es solamente una manera de funcionar, puede convertirse también en una forma de entender quiénes somos".
Por eso, cuando aparece una enfermedad, la edad o cualquier otra circunstancia que hace necesario recurrir a los demás, el cambio va mucho más allá de lo práctico. "No solo cambia nuestra rutina: puede tambalearse nuestra propia identidad", señala la psicóloga. Y entonces pueden aparecer pensamientos como "ya no soy la persona que era", "no quiero depender de nadie" o "no quiero molestar".
Aceptar ayuda supone, además, enfrentarse a algo que no siempre resulta sencillo: nuestra propia vulnerabilidad. "Aceptar ayuda implica reconocer una vulnerabilidad que quizá durante toda la vida hemos intentado evitar. Y psicológicamente eso puede ser muy difícil", explica Navarrete.
Sin embargo, necesitar a los demás no significa necesariamente dejar de ser autónomos. "La autonomía también consiste en poder decidir en quién confiamos, qué ayuda aceptamos y cómo queremos recibirla", recuerda la psicóloga.
La propia Carme Elías ha hablado de esta dificultad. "Es cierto que siempre he sido una mujer muy independiente, también debido a mi trabajo, y, al principio, cuesta aceptar que voy a necesitar ayuda", explicó la actriz en una entrevista en 2023. Su reflexión conecta directamente con lo que explica Navarrete: "Hay que saber cuidar, pero también dejarse cuidar".
Cuando quien siempre ha cuidado pasa a necesitar cuidados
Hay otra situación en la que este cambio puede resultar especialmente difícil: cuando una persona acostumbrada a cuidar de los demás pasa a ser quien necesita ayuda. "Puede aparecer una auténtica inversión de roles y, con ella, emociones muy contradictorias. Gratitud y amor, pero también tristeza, rabia, miedo, vergüenza o culpa", explica Sara Navarrete.
Especialmente complicada puede resultar la sensación de haber pasado de aportar a depender de otros. Es entonces cuando aparece un pensamiento muy habitual: "Me estoy convirtiendo en una carga".
Navarrete invita a cuestionar esta idea. "Las relaciones humanas no funcionan como una cuenta corriente en la que tenemos que devolver exactamente aquello que recibimos", afirma. Porque los papeles que ocupamos dentro de una familia o una relación no permanecen inalterables durante toda la vida.
"A lo largo de la vida unas veces sostenemos y otras necesitamos ser sostenidos. Poder aceptar ese cambio forma parte también de nuestra madurez emocional", añade la psicóloga.
Dejarse cuidar no significa perder la autonomía
Necesitar ayuda para determinadas actividades tampoco significa necesariamente perder toda capacidad para decidir sobre nuestra propia vida. De hecho, este es uno de los aspectos que Sara Navarrete considera fundamentales cuando una persona empieza a necesitar cuidados.
"Que una persona necesite cuidados no significa que deba dejar de decidir sobre su vida", señala. Siempre que sea posible, insiste, hay que preguntarle "qué quiere, cómo quiere hacer las cosas, qué ayuda necesita y cuál no".
La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia por completo la manera de entender los cuidados. "Cuidar no debería significar sustituir a la persona, sino acompañarla", resume Navarrete.
Es una idea especialmente importante en enfermedades como el alzhéimer, en las que las necesidades de ayuda pueden ir aumentando con el tiempo. Preservar durante el mayor tiempo posible las capacidades, preferencias y espacios de decisión de la persona también forma parte del cuidado.
Carme Elías ha hablado precisamente de cómo desea ser tratada. La actriz ha pedido que quienes están a su alrededor se dirijan a ella como la adulta que es y no como si fuera una niña. Su reivindicación recuerda que necesitar ayuda no borra automáticamente la identidad ni la dignidad de quien la recibe.
Por qué dejarse cuidar también requiere fortaleza emocional
Existe además una asociación muy arraigada entre fortaleza e independencia. Pensamos que una persona fuerte es aquella que resiste, resuelve los problemas y puede hacerlo todo sola. Pero Sara Navarrete propone ampliar esa idea. "Estamos acostumbrados a asociar la fortaleza con poder hacerlo todo solos, cuando la verdadera fortaleza emocional también consiste en reconocer nuestros límites, pedir ayuda y permitir que alguien esté a nuestro lado", explica.
Decir "ahora te necesito" puede resultar mucho más difícil de lo que parece. Según la psicóloga, "requiere confianza, humildad y una enorme capacidad de adaptación". Y aceptar ayuda no significa rendirse. "Dejarse cuidar no significa rendirse ni perder quién eres. Significa comprender que nuestra dignidad no depende de nuestra capacidad para hacerlo todo por nosotros mismos", afirma Navarrete.
Hay, además, otra manera de contemplar los cuidados que puede ayudar a reducir la resistencia a recibirlos. "Permitir que las personas que nos quieren nos cuiden también les permite expresar su amor. A veces, aceptar ese cuidado es también una manera de cuidarles a ellos", reflexiona.
Cómo aprender a dejarse cuidar sin sentirse una carga
Si, como dice Carme Elías, dejarse cuidar es algo que también hay que aprender, ¿por dónde se empieza? Para Sara Navarrete, uno de los primeros pasos consiste en cambiar la forma en la que interpretamos la ayuda.
- "No pensar 'ya no puedo', sino 'hay determinadas cosas para las que ahora necesito apoyo'. Parece un pequeño cambio de lenguaje, pero psicológicamente es enorme", explica.
- El segundo paso pasa por intentar mantener espacios de decisión y autonomía siempre que sea posible.
- Y el tercero tiene que ver con una emoción que aparece con frecuencia cuando necesitamos a los demás: la culpa.
Navarrete propone un ejercicio muy sencillo: "Podemos preguntarnos: 'Si fuera alguien a quien quiero quien necesitara mi ayuda, ¿pensaría que es una carga?'. Probablemente la respuesta sería no. Entonces, ¿por qué somos mucho más duros cuando quienes necesitamos ayuda somos nosotros?".
Aprender a dejarse cuidar implica, por tanto, aceptar que nuestro valor no desaparece cuando necesitamos a los demás. "Seguimos teniendo valor incluso cuando no podemos devolver aquello que recibimos", recuerda la psicóloga.
Quizá por eso las palabras de Carme Elías contienen una reflexión que trasciende su propia enfermedad. "Hay que dejarse cuidar, y hay que aprender a hacerlo", decía la actriz. Y Sara Navarrete lo resume desde la psicología con una idea que puede servir también para cerrar este Día Mundial del Alzheimer: "Hay momentos de la vida para cuidar y otros para dejarse cuidar. Ambas cosas forman parte del amor y de los vínculos humanos".
Porque la independencia puede enseñarnos que somos capaces de caminar solos. Dejarnos cuidar supone descubrir que no siempre tenemos por qué hacerlo.









