La muerte de Jesús de Miguel, delantero del CD Tenerife de tan solo 30 años, ha dejado consternado al mundo del fútbol. Lo que debía ser un encuentro deportivo terminó en una tragedia después de que el jugador sufriera un golpe brutal durante el partido frente al Andorra. Pese a los esfuerzos de los servicios médicos, que consiguieron reanimarlo sobre el terreno de juego, falleció horas después en el hospital. Su familia, sus seres queridos y sus compañeros atraviesan ahora el dolor de una pérdida inesperada. Una suceso que nadie está preparado para vivir y que ha provocado numerosas muestras de cariño y condolencias.
El portero del Andorra, Jesús Owono, que protagonizó la acción en la que resultó herido de muerte el delantero, también se mostró visiblemente afectado por lo sucedido, según las informaciones publicadas. Desconocemos cómo está viviendo estos momentos y qué sentimientos pueden estar acompañándole, aunque se sabe que está completamente devastado e, incluso, ha cerrado sus redes sociales. Pero situaciones como esta nos llevan a plantearnos una cuestión que va más allá de lo ocurrido sobre el terreno de juego: ¿qué sucede psicológicamente cuando una persona se ve involucrada accidentalmente en una tragedia?
La psicóloga clínica Sara Navarrete nos ayuda a comprender por qué la mente puede quedarse atrapada en lo sucedido, cómo afrontar las emociones que aparecen después de una experiencia traumática y de qué manera podemos acompañar a alguien que está sufriendo.
El sentimiento de culpa que aparece tras la tragedia
Hay experiencias que resultan tan difíciles de asimilar que nuestra mente intenta encontrar una explicación una y otra vez. Volvemos mentalmente a lo ocurrido, reconstruimos los hechos y nos preguntamos si las cosas podrían haber sido diferentes.
"Cuando una persona se ve involucrada accidentalmente en la muerte de otra, puede experimentar un impacto psicológico profundamente traumático", explica Sara Navarrete, que aclara que no podemos saber qué está sintiendo concretamente el jugador.
En situaciones similares, señala, pueden aparecer emociones muy intensas, como tristeza, angustia, impotencia, incredulidad o culpa. También una profunda sensación de injusticia ante lo sucedido.
Asimismo, uno no de los mecanismos psicológicos que pueden surgir en estas circunstancias es el llamado pensamiento contrafactual, que consiste en imaginar escenarios alternativos a lo que realmente ocurrió."¿Y si hubiera actuado de otra manera?", "¿y si no hubiera estado allí?" o "¿y si hubiera podido evitarlo?" son algunas de las preguntas que, según la psicóloga, pueden repetirse constantemente.
Detrás de todas estas reacciones, existe la necesidad de intentar comprender lo sucedido y encontrar una explicación que permita recuperar cierta "sensación de control sobre algo que, en realidad, puede haber sido algo completamente accidental".
Sentir culpa no significar ser responsables
Una de las cuestiones más difíciles cuando aparece la culpa es distinguir entre aquello que sentimos y lo que realmente ocurrió. Porque una emoción puede ser muy intensa y, sin embargo, no reflejar con exactitud nuestra responsabilidad en los hechos.
"Lo primero es aprender a diferenciar entre la responsabilidad real y la responsabilidad emocional. El el caso de esta tragedia en el campo de juego, ya se ha abierto una investigación para esclarecer lo sucedido. Pero, en cualquier situación similar, una persona puede sentirse profundamente culpable sin haber tenido intención de causar daño ni haber actuado necesariamente de manera negligente", explica Sara Navarrete.
Esta distinción es importante desde el punto de vista psicológico, pero no sustituye al esclarecimiento de los hechos ni determina las responsabilidades que puedan existir.
Lo que explica la especialista es que, cuando la culpa se vuelve desproporcionada, puede transformarse en una forma de autocastigo. La persona revive lo sucedido, se reprocha sus decisiones y encuentra dificultades para dejar de pensar en ello. "Y aquí es fundamental comprender que sufrir más no cambia lo sucedido ni repara la pérdida", advierte.
El trabajo psicológico consiste en ayudar a integrar una experiencia traumática en la propia historia personal, sin que termine condicionando por completo la percepción que alguien tiene de sí mismo. "Una cosa es haber estado involucrado en una tragedia y otra muy distinta es definirse a uno mismo a partir de ella", añade.
¿Qué podemos decirle a alguien que está atravesando una situación así?
Cuando alguien cercano está sufriendo, solemos buscar palabras que puedan aliviar su dolor. Queremos tranquilizarlo, ayudarle a recuperar cierta calma o encontrar una explicación que haga más llevadero lo ocurrido. Sin embargo, no siempre sabemos cómo hacerlo.
En este sentido, Sara Navarrete recuerda que, ante una experiencia traumática, acompañar no consiste en intentar que la otra persona deje de sentirse mal cuanto antes. "Lo más importante es acompañar sin juzgar y sin intentar acelerar su recuperación emocional", explica.
Por eso, recomienda evitar frases como "no tienes la culpa", "tienes que olvidarlo" o "fue un accidente, no pienses más en ello". Aunque se pronuncien con buena intención, pueden resultar invalidantes para alguien que todavía está intentando comprender lo que ha sucedido.
En cambio, expresiones como "entiendo que estés sufriendo", "no tienes que resolver todo lo que sientes ahora mismo" o "estoy aquí para acompañarte" permiten ofrecer apoyo sin minimizar sus emociones ni anticipar respuestas.
Se trata, en definitiva, de escuchar y dejar espacio para que la persona pueda expresar su tristeza, sus dudas o sus sentimientos de culpa sin sentirse juzgada.
¿Cómo aprender a vivir con una experiencia que no podemos cambiar?
Una experiencia traumática puede dejar una huella emocional profunda y no existe una manera única ni un tiempo establecido para asimilarla. Por eso, Sara Navarrete insiste en la importancia de darse tiempo y no afrontar el sufrimiento en soledad.
Apoyarse en personas de confianza y mantener una red de apoyo emocional puede ayudar durante este proceso. También es importante buscar acompañamiento psicológico especializado cuando aparecen pensamientos recurrentes, dificultades para dormir, ansiedad intensa o sentimientos de culpa que interfieren en la vida cotidiana.
Otro aspecto que destaca la especialista es la autocompasión, entendida como la capacidad de reconocer el propio sufrimiento sin añadir un juicio constante sobre uno mismo.Como explica Navarrete, "no significa justificar lo sucedido, sino aprender a tratarse con la misma humanidad con la que trataríamos a otra persona que estuviera atravesando una tragedia".
Y es que afrontar las consecuencias emocionales de una experiencia traumática no significa borrar lo ocurrido, negar su gravedad ni dejar de reconocer el dolor que ha provocado. ""Significa aprender a seguir viviendo sin que el dolor y la culpa se conviertan en una condena permanente", señala la psicóloga.
La muerte de Jesús de Miguel deja, ante todo, una pérdida irreparable y una familia que merece atravesar su duelo con el máximo respeto y privacidad. Su historia recuerda también hasta qué punto un acontecimiento inesperado puede transformar muchas vidas.
Desde la psicología, comprender cómo aparece y se gestiona la culpa puede ayudar a quienes atraviesan experiencias traumáticas. Como concluye Sara Navarrete, uno de los grandes desafíos emocionales consiste en aceptar que no todo lo que sucede está bajo nuestro control y que "podemos lamentar profundamente una pérdida sin tener que castigarnos emocionalmente durante el resto de nuestra vida".








