No todas las personas nos enfrentamos igual a las situaciones que nos provocan dolor emocional. Algunas se encierran en su pena, otras huyen y las hay que se enfrentan a él. Es el caso de Shakira, quien habló de su proceso de recuperación emocional en una entrevista con Danielle Dithurbide para el medio mexicano N+. Al preguntarle por su forma de reconstruirse después de una etapa difícil, la cantante compartió un aprendizaje: "Uno puede ser feliz incluso con un dolor profundo".
Sus palabras permiten plantear una cuestión que va más allá de su experiencia: ¿necesitamos dejar de sufrir por completo para volver a disfrutar de la vida?
Y es que después de una ruptura, una pérdida o una decepción, podemos sentir que todavía es demasiado pronto para ilusionarnos. A veces, incluso aparece la culpa cuando nos sorprendemos riendo o pasándolo bien. ¿Cómo encajan esos momentos agradables con una tristeza que sigue presente?
Para comprenderlo, hemos consultado al catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, Alfredo Rodríguez Muñoz, que explica qué significa convivir con emociones aparentemente contradictorias y por qué recuperar el bienestar no exige haber resuelto todo lo que nos duele.
¿Qué significa que podamos ser felices mientras seguimos sintiendo dolor?
"El bienestar psicológico no implica la ausencia de dolor", explica Alfredo Rodríguez Muñoz. De hecho, nos cuenta que existe un concepto en psicología que ayuda a entender esta convivencia: las emociones mixtas.
"Podemos sentir tristeza por una pérdida y, al mismo tiempo, alegría por nuestros hijos, interés por un proyecto o cercanía con alguien. Una emoción no invalida la otra", señala. Así, disfrutar de una conversación o tener ganas de hacer un viaje puede ser compatible con echar de menos a alguien o seguir afectado por lo ocurrido.
Según el catedrático, "la investigación sobre duelo muestra que experimentar emociones positivas es compatible con estar atravesando una pérdida". Y lo resume con una idea que permite mirar el proceso con menos exigencia: "Que algo nos siga doliendo no significa que todo tenga que dolernos".
¿Cómo podemos recuperar la ilusión sin haberlo superado todo?
Uno de los obstáculos puede ser pensar que la vida debe quedarse en pausa hasta que nos encontremos completamente bien. Sin embargo, esperar a que desaparezca cualquier rastro de tristeza puede dificultar que retomemos aquello que nos aporta compañía, interés o satisfacción.
"Conviene abandonar la idea de que primero tenemos que resolver todo el dolor y después podremos volver a vivir", indica Alfredo. En el duelo, explica, la adaptación suele implicar alternar momentos de contacto con la pérdida y otros de atención a la vida cotidiana.
"Podemos echar de menos a alguien y hacer planes para el fin de semana; necesitamos espacio para ambas cosas", añade. Tampoco hace falta emprender grandes cambios. Recuperar una conversación, una actividad o un pequeño compromiso puede ser un comienzo suficiente. "A veces la ilusión no aparece antes de retomar la vida; empieza a aparecer mientras la retomamos", afirma el psicólogo.
¿Aceptar el dolor es lo mismo que resignarse?
Aprender a convivir con una herida emocional puede confundirse con asumir que nunca estaremos mejor. Pero el experto distingue ambas actitudes: "Aceptar el dolor significa reconocer lo que sentimos sin asumir que nada puede cambiar. Resignarse, en cambio, supone concluir que ya no hay nada que hacer para estar mejor".
La aceptación permite tomar decisiones: pedir apoyo, cuidarnos, recuperar actividades o alejarnos de aquello que sigue haciéndonos daño. Reconocer el sufrimiento también puede ayudarnos a actuar sobre lo que necesitamos.
Los avances, además, suelen apreciarse en experiencias concretas: disfrutar de una comida con amigos, recuperar una afición, concentrarnos mejor o empezar a hacer planes con ilusión. También podemos notar que los recuerdos dolorosos ocupan menos tiempo y nos permiten atender a otras cosas.
"No se trata solo de sentir menos tristeza, sino de recuperar la capacidad de relacionarnos, disfrutar y desenvolvernos en el día a día", detalla el catedrático.
¿Por qué una experiencia difícil puede cambiar nuestra forma de vernos?
Una ruptura o una pérdida puede cuestionar tanto la imagen que teníamos de nosotros mismos como el futuro que dábamos por hecho. Afrontar esa situación exige, en ocasiones, ejercer capacidades que hasta entonces no habíamos necesitado.
El especialista menciona algunas: tomar decisiones solos, pedir ayuda, establecer límites o revisar nuestras prioridades. Cuando después de una experiencia traumática aparecen cambios positivos en nuestra manera de entendernos, relacionarnos o valorar la vida, hablamos de "crecimiento postraumático".
Ese crecimiento puede coexistir con el dolor. Descubrir recursos personales no significa que lo sucedido haya dejado de afectarnos. Alfredo introduce, nos recuerda que "sufrir no garantiza crecer. El crecimiento es una posibilidad, no una obligación: nadie tiene que salir de una experiencia dolorosa convertido en una versión mejorada de sí mismo".
¿Cómo volver a disfrutar sin sentirnos culpables?
"No necesitamos seguir sufriendo para demostrar cuánto nos importó alguien o cuánto nos afectó lo ocurrido", recuerda el psicólogo. Reírnos con amigos o ilusionarnos con alguien no resta valor a lo vivido: los momentos agradables no son una prueba de olvido.
Podemos empezar con planes sencillos y con personas ante las que no tengamos que fingir que estamos bien. Si aparece culpa, el experto propone reconocerla y preguntarnos qué creemos estar traicionando al disfrutar.
Pero también conviene evitar que el deseo de recuperarnos se convierta en otra presión. Como concluye Alfredo Rodríguez Muñoz, "tampoco hay que convertir la felicidad en otra exigencia: se trata de permitirnos disfrutar cuando sea posible, sin imponernos cuándo debería ocurrir".










