Viktor Frankl, psiquiatra y filósofo austríaco, sobre la importancia de reír incluso cuando sufrimos: "El humor es otra de las armas del alma en la lucha por la supervivencia"


El psicólogo José Martín del Pliego explica por qué algunas personas recurren a las bromas incluso en situaciones dolorosas y cómo el sentido del humor puede ayudarnos a gestionar el estrés sin dejar de sentir lo que nos ocurre


Mujer appoyada en un muro de piedras con expresión serena© serencollection.es
13 de octubre de 2026 a las 18:01 CEST

Hay personas que son capaces de hacer una broma incluso en los momentos más difíciles. Cuando todo a su alrededor es tensión, tristeza o preocupación, encuentran algo que les hace sonreír y, a veces, consiguen que los demás también lo hagan. Sin embargo, no todo el mundo interpreta esta reacción de la misma manera. Hay quien la considera inoportuna, una falta de respeto o incluso una muestra de insensibilidad. Pero ¿y si ese sentido del humor fuera precisamente lo que les ayuda a sobrellevar una situación que les resulta demasiado dolorosa?

El psiquiatra Viktor Frankl, superviviente de los campos de concentración nazis, escribió "el humor es otra de las armas del alma en la lucha por la supervivencia". Una reflexión que adquiere especial significado cuando comprendemos cómo funciona nuestra respuesta emocional ante las adversidades. Para profundizar en ello, hemos hablado con el psicólogo segoviano José Martín del Pliego, que nos explica por qué algunas personas necesitan recurrir a las bromas cuando están sufriendo, qué ocurre en su sistema nervioso y hasta qué punto el humor puede ayudarnos a ser más resilientes.

Mujeres abrazándose mostrando sororidad y agradecimiento© Getty Images

¿Quién fue Viktor Frankl?

Viktor Frankl (1905-1997) fue un neurólogo y psiquiatra austriaco, fundador de la logoterapia, una corriente psicoterapéutica que sitúa la búsqueda de sentido como una de las principales motivaciones del ser humano.

Durante la Segunda Guerra Mundial estuvo prisionero en varios campos de concentración nazis, entre ellos Auschwitz. Aquella experiencia marcó profundamente su pensamiento y dio origen a su obra más conocida, El hombre en busca de sentido, en la que reflexiona sobre la capacidad humana para encontrar un propósito incluso en circunstancias extremas.

Mujer preocupada y triste al mismo tiempo© Getty Images

¿Qué quiso decir Viktor Frankl cuando afirmó que el humor es un arma del alma?

Para Frankl, el humor era mucho más que una forma de entretenimiento. Representaba la posibilidad de tomar cierta distancia psicológica respecto al sufrimiento, aunque fuera durante unos segundos. No significaba negar la realidad ni restar importancia al dolor, sino encontrar un pequeño espacio de libertad interior cuando las circunstancias exteriores resultaban insoportables.

Esta idea conecta con algo que observamos con frecuencia en nuestra vida cotidiana: personas que recurren a una broma en medio de una crisis familiar, una enfermedad o una pérdida. Y aunque desde fuera pueda resultar desconcertante, la psicología ofrece una explicación.

Mujer en la cama riendose© Getty Images

¿Por qué algunas personas hacen bromas incluso cuando están atravesando una situación difícil?

Según explica José Martín del Pliego, hay personas que tienen un sentido del humor muy desarrollado y recurren a él de manera casi automática cuando se enfrentan a situaciones de gran tensión emocional.

"Cuando gastan la broma, lo que intentan es rebajar, regular eso que no son capaces de manejar", señala el psicólogo. Es decir, cuando una situación les resulta insoportable, utilizan el humor para reducir la intensidad de lo que están sintiendo.

De esta manera, "el sistema nervioso es capaz de generar a corto plazo algo de alivio", lo que les permite retomar aquello que les está causando estrés con mayor facilidad.

Para entenderlo, el especialista recuerda a Chandler, uno de los protagonistas de la serie Friends. Su tendencia a responder con comentarios irónicos o bromas en los momentos incómodos era una de sus características más reconocibles. Detrás de ese comportamiento, sin embargo, podía esconderse una dificultad para manejar determinadas emociones.

Jennifer Garner en un campo de avena© jennifer.garner

¿Significa que no les importa lo que está ocurriendo?

No necesariamente. De hecho, Martín del Pliego insiste en que recurrir al humor no significa restar importancia a una situación dolorosa. Muchas veces sucede justamente lo contrario: la persona está tan afectada por lo que ocurre que necesita encontrar una manera de aliviar la tensión.

"Con este mecanismo, la persona obtiene una forma de manejarse con aquello que en aquel momento le parece insostenible", explica.

En ocasiones, esa incomodidad procede de sus propias emociones. Otras veces, de observar el sufrimiento de quienes tiene alrededor. La broma se convierte entonces en un recurso para intentar que la situación resulte algo más llevadera, tanto para uno mismo como para los demás.

Una chica recién despertada en la cama© serencollection

¿Cuándo nos ayuda el humor y cuándo lo utilizamos para evitar nuestras emociones?

Aquí es donde el psicólogo explica que puede haber diferencia entre un humor para regular y un humor para evitar. "No es lo mismo utilizar el humor para regular nuestras emociones que convertirlo en una estrategia para no enfrentarnos a ellas", indica. 

Si una broma nos permite respirar, recuperar cierta calma y después volver a abordar aquello que nos preocupa, está cumpliendo una función positiva. Nos ayuda a tomar distancia durante unos instantes sin desconectarnos de lo que sentimos.

Pero existe otra posibilidad. "Si cada vez que hay una mala respuesta emocional aparece la risa, el sarcasmo o la broma como forma de no conectar con eso que estamos sintiendo, ahí estaremos evitando", advierte.

¿Y qué ocurre entonces? Que el malestar no desaparece. La emoción continúa presente, aunque intentemos mantenerla fuera de nuestra conciencia. Según explica el especialista, cuando recurrimos constantemente a este mecanismo, dificultamos que esa emoción pueda procesarse.

Por tanto, la diferencia no está tanto en reírnos o no, sino en lo que hacemos después. ¿Somos capaces de reconocer nuestro dolor y afrontarlo o necesitamos bromear continuamente para no entrar en contacto con él?

Una chica desperezándose en la cama© etam

¿Por qué a veces interpretamos las bromas como una falta de empatía?

Otra de las cuestiones que plantea Martín del Pliego tiene que ver con las expectativas sociales. Existen situaciones en las que esperamos que las personas se comporten de una determinada manera. En un hospital, un funeral o un tanatorio, por ejemplo, asociamos el respeto con la seriedad y el recogimiento.

Sin embargo, basta observar lo que ocurre en muchos tanatorios para comprobar que el dolor y la risa pueden convivir. Es frecuente encontrar pequeños grupos de familiares o amigos que, después de haber acompañado a una persona en su sufrimiento, conversan de manera distendida e incluso recuerdan alguna anécdota divertida. Lejos de significar que no les importa lo sucedido, ese comportamiento puede ser una forma de recuperar fuerzas emocionalmente.

El psicólogo explica que también es habitual que otras personas se acerquen a esos grupos porque necesitan descansar durante unos minutos del malestar que están experimentando. Así, podemos acompañar a alguien que acaba de perder a un ser querido, conectar con su tristeza y, después, buscar un momento de alivio junto a otras personas.

Para Martín del Pliego, este movimiento entre acercarnos al dolor y tomar cierta distancia para regularnos puede resultar saludable. El problema aparece cuando los guiones sociales nos impiden comprender que ambas reacciones son compatibles.

Una chica corriendo en el campo© lauraoganessian

¿Puede el sentido del humor ayudarnos a ser más resilientes?

La respuesta del especialista es afirmativa, siempre que el humor no se utilice para negar lo que estamos viviendo. Una de las ideas más interesantes que plantea es que reírnos en medio de una situación dolorosa no significa que estemos traicionando ese dolor, sino que podemos estar acompañándolo de otra manera.

Además, cuando compartimos una broma con otras personas, no solo aliviamos nuestra propia tensión. También reforzamos la conexión social y podemos experimentar una mayor sensación de seguridad.

Martín del Pliego relaciona esta respuesta con la activación del sistema vagal ventral, un concepto de la teoría polivagal asociado a los estados de seguridad y conexión interpersonal, aunque algunos aspectos de esta teoría continúan siendo objeto de debate científico.

Lo importante, explica, es que la presencia de otras personas y la posibilidad de compartir momentos de humor pueden ayudarnos a sentirnos más tranquilos y capaces de sostener emociones difíciles.

Y aquí volvemos a la reflexión de Viktor Frankl. El humor no elimina las pérdidas, las preocupaciones ni las circunstancias que nos hacen sufrir. Tampoco sustituye la necesidad de afrontar lo que sentimos. Pero puede ofrecernos un pequeño respiro para seguir adelante.