Hay personas que, incluso en los momentos más difíciles, encuentran la manera de sonreír, relativizar un problema o hacer un comentario ingenioso que cambia por completo el ambiente. No significa que tengan una vida más fácil ni que ignoren las dificultades. Simplemente afrontan la realidad desde otra perspectiva. Y cada vez hay más investigaciones que indican que esa forma de mirar el mundo podría tener un impacto mucho mayor del que imaginamos.
Quizá por eso Groucho Marx decía: "Humor es posiblemente una palabra; la uso constantemente. Estoy loco por ella y algún día averiguaré su significado". Como muchas de sus frases, dejaba entender una cierta ironía. Interpretaciones aparte, hoy abordamos el humor desde el punto de vista de la psicología para saber cómo influye en nuestro cerebro, nuestra salud y hasta en la forma en que envejecemos.
La ciencia demuestra que el sentido del humor protege la salud
Durante décadas, la medicina ha centrado buena parte de sus esfuerzos en estudiar cómo influyen la alimentación, el ejercicio o el sueño sobre la esperanza de vida. Sin embargo, cada vez existen más trabajos que apuntan a que la manera en que afrontamos emocionalmente lo que nos ocurre también repercute en nuestra salud y longevidad.
Una revisión sistemática publicada en 2026 analizó 16 investigaciones realizadas en distintos países para conocer qué papel desempeñan el sentido del humor y el autocuidado en la longevidad. La conclusión fue clara: las personas con un mayor sentido del humor presentan de forma consistente menos estrés psicológico, mayor bienestar emocional, una mejor capacidad de adaptación, mejores marcadores inmunitarios y cardiovasculares y, en algunos estudios de seguimiento, un menor riesgo de mortalidad.
Los autores consideran que el humor constituye una estrategia psicológica sencilla, accesible y de bajo coste que puede contribuir a un envejecimiento más saludable.
Eso no significa que el humor sea una medicina capaz de prevenir enfermedades por sí solo. Lo que sugieren los investigadores es que ayuda a amortiguar los efectos del estrés crónico, uno de los factores que más desgaste produce sobre el organismo a largo plazo.
Tener sentido del humor cambia la manera en que afrontamos los problemas
Uno de los aspectos más interesantes de la revisión es que el humor no actúa porque elimine los problemas, sino porque modifica la forma en que los interpretamos.
Los investigadores explican que el sentido del humor favorece la resiliencia psicológica, es decir, la capacidad para adaptarse a situaciones difíciles sin quedar bloqueados por ellas. También ayuda a regular las emociones y facilita una valoración menos amenazante de los acontecimientos estresantes, reduciendo así la carga psicológica que soporta el organismo.
No todos los tipos de humor producen el mismo efecto. La revisión diferencia entre un humor afiliativo, que fortalece las relaciones con los demás, y un humor de autoafirmación, que permite relativizar las propias dificultades. Ambos son los que muestran una relación más sólida con el bienestar psicológico y la resiliencia. En cambio, el humor agresivo o basado en ridiculizar a otras personas no ofrece esos mismos beneficios.
El humor también influye en el cuerpo
Los efectos del sentido del humor no se limitan al estado de ánimo. La revisión señala que puede contribuir a reducir la respuesta fisiológica al estrés y favorecer procesos relacionados con la salud cardiovascular y el funcionamiento del sistema inmunitario. Además, las personas que utilizan el humor como estrategia de afrontamiento suelen mantener con más facilidad otros hábitos saludables, como hacer ejercicio, dormir mejor o cuidar sus relaciones sociales, factores que también se asocian con un envejecimiento más saludable.
Otra investigación, publicada en Psychological Science, encontró que la intensidad de una sonrisa genuina en fotografías era capaz de predecir una mayor esperanza de vida y una mejor calidad de vida. Aunque una sonrisa no garantiza vivir más años, sí parece reflejar un patrón de emociones positivas que, mantenido en el tiempo, puede tener efectos beneficiosos sobre la salud.
¿Se puede entrenar el sentido del humor?
La buena noticia es que los investigadores no consideran el sentido del humor una cualidad fija con la que se nace o no. Igual que ocurre con la resiliencia, puede cultivarse.
Aprender a relativizar los pequeños contratiempos, rodearse de personas con las que resulta fácil reír, buscar actividades que despierten emociones positivas y no perder la capacidad de jugar o sorprenderse son pequeñas estrategias que ayudan a incorporarlo a la vida cotidiana. Según la revisión, cuando el humor forma parte de un estilo de vida basado también en el autocuidado, el descanso, la actividad física y las relaciones sociales, sus beneficios parecen potenciarse.
Quizá Groucho Marx nunca llegara a descubrir del todo qué era el sentido del humor. La ciencia tampoco ha resuelto aún todos sus mecanismos. Pero cada nueva investigación parece confirmar una idea que él convirtió en filosofía de vida: que el humor no cambia lo que nos ocurre, pero sí puede cambiar la manera en que lo vivimos. Y esa diferencia, con el paso de los años, puede ser mucho más importante de lo que imaginamos.
Referencias
Toti, A., Konstanti, Z., Baliotis, K., Mantzoukas, S., Gouva, M., & Kourakos, M. (2026). The Role of Humor and Self-Care in Longevity: A Systematic Review of Psychological and Behavioral Health Literature. Cureus. PMCID: PMC12914586. PMID: 41717167.
Abel, E. L., & Kruger, M. L. (2010). Smile intensity in photographs predicts longevity. Psychological Science, 21(4), 542–544.
Martin, R. A. (2007). The Psychology of Humor: An Integrative Approach. Elsevier Academic Press.
Martin, R. A., Puhlik-Doris, P., Larsen, G., Gray, J., & Weir, K. (2003). Individual differences in uses of humor and their relation to psychological well-being: Development of the Humor Styles Questionnaire. Journal of Research in Personality, 37(1), 48-75.
Savage, B. M., Lujan, H. L., Thipparthi, R. R., & DiCarlo, S. E. (2017). Humor, laughter, learning, and health! A brief review. Advances in Physiology Education, 41(3), 341-347.








