Hay frases que consiguen resumir en pocas palabras algo que millones de personas sienten, pero no saben explicar. Eso ocurre con esta reflexión de Keanu Reeves: "El duelo cambia de forma, pero nunca termina".
El actor, que ha sufrido la pérdida de varias personas muy importantes en su vida, pone voz a una idea que durante años la psicología ha intentado transmitir: superar un duelo no significa olvidar. Significa aprender a convivir con una ausencia que, con el paso del tiempo, deja de ocupar cada espacio de nuestra existencia, pero nunca desaparece del todo.
Porque perder a alguien a quien queremos es una de las experiencias más difíciles que puede atravesar un ser humano. Sin embargo, aunque el dolor sea inevitable, también forma parte de un proceso natural de adaptación. Siempre, eso sí, que no se enquiste. Y es que cuando ese proceso se bloquea y la persona deja de avanzar, el duelo deja de ser una respuesta normal y puede convertirse en un trastorno que requiere ayuda profesional.
¿Qué es realmente el duelo?
El duelo es la respuesta emocional, psicológica e incluso física que aparece tras una pérdida significativa. Aunque solemos asociarlo a la muerte de un ser querido, también puede producirse tras una separación, la pérdida del trabajo, una enfermedad o cualquier cambio que suponga decir adiós a una parte importante de nuestra vida.
Como explica Miquel Roca, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de las Islas Baleares, "un duelo es una reacción emocional muy frecuente ante una situación de pérdida. Acostumbra a provocar tristeza, insomnio, irritabilidad, falta de aceptación de la pérdida, reiteración en recuerdos, pensamientos repetidos y focalizados en la situación desencadenante, etc."
El especialista añade una diferencia fundamental respecto a la depresión: "Por regla general son síntomas oscilantes, desencadenados ante situaciones o estímulos que remiten a la pérdida. Estas emociones, a diferencia de los síntomas de una depresión, son menos persistentes e invasivas y en ocasiones se alivian o reducen cuando la persona afectada está acompañada, bien sea por familiares o amigos".
Es decir, el duelo duele, pero sigue dejando espacio para momentos de alivio, de conexión y, poco a poco, de esperanza.
¿Cuáles son las fases del duelo?
Aunque solemos hablar de "las cinco fases", los expertos recuerdan que el duelo no sigue un recorrido idéntico para todas las personas. No todo el mundo pasa por las mismas etapas ni lo hace en el mismo orden.
Aún así, el modelo más conocido y que nos explica el psicólogo Ángel Guillem, de Psicopartner, describe cinco grandes momentos:
- Negación. Es el impacto inicial. La mente tiene dificultades para aceptar lo ocurrido y aparece una sensación de irrealidad.
- Ira. La frustración busca una salida y puede dirigirse hacia otras personas, hacia uno mismo o incluso hacia quien ha fallecido.
- Negociación. Surgen pensamientos del tipo "si hubiera hecho...", intentando recuperar un control que ya no existe.
- Tristeza profunda. Es probablemente la fase más dura. La ausencia se hace completamente real y aparecen el llanto, el vacío y la sensación de que nada volverá a ser igual.
- Aceptación. No significa dejar de echar de menos, sino aprender a vivir con esa pérdida y construir una nueva realidad.
¿Por qué el duelo cambia de forma, pero nunca termina?
La frase de Keanu Reeves es fiel a la realidad. De hecho, como señalábamos, el duelo no implica olvidar, sino aprender a vivir con esa pérdida.
Con el tiempo, el cerebro reorganiza la experiencia de la pérdida. Los recuerdos dejan de estar asociados únicamente al dolor y empiezan a convivir con emociones como la gratitud, la nostalgia o incluso la alegría. La persona aprende a reconstruir su identidad incorporando esa ausencia.
Por eso muchas personas vuelven a emocionarse años después en un cumpleaños, una canción o una fecha señalada. No significa que hayan retrocedido ni que el duelo esté mal resuelto. Significa que el vínculo continúa existiendo.
El dolor cambia de intensidad, cambia de frecuencia y cambia de forma. Lo que antes era una herida abierta acaba convirtiéndose en una cicatriz emocional. Sigue ahí, pero ya no impide vivir.
¿Cuándo el duelo deja de ser normal?
Es cierto que cada persona es un mundo y necesita un tiempo distinto para llegar a la fase de aceptación. Sin embargo, en algunas personas los síntomas permanecen durante un periodo prolongado y la vida queda completamente paralizada.
Como explica el profesor Miquel Roca, "hablamos de 'duelo patológico', 'duelo complicadocuando los síntomas persisten durante un periodo prolongado de tiempo, no proporcional a la pérdida ocurrida. Si esta sintomatología cambia y se inician síntomas más propios de un trastorno afectivo, entonces deberemos establecer un diagnóstico de depresión, un cuadro que precisa ya un abordaje terapéutico cuanto más precoz mejor".
También existe mayor riesgo cuando la muerte ha sido repentina, traumática, cuando la persona se siente culpable, está socialmente aislada o mantenía una relación de fuerte dependencia con el fallecido.
¿Qué ocurre si el duelo se cronifica?
Un duelo complicado no solo mantiene el sufrimiento emocional. También puede afectar a la salud física, al trabajo, a la vida familiar y a las relaciones sociales.
Además, puede convertirse en la puerta de entrada a otros trastornos. Según explica Miquel Roca, "aun reconociendo que se trata de dos entidades distintas, se acepta claramente que pueden coexistir y que, de hecho, un duelo complicado o no resuelto puede ser el desencadenante de un cuadro depresivo, un factor precipitante, de manera especial en personas con antecedentes personales de depresión".
¿Cómo evitar que el duelo acabe convirtiéndose en una depresión?
No existe una fórmula para sufrir menos, pero sí maneras de favorecer una adaptación saludable.
Hablar de lo ocurrido, permitirse sentir todas las emociones sin juzgarlas, aceptar ayuda de familiares y amigos y mantener unas rutinas básicas de sueño, alimentación y actividad física son estrategias que ayudan a que el proceso avance. Y, sobre todo, conviene pedir ayuda cuando el sufrimiento deja de disminuir con el paso de los meses.
En palabras del Dr. Lorenzo Armenteros, Miembro del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) "se debe consultar el duelo por una pérdida, cuando no hay una desaparición gradual de los síntomas con el paso del tiempo, y estos persisten, pasando a convertirse en el denominado duelo patológico. Este estado emocional llega a afectar a esferas de la vida en el ámbito laboral y familiar y, en muchos casos, precisa apoyo asistencial para superarse".










