Marisol Montejano, psicóloga experta en duelo: “El dolor no podemos tipificarlo, cada persona tiene su ritmo, estrategias y formas de superarlo"


La actriz Nicole Kidman ha anunciado que se está formando para acompañar en procesos de vida terminal, una decisión que tomó tras la pérdida de su madre


© Getty Images
22 de abril de 2026 a las 13:30 CEST

“Ya nada será lo mismo”; “y, ¿ahora qué?; “¿cómo voy a retomar mi normalidad?"... Todos hemos experimentado, y experimentaremos, pérdidas importantes en nuestras vidas. Y cada uno afronta el dolor de formas diversas. Lo importante es concederse el tiempo necesario y validar ese proceso ante nosotros mismos y antes los demás. Vivimos en una sociedad en la que parece que tenemos que recuperarnos “en tiempo récord” de las circunstancias de la vida. Si tienes un hijo, se alaba que no se perciba en tu cuerpo, ni en tu rostro. Si has tenido una ruptura sentimental, enseguida se celebra aquello de “volver a estar ilusionado”. Y si hemos perdido a alguien, admiramos la entereza y la inmutabilidad… En definitiva, se olvida el papel del duelo como una transición necesaria hacia un cambio de vida, que no podemos saltarnos si queremos superar el dolor de manera saludable y efectiva.

Mujer reflexiona sobre sus sentimientos© Getty Images

Tipos de duelo, fases y tareas que ayudan

Hay tantos duelos como personas. No obstante, nuestra especialista consultada, Marisol Montejano, Psicóloga Clínica y experta en trauma y duelo, y fundadora de Evolet Psicología, nos explica que: “Suelo diferenciar entre duelo sano y duelo complicado. La clasificación de uno y otro depende de la intensidad y duración de los síntomas que tiene la persona afectada. Normalmente, un duelo sano no requiere terapia, solo acompañamiento, mientras que el duelo complicado -o patológico- sí la precisa”. 

También se habla de las famosas fases del duelo, aunque hablar de etapas estandarizadas para todos puede ser poco realista. Como nos aclara la experta: “El dolor no podemos tipificarlo, puesto que no existe una única forma de vivirlo; cada persona tiene su ritmo, estrategias y formas de elaborarlo. Yo prefiero trabajar con las tareas del duelo de William Worden, ya que aportan esa parte activa necesaria para resolver y avanzar en este proceso de dolor, dando a la persona la posibilidad de aliviar la sensación de impotencia. Se trata de cuatro tareas que no siguen un orden temporal, ni sucesiva, dado que no es necesario completar cada una para pasar a la siguiente", afirma, antes de pasar a enumerarlas:

  • Aceptar la realidad de la pérdida 
  • Elaborar las emociones relacionadas con el duelo
  • Aprender a vivir en un mundo donde el fallecido ya no está presente
  • Recolocar emocionalmente al fallecido y seguir viviendo
Mujer sana sus emociones© Getty Images

Hacer terapia ya no es tabú

Afortunadamente, cada vez estamos más lejos de la visión de la psicoterapia como algo inconfesable, aunque aún no hemos normalizado del todo esta herramienta, especialmente para los casos de dolor y trauma por pérdida. Parece que perder a alguien es algo que debemos transitar sin hacer mucho ruido. Nada más lejos de la realidad. Pedir ayuda profesional es tan sensato como ir al dentista si te duele una muela. Como nos explica nuestra experta: “En muchas ocasiones las personas sienten que su entorno no sabe cómo acompañarlas. Otras veces, perciben que, pasado un tiempo, se espera de ellas que vuelvan a la normalidad, como si el dolor tuviera una fecha de caducidad. Sin embargo, cada persona tiene su propio ritmo y su propia manera de atravesar la pérdida"

"En la psicoterapia del duelo, el objetivo no es acelerar el proceso, ni eliminar el dolor, sino acompañar a la persona para que pueda elaborar emocionalmente la pérdida y seguir hacia delante. Cuando hay sufrimiento y bloqueo a la hora de continuar con su vida, hay que plantearse acudir a un profesional”. En consulta, se ofrecen herramientas que ayudan a caminar por el duelo y superarlo. La escucha activa y la empatía son fundamentales para conectar con la persona y su dolor. 

Según Marisol Montejano: “A través de las tareas del duelo, antes mencionadas, con técnicas y estrategias (visualización y contacto con el cuerpo para vivenciar, reconocer y legitimar las emociones; escribir una carta al fallecido a fin de facilitar la despedida; hacer una selección de fotos y compartirlas en las sesiones para el álbum de recuerdos…) se logran grandes resultados”. Es más, tras este trabajo de terapia y acompañamiento, se dan casos de salir incluso más fortalecidos tras el duelo. Como añade la especialista: “El ser humano tiene una gran resiliencia y capacidad de reponerse. Y suele ocurrir que las personas experimenten un cambio de prioridades en la elección de cómo vivir sus vidas” 

Mujer hace terapia de escritura© Getty Images

La influencia del entorno

La manera de ser y actuar de cada uno influye enormemente en la forma en que vivimos la pérdida, pero quizás lo más determinante sea el entorno social, la educación que hayamos recibido en ese ambiente, y cómo se viva y perciba en él la muerte. Como nos explica Marisol Montejano: “El carácter y la personalidad de cada persona tienen mucho peso, pero también lo tienen la influencia social y educativa asociada a la gestión emocional y sentimental de los problemas. Es verdad que este aspecto está experimentando un cambio para bien, en cuanto a lo positivo de legitimar las emociones y dar permiso a las personas de sentirlas y gestionarlas con ayuda”. Pero, queda mucho por hacer.

Es importante interiorizar que lo que los demás esperan de nosotros ante una situación de duelo no es relevante, vayamos a nuestro propio ritmo, dejemos fluir lo que sintamos dentro, y pidamos acompañamiento, no aprobación. En este sentido, nuestra especialista añade que “Casi todos hemos escuchado frases inadecuadas -no malintencionadas- que nos han incomodado, fruto de la herencia social y la incapacidad o dificultad de tratar el dolor ajeno o llenar el silencio provocado por este dolor. Algunos ejemplos son: “El tiempo lo cura todo”, “A él /ella no le gustaría que sufrieras”, “No lo pienses que es peor”, “Tú lo que tienes que hacer es distraerte”, “Hay que ser fuerte”, “Si no lo superas, no dejas descansar al fallecido”, “Los que estamos aquí necesitamos que estes bien”. En la mayoría de las ocasiones, lo mejor sería un: “No sé qué decirte, porque no creo que existan palabras que puedan aliviar tu dolor”. O, simplemente, dar un abrazo”. 

Transitar la tristeza, la pena y el dolor por la pérdida de un ser querido no es nada fácil, pero si no lo hacemos solos, ya sea porque nos apoyemos en nuestro entorno, o en un profesional, y no nos convertimos en nuestro peor aliado, se convierte en un camino más ancho, más llano y más llevadero, donde tú y solo tú marcas el ritmo.