Hace unos días, Ana Obregón emprendió vuelo rumbo a Mallorca, el paraíso de los Obregón desde hace más de cinco décadas. No estaba sola. A su lado, siempre sonriente y con la energía de un torbellino incansable, se encontraba Anita, su "Anita dinamita", la niña por la que no solo recuperó la sonrisa, sino las ganas de vivir. Y aunque ha confesado que es "un poco trasto", se quieren y se entienden a las mil maravillas. Con tres años y cuatro meses, la hija de Aless se ha convertido en la mejor fuente de energía de la actriz y empresaria. Una dosis de adrenalina pura para esos tiempos turbulentos en los que se avecinan cambios difíciles de asumir.
Hagamos un recorrido por los antecedentes. El pasado 15 de julio, en el aeropuerto de Madrid, Ana Obregón respondió con un lacónico "me temo que a lo mejor sí", cuando le preguntaron sobre si este sería su último verano en El Manantial. Un jarro de agua fría que cae no solo sobre ella, sino también sobre todos sus hermanos.
Muy conjuntadas, las dos disfrutaron de un día de sol y playa, en el que se intercambiaron continuamente muestras de cariño y complicidad
Después de mucho pensarlo, y mucho pasarlo mal, los cinco acordaron, tras la muerte de Antonio García, el patriarca, vender esa casa donde habían vivido juntos algunos de los momentos más felices de sus vidas. De hecho, El Manantial ha sido la residencia veraniega de los Obregón por más de cinco décadas: de los años setenta del siglo XX a la actualidad. Demasiados recuerdos conviviendo en un mismo espacio: "Me da muchísima pena poner a la venta esta casa, que construyó mi padre. Va a ser difícil y duro, pero entiendo a mis hermanos. Es un lío mantener una casa tan grande".
El secreto de Ana Obregón para mantenerse en forma a los 71 años: "Mi deporte es mi niña, que no para"
"Pero yo, cuando estoy aquí, veo a mi hijo correteando por sus pasillos. Sinceramente, me duele", nos reveló durante el verano de 2025. Fue entonces cuando nos confirmó, en estas mismas páginas, que El Manantial se ponía a la venta. No obstante, como demuestra el hecho de que ahora mismo Ana y Anita estén pasando unos días allí, este julio aún está disponible para ellas, tanto la casa como su fabulosa finca, de unos 8.000 metros cuadrados.
Una vez desembarcadas en Mallorca, Ana Obregón ha sido capaz de sacudir las tristezas y enfocarse en disfrutar lo más que pueda de la infancia de Anita, quien, con tan corta edad, ya se ha hecho fan de las islas Baleares. Y si Anita está feliz, Ana Obregón se mentaliza para estarlo por ella. Como nos confesaba hace un año: "Por mucho que le siga poniendo empeño, los veranos son agridulces. A veces no sé ni cómo estoy en pie, pero lo estoy". La ausencia de su hijo, Aless, y ya han pasado seis años sin su vitalidad infinita, no es una herida que se vaya a curar. Esa dura lección la aprendió hace mucho la actriz, pero también aprendió que hay que moverse por objetivos en la vida, y su objetivo, hoy por hoy, en brindar la más feliz de las infancias a Anita.
Después de un día intenso, con cubo y pala en mano, se tomaron un buen rato de descanso a la orilla del mar
El sol, a pesar de los nubarrones
¿Y qué mejor que volver siempre a los viejos sitios donde se amó la vida? En este caso, a Mallorca, con las maletas llenas de trajes de baño de alegres colores, de pareos, de gorros, de cubos y palas… y de las ilusiones intactas de Anita por jugar a los castillos de arena. Aunque, este año, Ana Obregón tenga que lidiar con la dura pregunta de si este será el último verano que dormirá entre los muros de El Manantial, también es el momento de contemplar cómo Anita es una gran compañera de vida, que se parece cada día más a su hijo. Por eso, más allá de los malos tragos, lo ha vuelto a hacer: ha sacado a relucir su fuerza y ha demostrado que, al mal tiempo, buena cara… y tipazo.
Bajó a la playa con Anita —las dos, de rojo—, jugó recostada en la arena con una pala y un cubo, se remojó y encontró en la sonrisa de la pequeña una razón más que suficiente para sacar fuerzas de flaqueza: "Anita es clavada a su padre —nos dijo en el verano de 2025—. Es un clon. Pienso que Dios ha querido que sea así". Y no solo eso: la pequeña es divertida, parlanchina, alegre… Por eso, "Anita dinamita" será capaz de dibujar una sonrisa en Ana Obregón aunque se despida de El Manantial, esa magnífica residencia de mil metros cuadrados en una sola planta y con jardines infinitos de gran valor económico, pero, sobre todo sentimental, donde siempre halló un refugio. Ah, y para los lectores más curiosos que se pregunten, a tenor de estas fotografías, cuál es el secreto de Ana Obregón para tener una silueta tan esbelta, a los 71 años, ella misma nos ha dado la respuesta recientemente: "Mi deporte es mi niña, que no para, porque está todo el día andando, corriendo de aquí para allá. Y ese es".












