Ya sabemos que, por mucho que hagamos en casa versiones healthy de los postres y dulces tradicionales, esto no significa que podamos abusar de ellos. Sin embargo, para ocasiones puntuales, sí pueden resultar una alternativa interesante: si preparamos en casa este tipo de recetas, podremos reducir las cantidades de azúcar (o, directamente, prescindir de este ingrediente), utilizar harinas integrales en lugar de refinadas, emplear mejores grasas a nivel nutricional…
Es el caso de la alternativa a las clásicas cookies que hoy queremos enseñaros a preparar. Se trata de unas galletas de coco y almendra, para cuya elaboración no usaremos azúcar ni la clásica harina de trigo. En su lugar, vamos a apostar esta vez por la harina de mijo, que de forma natural se trata de un producto libre de gluten. Si nunca has usado mijo en tus recetas, vamos a conocer un poco mejor este ingrediente:
¿QUÉ ES EL MIJO?
En realidad, el mijo no es una única especie vegetal, sino el nombre que se utiliza para un grupo de cereales de grano pequeño pertenecientes a distintas especies de gramíneas. Entre ellos encontramos el mijo común (Panicum miliaceum), el mijo perla (Cenchrus americanus), el mijo cola de zorra (Setaria italica) o el mijo dedo (Eleusine coracana), entre otros. Todas estas especies pueden utilizarse como alimento y han formado parte de la alimentación tradicional de diferentes pueblos, especialmente en África y Asia. Sin embargo, no todas tienen la misma presencia en el mercado ni se consumen de la misma manera. En España, cuando encontramos simplemente 'mijo' en una tienda de alimentación, normalmente se trata del mijo común (Panicum miliaceum).
¿A QUÉ SABE EL MIJO Y CUÁLES SON SUS PROPIEDADES NUTRICIONALES?
El mijo tiene un sabor suave y ligeramente dulce, con un pequeño matiz que recuerda a los frutos secos y a los cereales tostados. No es un cereal de sabor intenso, por lo que combina fácilmente tanto con ingredientes dulces como salados. Cuando se tuesta antes de cocinarlo, su sabor se vuelve algo más profundo y aromático.
Desde el punto de vista nutricional, el mijo aporta principalmente hidratos de carbono complejos y también contiene una cantidad apreciable de proteínas, fibra y minerales como el magnesio, el fósforo y el hierro. Su composición puede variar según la variedad y el grado de procesamiento. Una de sus características más interesantes es que, como decíamos, no contiene gluten de forma natural, por lo que puede formar parte de una alimentación sin esta proteína.
¿CUÁLES SON LOS USOS CULINARIOS DEL MIJO?
Su uso culinario depende en gran medida del formato en el que se presenta. El mijo puede encontrarse principalmente en forma de grano, harina, copos o mijo hinchado, y cada uno de estos formatos tiene unas aplicaciones diferentes.
- Grano: Se cuece y puede utilizarse como acompañamiento, de una manera similar al arroz o a otros cereales. También se incorpora a ensaladas, rellenos, hamburguesas vegetales o preparaciones más cremosas. La textura final depende de la cantidad de agua y del tiempo de cocción. Además, puede tostarse ligeramente antes de cocinarlo para intensificar su sabor.
- Harina: La harina de mijo se utiliza principalmente en repostería y panificación. Puede formar parte de galletas como las que vamos a hacer hoy, de bizcochos, magdalenas, tortitas, crepes, panes y otras masas. Puede ser integral o refinada, según el grado de molienda y el procesamiento del grano.
- Copos: Los copos de mijo se obtienen a partir del grano, que se procesa hasta adquirir una forma más fina y fácil de cocinar. Se utilizan sobre todo en desayunos, porridge, granolas y mezclas de cereales, y también pueden incorporarse a masas de galletas o barritas.
- Mijo hinchado: El mijo hinchado es ligero y crujiente y se utiliza principalmente en desayunos y elaboraciones en las que se busca aportar textura. Puede incorporarse a granolas, mezclas de frutos secos, barritas y determinados postres.
GALLETAS SIN AZÚCAR DE MIJO INTEGRAL, ALMENDRA Y COCO, PASO A PASO
Vamos ahora con la receta de galletas que comentábamos al principio. Es solo un ejemplo de cómo podemos utilizar la harina de mijo, y una buena forma de empezar a familiarizarnos con ella y experimentar en casa con otras recetas.
Ingredientes (10-12 galletas)
- 100 g de harina integral de mijo
- 60 g de almendra molida fina
- 25 g de coco rallado deshidratado, sin azúcar y lo más fino posible
- 40 g de mantequilla sin sal
- 1 huevo pequeño, unos 45-50 g sin cáscara
- 35-40 g de eritritol en polvo
- ½ cucharadita de extracto de vainilla
- ½ cucharadita de canela molida
- ½ cucharadita de levadura química (unos 2 g)
- 1 pizca de sal
Para decorar:
- 25-30 g de almendras laminadas o almendras crudas picadas en trozos irregulares
ELABORACIÓN
Prepara el horno y la bandeja:
Precalienta el horno a 170 ºC, con calor arriba y abajo y sin ventilador. Mientras alcanza la temperatura, cubre una bandeja de horno con papel vegetal para evitar que las galletas se peguen y poder retirarlas fácilmente una vez horneadas.
Mezcla los ingredientes secos:
Pon en un bol amplio la harina integral de mijo, la almendra molida, el coco rallado, el eritritol en polvo, la levadura química, la canela y la sal. Mezcla todos los ingredientes con unas varillas manuales o con una cuchara hasta que estén perfectamente repartidos.
Prepara la mezcla líquida:
Derrite los 40 g de mantequilla a fuego muy suave o en el microondas, procurando que no llegue a calentarse demasiado. Una vez derretida, déjala reposar un par de minutos para que pierda algo de temperatura. En otro recipiente, bate ligeramente el huevo y añade la mantequilla derretida y la vainilla. Mezcla todo hasta obtener una preparación homogénea.
Forma la masa:
Vierte la mezcla líquida sobre el bol de los ingredientes secos y remueve con una espátula hasta que todo quede bien mezclado. Cuando la espátula empiece a ofrecer resistencia, puedes terminar de unirla con las manos.
La masa debe quedar blanda pero compacta y fácil de moldear, de manera que puedas formar una bola sin que se deshaga.
Si notas la masa excesivamente seca, añade una cucharadita de agua o de leche y vuelve a mezclar. Si todavía fuera necesario, incorpora otra cucharadita, pero siempre poco a poco para no convertir la masa en una preparación demasiado húmeda.
Si, por el contrario, la masa resulta demasiado pegajosa, déjala reposar unos minutos antes de añadir más harina. La harina de mijo y el coco seguirán absorbiendo humedad durante ese tiempo y es posible que la masa adquiera por sí sola la consistencia adecuada.
Deja reposar la masa:
Una vez preparada, deja reposar la masa durante 10 minutos a temperatura ambiente. Este pequeño descanso permite que la harina de mijo y el coco terminen de hidratarse y hace que la masa sea más fácil de trabajar. Además, ayuda a que las galletas mantengan mejor su forma durante el horneado.
Forma las galletas:
Divide la masa en 10 a 12 porciones aproximadamente iguales (de unos 23–25 g cada una). Forma una bola con cada porción y colócala sobre la bandeja preparada, dejando algo de espacio entre ellas. A continuación, aplasta cada bola suavemente con la palma de la mano hasta obtener un disco de unos 5–6 cm de diámetro y aproximadamente 1 cm de grosor.
Es preferible no hacerlas demasiado finas. Queremos que tengan suficiente grosor para que puedan dorarse por fuera mientras conservan un interior tierno.
Añade las almendras:
Reparte las almendras laminadas o picadas sobre la superficie de las galletas. No es necesario cubrirlas por completo. Presiona ligeramente las almendras con los dedos para que queden parcialmente incrustadas en la masa.
Hornea las galletas:
Introduce la bandeja en la parte central del horno, que debe estar ya completamente precalentado, y hornea las galletas a 170 ºC durante unos 13-15 minutos.
El tiempo exacto dependerá un poco del horno y del tamaño de las galletas, así que empieza a vigilarlas a partir de los 12 minutos. Estarán listas cuando los bordes y la base hayan adquirido un bonito tono dorado y la superficie se vea seca, aunque el centro todavía puede parecer ligeramente blando.
Deja que se enfríen:
Una vez fuera del horno, deja las galletas 10-15 minutos sobre la propia bandeja, sin intentar moverlas inmediatamente. Recién horneadas estarán bastante frágiles y blandas, pero irán endureciéndose a medida que pierdan temperatura. Cuando hayan adquirido suficiente consistencia, pásalas con cuidado a una rejilla y déjalas enfriar completamente.








