Aunque los jóvenes siguen creyendo en el valor del esfuerzo, seis de cada diez asume que no podrá progresar en su vida por condicionantes externos. Es una de las conclusiones del “I Barómetro Retos y Aprendizajes. Posturas juveniles sobre los desafíos formativos y profesionales”, realizado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud, con el apoyo de Banco Santander y Telefónica. Además, las decisiones sobre su formación y su futuro laboral están marcadas por la incertidumbre. Por eso, el 64,7% de los encuestados señala la necesidad de contar con ingresos a corto plazo como uno de los principales condicionantes a la hora de decidir su futuro profesional.
¿Cómo les afecta este panorama? ¿Puede marcarles hacia la desesperanza? Hablamos de ello con María Martín-Vivar, doctora en Psicología Clínica, presidenta de la Asociación Española de Psicología del Niño y Adolescente (APSNAE) y docente en la Universidad Francisco de Vitoria.
Cuidar la salud mental, aprender a tolerar la frustración y desarrollar habilidades para adaptarse a los cambios son tan importantes para el futuro como cualquier formación académica o profesional
¿Qué supone para una persona que está empezando a vivir asumir que no podrá progresar en su vida por condicionantes externos?
Implica aprender a convivir con mayores niveles de incertidumbre que generaciones anteriores. También exige desarrollar más capacidad de adaptación, aprovechar los recursos disponibles y saber identificar nuevas oportunidades, especialmente en un contexto donde la tecnología está transformando constantemente la formación, el trabajo y las relaciones.
¿Esta sensación de que el esfuerzo no tiene la recompensa esperada y de que muchas cosas importantes no están bajo tu control cómo configura el carácter y las emociones: se tiende más a la depresión, a la ansiedad, al pasotismo, a la desesperanza...?
Depende mucho de cada persona y de los apoyos con los que cuente. Si se espera una recompensa inmediata, la frustración puede ser mayor. Sin embargo, el ser humano tiene una enorme capacidad de resiliencia. Muchas veces es precisamente la adversidad la que permite desarrollar fortalezas personales, recursos de afrontamiento y capacidad de superación.
¿Cómo poder ilusionar a una generación que tiene tan difícil salir adelante o acceder a logros que en otros momentos fueron mucho más fáciles como adquirir una vivienda?
Las redes sociales han hecho más visibles las dificultades y han aumentado la comparación constante con los demás. Sin embargo, dar pasos importantes en la vida siempre ha implicado asumir incertidumbres. Desde la psicología infantojuvenil trabajamos para ayudar a niños, adolescentes y familias a gestionar ese malestar, desarrollar herramientas emocionales y adaptarse de forma saludable a la realidad que les toca vivir.
En relación al trabajo, los más jóvenes parecen priorizar la calidad de vida frente a otros aspectos más valorados por generaciones anteriores, como el dinero. ¿Puede entenderse como un cambio en lo que hasta ahora se consideraba éxito en la vida?
Totalmente. Actualmente la calidad de vida se entiende como el bienestar físico, psicológico, social y emocional de la persona, una definición ampliamente respaldada por organismos como la Organización Mundial de la Salud. Por ello, muchos jóvenes incorporan a su idea de éxito aspectos muy diversos como la conciliación o la salud mental. También la idea de mantener un determinado nivel de relaciones sociales es diferente en esta sociedad frente a generaciones anteriores. Creo que la parte de ingresos económicos sigue presente, siendo diferente la planificación a largo plazo en términos de ahorro y decisiones a largo plazo.
La incertidumbre y la precariedad laboral en la que viven muchos jóvenes, ¿cómo puede afectar a sus relaciones personales y a su estado emocional?
Vivimos en una realidad diferente a la de generaciones anteriores. Un fenómeno cada vez más frecuente es el FOMO (Fear of Missing Out, por sus siglas en inglés), es decir, el miedo a perderse experiencias que otros parecen estar disfrutando. Las redes sociales pueden intensificar esta sensación y favorecer comparaciones constantes que afectan al bienestar emocional. Además, paradójicamente, estar más conectados digitalmente no siempre implica sentirse más acompañados, y algunos jóvenes pueden tender al aislamiento o a la sensación de no estar avanzando al mismo ritmo que los demás. Hay numerosos estudios que relacionan que a mayor aislamiento (o sentimiento de soledad) hay mucha mayor sintomatología relacionada con salud mental.
¿Puede estar detrás esta situación generalizada detrás de la alta prevalencia de problemas de salud mental en la adolescencia?
Con toda probabilidad sea uno de los factores implicados. La incertidumbre sobre el futuro genera malestar emocional, aunque la persona es resistente a la adversidad, no toleramos bien la incertidumbre. Sin embargo, también debemos tener en cuenta que actualmente existe una mayor concienciación social sobre la salud mental, mejores herramientas de detección en los sistemas sanitarios y un acceso más amplio a recursos especializados. Además, la experiencia de la pandemia ha aumentado nuestra sensibilidad hacia el sufrimiento psicológico y la importancia de pedir ayuda cuando es necesario, incluso ante los primeros síntomas de malestar, consiguiendo prevenir mayor malestar.
A la hora de orientarlos sobre su futuro, que se vislumbra complicado, ¿qué consejos realistas, pero motivadores pueden dar los padres a sus hijos adolescentes?
Les recomendaría fomentar la autoconfianza y la sensación de competencia de sus hijos, ofrecerles apoyo emocional y oportunidades de aprendizaje, y enseñarles que el autocuidado forma parte del éxito personal. Cuidar la salud mental, aprender a tolerar la frustración y desarrollar habilidades para adaptarse a los cambios son inversiones tan importantes para el futuro como cualquier formación académica y profesional.
Me animaría además a decirles que los jóvenes no son una generación menos preparada, ni menos comprometida. Están afrontando desafíos diferentes y necesitan herramientas diferentes para hacerlo, siendo la familia (soporte, seguridad y comunicación) lo que siempre prevalece como garantía de éxito.








