Las cantantes Rosa López y Natalia tienen opiniones muy distintas acerca del 25 aniversario de la primera edición del talent de éxito televisivo Operación Triunfo. Para la segunda -que pese a haber sido la quinta expulsada, ha conseguido seguir viviendo de la música gracias a, según ha dicho a ¡HOLA! ella misma, "ser una hormiguita"-, "sería una pena no hacer nada" en esta fecha tan señalada. Sin embargo, Rosa ha estallado y, a través de un vídeo en el que se ha sincerado como nunca, la ganadora de esa primera entrega del icónico concurso ha dejado claro que, si bien siente un profundo agradecimiento hacia el público que la ha acompañado desde sus inicios, ha llegado a un punto de su carrera en el que necesita poner límites y hacer valer su respeto como artista independiente.
A pesar de que el suyo ha sido un mensaje fundamentalmente reivindicativo, también encierra mucho agradecimiento y una reflexión interesante: "Mi mayor triunfo ha sido conocerme a mi misma", ha dicho. Esto nos ha llevado a preguntarnos: ¿qué significa realmente conocerse desde el punto de vista psicológico y cómo podemos saber si estamos avanzando en ese proceso? Nos hemos puesto en contacto con XX para no solo responder a esta pregunta sino también descubrir cómo evoluciona el autoconocimiento a lo largo de la vida y qué papel desempeñan las experiencias, también las difíciles, en ese proceso.
Qué significa que el mayor triunfo de Rosa haya sido conocerse a sí misma, según la psicología
María Jesús Andrés, psicóloga y Fundadora de Psicomaster, nos explica que, "desde la psicología, y en concreto desde el trabajo que hacemos con el apego y la identidad, conocerse a uno mismo va muchísimo más allá de saber qué te gusta o cuáles son tus cualidades. Significa, sobre todo, integrar la historia personal, entender por qué reaccionamos como reaccionamos ante ciertas situaciones y aprender a escuchar las propias necesidades reales diferenciándolas de las expectativas que los demás han depositado en nosotros".
Según la experta, "conocerse verdaderamente implica un proceso de diferenciación: ser capaz de mirar hacia adentro, identificar qué es mío y qué es una proyección de los demás, y darme permiso para no cumplir con los moldes que el entorno ha diseñado para mí". Pero ahora la cuestión es, ¿cómo sabemos si lo estamos haciendo bien? En palabras de la especialista, "sabemos que estamos avanzando en ese proceso de autoconocimiento cuando empezamos a poner límites sin que nos consuma la culpa. Cuando somos capaces dedecir "no" a dinámicas o compromisos que nos desgastan, aunque sepamos que al otro lado puede haber cierta decepción".
María Jesús es clara: "Avanzas cuando pasas de actuar desde la necesidad de complacer a actuar desde el respeto hacia tus propios valores y hacia tu bienestar emocional. Y eso es exactamente lo que se percibe en las palabras de Rosa: una toma de conciencia sobre su propio valor como persona y como profesional, por encima del personaje".
Cómo evoluciona el autoconocimiento a lo largo de la vida
"El autoconocimiento no es un estado estático al que se llega de un día para otro, sino un desarrollo continuo que suele alcanzar hitos muy importantes a partir de cierta edad, como esa barrera de los 40 o 45 años a la que Rosa hace referencia", aclara María Jesús cuando le preguntamos cómo evoluciona el autoconocimiento a lo largo de la vida. "Con los años y la acumulación de vivencias, ganamos perspectiva", añade. Asegura que "la madurez nos da la capacidad de observar nuestras emociones con mayor distancia crítica, permitiéndonos tomar decisiones menos impulsivas y más alineadas con lo que realmente necesitamos".
Según la psicóloga, "las experiencias difíciles, las decepciones laborales o el sentimiento de no sentirte respaldado por la industria cuando tú lo has dado todo, actúan como verdaderos catalizadores de este proceso. El dolor o el agotamiento acumulado nos obligan a parar y a hacernos preguntas incómodas".
Para terminar, María Jesús recuera que las crisis emocionales o los momentos de saturación son generalmente los que rompen la inercia de estar en "piloto automático". "Estas vivencias duras nos enseñan a detectar lo que en terapia llamamos afecto "plastificado" o "falso reconocimiento": situaciones donde hay mucho cariño superficial, pero falta una valoración auténtica y justa. Pasar por ahí te enseña a proteger tu energía, a resignificar el éxito y a entender que el verdadero triunfo no es encajar en las expectativas de una industria o de un grupo, sino mantener la coherencia interna y el autorrespeto".







