Hay momentos en los que somos felices y, sin embargo, sentimos una pequeña punzada de tristeza. Puede ocurrir durante un viaje que llevábamos meses esperando, al celebrar un cumpleaños, cuando un hijo se independiza o en una cena con amigos que sabemos que tardará en repetirse. Estamos disfrutando, pero al mismo tiempo nos asalta un pensamiento que no nos hace bien.
Mario Benedetti consiguió resumir esa contradicción en apenas unas palabras: "Nunca pensé que en la felicidad hubiera tanta tristeza". Una frase que puede parecer paradójica, pero que describe una experiencia psicológica bastante común. Porque la felicidad y la tristeza pueden ir de la mano y, según explica la psicóloga Violeta Acedo, esto no significa necesariamente que seamos menos felices. Puede ocurrir precisamente porque somos conscientes de cuánto nos importa aquello que estamos viviendo.
¿Quién fue Mario Benedetti?
Mario Benedetti (1920-2009) fue uno de los escritores uruguayos más importantes del siglo XX y uno de los autores latinoamericanos más leídos. Poeta, novelista, ensayista y periodista, escribió sobre el amor, fundamentalmente. También sobre la soledad, el paso del tiempo o la política.
Entre sus obras más conocidas se encuentran La tregua, Gracias por el fuego y poemarios como Poemas de la oficina o El amor, las mujeres y la vida. Otro de los poemas más célebres y que muchas recitamos en la adolescencia fue Hagamos un trato, pieza poética que habla de la importancia de permanecer al lado de aquellos que queremos.
¿Por qué puede haber tristeza en la felicidad?
"Las emociones no siempre aparecen de una en una", explica Violeta Acedo. Tendemos a pensar que, si estamos felices, no deberíamos sentir tristeza y que, si estamos tristes, no podemos estar disfrutando. Pero nuestra vida emocional es bastante más compleja.
La psicóloga habla de las llamadas "emociones mixtas", que aparecen especialmente en momentos que implican algún tipo de final: una graduación, una despedida, una mudanza, vender una casa o el cierre de una etapa importante. Podemos sentir alegría porque algo nuevo comienza y tristeza porque dejamos atrás algo que ha sido importante para nosotros.
Existe incluso un término utilizado en investigación, poignancy, para describir esa experiencia agridulce en la que conviven emociones positivas y negativas. "No siempre estamos tristes porque algo vaya mal, a veces estamos un poco tristes precisamente porque algo ha sido muy bueno", señala Acedo.
¿Podemos echar de menos algo que todavía tenemos?
Sí. Y probablemente todos lo hemos experimentado alguna vez. Violeta Acedo habla de "nostalgia anticipatoria": podemos empezar a echar de menos una experiencia antes incluso de que haya terminado.
Sucede cuando estamos de vacaciones y pensamos "voy a echar muchísimo de menos esto", cuando miramos a nuestros hijos y sabemos que algún día añoraremos precisamente esa edad o cuando estamos con unos amigos y somos conscientes de que probablemente esa noche nunca volverá a repetirse exactamente igual.
Y es que cuanto más importante es algo para nosotros, más conscientes podemos ser también de que no durará para siempre. "Puedes estar mirando a alguien a quien quieres muchísimo y sentirte feliz por tenerlo delante y, casi en el mismo instante, pensar que algún día ese momento ya no existirá", explica la psicóloga.
¿Nos ocurre más a medida que cumplimos años?
No existe una edad a partir de la cual nos volvamos necesariamente más nostálgicos. Sin embargo, Acedo señala que conforme acumulamos experiencias, también acumulamos finales. Algunos amigos se alejan, familiares que nos dejan, las relaciones cambian, dejamos casas en las que hemos sido felices y terminan etapas que pensábamos que durarían mucho más.
Quizá por eso, con los años, comprendemos mejor que dos emociones aparentemente contradictorias pueden ser ciertas al mismo tiempo. Podemos estar orgullosos de un hijo que se independiza y echarle de menos, alegrarnos por cumplir años y sentir cierta nostalgia por el tiempo pasado o desear empezar una nueva etapa y sentir pena por la que dejamos atrás.
La tristeza también puede ayudarnos a disfrutar
Aceptar esta mezcla de emociones puede ayudarnos a no interpretar cualquier atisbo de tristeza como una señal de que algo va mal. Hay tristezas que nacen del sufrimiento, pero otras simplemente nos recuerdan cuánto significa algo para nosotros.
Violeta Acedo propone una diferencia que cambia nuestra manera de vivir esos momentos. Podemos pensar "no quiero que esto termine" o aceptar que terminará y decirnos "quiero estar aquí mientras ocurre".
Quizá ahí se encuentre el verdadero significado de la frase de Benedetti. La felicidad no siempre es una emoción limpia, permanente y sin fisuras. A veces contiene nostalgia, miedo a perder lo que queremos y cierta tristeza por saber que nada permanece exactamente igual. Y quizá algunas de las tristezas más bonitas sean precisamente esas: las que aparecen cuando somos felices y sabemos que algún día echaremos de menos exactamente ese momento.









