Izaskun Basterra, psicóloga, sobre las personas que lloran en redes: "Buscar atención no es necesariamente algo negativo"


¿Por qué hay tanta gente compartiendo estos momentos íntimos? Analizamos el fenómeno con nuestra experta


Mujer triste llorando© Getty Images
14 de septiembre de 2026 a las 20:01 CEST

Una persona mira a la cámara de su móvil, explica lo que le ocurre y rompe a llorar. Otra se graba después de una discusión, una ruptura o un día especialmente difícil. Ambas lo comparten en sus redes sociales, y algunos de los que vemos esos vídeos preguntándonos cómo se atreven a llorar delante de tanta gente. 

También, al mismo tiempo nos preguntamos por qué engancha verles llorar. No a todo el mundo, pero sí que hay un colectivo que busca este contenido. ¿Hemos perdido el pudor? ¿Nos alegramos del mal ajeno? ¿Por qué se ha puesto tan de moda llorar en redes? Es más, si alguien está tan mal, ¿por qué ha cogido el móvil para grabarse?

Mujer llorando con el móvil en la mano© Getty Images

Las lágrimas en redes despiertan reacciones muy distintas. Hay quien agradece que los influencers muestren una vida menos perfecta y quien desconfía de un sufrimiento que llega acompañado de un encuadre cuidado, música y subtítulos. Parece que incluso para mostrarnos vulnerables hay expectativas: llorar, sí, pero "llorar bonito", de una manera que resulte comprensible y aceptable para quien está mirando.

Sin embargo, la apariencia de un vídeo no permite saber qué está viviendo su protagonista. La psicóloga sanitaria Izaskun Basterra propone desplazar la pregunta: en lugar de decidir si esas lágrimas son auténticas o una búsqueda de atención, conviene entender qué necesita esa persona y qué función cumple para ella compartirlas.

Mujer pensativa con cara triste© Getty Images

¿Por qué hay personas que se graban llorando?

Para Basterra, lo que ha cambiado es, sobre todo, el contexto en el que expresamos nuestras emociones. Las redes permiten compartir públicamente experiencias que antes quedaban en un círculo reducido. Eso no implica que sintamos de una forma completamente distinta, sino que tenemos otras posibilidades para mostrar lo que nos ocurre y recibir una respuesta.

"Cuando es frente a la cámara funciona como una especie de puente entre la experiencia emocional privada y la necesidad de ponerla en palabras y compartirla", explica la psicóloga. Hablar puede ayudarnos a ordenar aquello que sentimos, también cuando lo hacemos delante de un móvil.

Pero grabar y publicar no son exactamente lo mismo. Según Basterra, grabarse puede ayudar a organizar las emociones y darles significado. Compartirlo añade otra posibilidad: recibir apoyo, encontrar comprensión o sentir que alguien está al otro lado. La persona puede buscar varias de estas cosas a la vez sin tener del todo claro cuál necesita más.

Mujer seria delante del ordenador© Getty Images

¿Mostrar lágrimas significa buscar atención?

Como decíamos, es una de las críticas más habituales: "Si se graba llorando, es porque quiere llamar la atención". El problema está en utilizar esa expresión como si demostrara que el sufrimiento es falso.

"Buscar atención no es necesariamente algo negativo. Necesitar que los demás nos presten atención, nos escuchen o nos acompañen forma parte de las necesidades humanas", señala Basterra. Querer que alguien se dé cuenta de que estamos mal puede ser una forma de pedir compañía, aunque no sepamos expresarlo de otra manera.

La psicóloga insiste en que ambas cosas pueden coexistir: "Una persona puede estar atravesando un sufrimiento real y, al mismo tiempo, querer que otras personas lo vean y respondan". La necesidad de ser escuchado no invalida lo que siente.

También puede haber una búsqueda de validación. Basterra la distingue de la interpretación despectiva que solemos darle: a veces no se trata de querer protagonismo, sino de necesitar que alguien confirme que lo que sentimos es normal. Encontrar ese reconocimiento puede hacer más llevadera una experiencia difícil.

Mujer joven llorando delante de un ordenador© Getty Images

¿Por qué resulta más fácil contárselo a desconocidos?

Puede parecer contradictorio que alguien comparta una situación dolorosa con miles de personas y no encuentre cómo hablar de ella con su familia o sus amigos. Sin embargo, la cercanía también puede añadir dificultades.

"Con alguien cercano hay mucho más en juego: miedo a decepcionar, a preocupar al entorno, a sentirse juzgado", explica Basterra. Una conversación con alguien importante puede despertar temor a que cambie la relación o la imagen que esa persona tiene de nosotros.

Con una audiencia desconocida existe una distancia que, paradójicamente, puede proporcionar sensación de seguridad. Además, quien publica elige cuándo hablar y qué parte de su experiencia mostrar. Esa capacidad de elección puede facilitar que se atreva a contar algo que le cuesta expresar cara a cara.

Encontrar personas que han pasado por situaciones similares también ayuda. Como señala la experta, puede aparecer una comunidad que reconoce la experiencia sin que tengamos que explicarla desde cero. Sentirnos comprendidos puede ser especialmente valioso cuando creemos que nadie de nuestro entorno entenderá lo que nos sucede.

Mujer triste mirando el móvil © Getty Images

¿Qué es la 'resaca emocional' después de publicar?

Compartir un momento difícil puede traer mensajes cariñosos y una sensación de acompañamiento. Pero ese alivio no elimina los riesgos de la exposición. "Una vez que algo se publica, perdemos parte del control sobre quién lo ve, cómo lo interpreta o dónde termina", advierte Basterra. Elegir qué contamos no significa poder controlar después todas las reacciones ni el recorrido de ese contenido.

Cuando disminuye la intensidad emocional, además, podemos mirar lo publicado de otra manera. La psicóloga habla de una posible "resaca emocional": lo que durante la crisis proporcionó alivio puede despertar después vergüenza, arrepentimiento o sensación de vulnerabilidad. Ambas experiencias pueden formar parte del mismo proceso.

Mujer rubia con flequillo mirando por el balcón © Getty Images

¿Cómo saber si compartir lo que sentimos nos ayuda?

La cuestión no es establecer que llorar ante una cámara esté siempre bien o siempre mal. Basterra recomienda preguntarnos qué necesitamos cuando lo hacemos y si la forma elegida realmente nos ayuda.

Quizá buscamos desahogarnos, pero no queremos recibir opiniones. O necesitamos compañía, aunque nos incomode que tantas personas conozcan un asunto íntimo. Distinguir esas necesidades puede ayudarnos a decidir qué compartir y qué preferimos reservar para una conversación privada.

La psicóloga recuerda la importancia de conservar relaciones y espacios donde podamos mostrarnos vulnerables "sin necesidad de convertir esa experiencia en contenido". Las redes pueden ofrecer apoyo, pero no todo lo que sentimos tiene que publicarse para ser reconocido.

No necesitamos llorar bonito ni demostrar ante una audiencia que nuestro dolor merece atención. Podemos compartirlo, si nos ayuda, y también protegerlo. Lo importante es que esa elección responda a lo que necesitamos, no únicamente a lo que otros esperan ver.