RUTA GASTRO

La ciudad romana de Galicia donde se tapea gratis entre murallas, pulpo y tortillas


Bueno, algo hay que gastar porque las bebidas no son gratis. Pero las tapas sí y, además, bien generosas, algo insólito ya en España, donde desde la crisis de 2008 solo ponen aceitunas de cortesía en los bares y, si te tomas un gin-tonic, cuatro gominolas


Muralla romana y catedral de Lugo, Patrimonio de la Humanidad© Alamy Stock Photo
7 de noviembre de 2026 a las 9:00 CET

Esta ciudad fue fundada en el año 25 a. C. con el nombre de Lucus Augusti (“el bosque sagrado de Augusto”) y, aunque la lima del tiempo ha desgastado su nombre hasta dejarlo en cuatro letras, no ha mermado un ápice la hospitalidad que da en ella desde antiguo a los viajeros llegados de lejanas tierras. A finales del siglo XV, dentro de las murallas romanas de Lugo había siete hospitales de peregrinos. Hoy los forasteros se sienten igual de bien tratados en la capital lucense, alternando con los vecinos en los muchos bares que hay y picoteando sin parar. Al arrimar la tarjeta al datáfono, no se llevan un calambrazo: las tapas son gratis.

Tapa de alitas en el bar Breoghan, Lugo© andrés Campos
Tapa de alitas en el bar Breoghan.

AVE, CÉSAR, LOS QUE VAN A TAPEAR GRATIS TE SALUDAN

La Rúa Nova es la calle de los vinos por antonomasia, donde se concentra un mayor número de bares; difícil saber cuántos porque quienes tratan de contarlos acaban viendo doble. Diplopía inducida por el alcohol, llaman a esto los oftalmólogos. Bajando por ella 140 metros desde la Porta Nova, en la esquina con Bolaño Rivadeneira, se encuentra el Breoghan, donde hay cuatro tapas calientes para elegir y, cada poco, pasa el dueño invitando a picar de una tortilla de patatas gruesa y consistente, más parecida a las que cuajaban bien cuajadas en tiempos de Augusto que a las que en 1910 empezaron a dejar casi líquidas en Betanzos, que es imposible pincharlas ni, por ende, convidar a un dado. Hasta aquí no hay muchos bares, pero la cosa empieza a ponerse interesante al pasar junto al jardín trasero del Museo Provincial. En el número 13 está el Mesón da Rúa, un local donde triunfan las gambas al ajillo, el pulpo á feira, las zamburiñas y las almejas a la marinera. En el 10, el bar Ave César, cuyo lema es “los que van a beber te saludan” y cuya tapa estrella es el raxo con patatas. Y ocho más adelante, en el 2, el restaurante Campos, donde sirven buenas tapas –salpicón, riñones, empanada…– y raciones aún más ricas, pero no baratas, como la de callos a la gallega.

Tapeando en el restaurante Campos, en la calle de los vinos, Lugo© Andrés Campos
Restaurante Campos, en la calle de los vinos.

En la calle Bispo Basulto, que es la prolongación natural de la anterior para cualquiera que vaya tapeando por el centro histórico, hay que parar en Taberna Daniel para probar sus famosas tortillas y en Beira Tapería para matar el gusanillo con sus tapas de pulpo y dejarlo enterrado bajo una ración de croquetas de chipirones en su tinta. Si aún queda sitio en el estómago, a la vuelta de la esquina, en Rúa da Cruz, el bar Las Cinco Vigas lo llena con tapas de lengua estofada y de ternera al vino tinto.

mural copora, de yoe33, junto a la muralla de lugo© Andrés Campos
Mural Copora, de yoe33, junto a la muralla de Lugo.

Dos últimas recomendaciones en el recinto amurallado de Lugo. Una, O Candil, en la Praza do Cantiño, que es un mesón muy apreciado por su pulpo á feira, por su oreja y por su tortilla jugosa (¡ya estamos!). Y dos, O Rincón do Bocata, en Rúa Montevideo, al lado de la Porta do Bispo Odoario, cuyas especialidades son los bocadillos de pan artesanal –muy goloso, el Aidi, de carne mechada– y las tapas de arroz guisado con pollo o lomo de cerdo con las que agasaja sonriente el dominicano Elvis García.

Terraza delante de la catedral de Lugo© Andrés Campos
Terraza delante de la catedral de Lugo.

COSAS QUE SE VEN, PERO NO SE COMEN EN EL CASCO HISTÓRICO

Además de para tapear, el recinto amurallado es la mejor zona para pasear –es peatonal–, viendo cosas antiguas y/o bonitas. Empezando por la propia muralla, que es Patrimonio de la Humanidad y que puede recorrerse por encima caminando media hora –mide 2.117 metros–, una si nos paramos a admirar los grandes murales que hay pintados en las casas aledañas. Paseando 150 metros sobre ella desde la Porta Nova en sentido antihorario, se descubre el magnífico Julio César de Diego As, elegido mejor mural del mundo en 2021 por los usuarios de la plataforma internacional Street Art Cities. Y avanzando otros 400 metros, siempre por encima de la redonda muralla, se llega junto a Copora, de Yoe33, el tercer mejor mural del planeta en 2023.

También son espectaculares las esculturas que adornan el jardín trasero del Museo Provincial, al que se accede directamente por la calle de los vinos, la Rúa Nova. La catedral de Santa María, A Domus do Mitreo –la lujosa vivienda de un centurión, hallada a siete metros bajo el Lugo actual– y la Casa de los Mosaicos –también conocida como Domus Oceani, por el magnífico mosaico con la cabeza del dios del océano que la embellece– son otras tres delicias que solo se pueden comer con los ojos.

Pulpería Catra Ruas, Lugo© Andrés Campos
Pulpería Catra Ruas.

TAPEANDO EXTRAMUROS: PULPO, BANFFES Y EMPANADILLAS

Fuera de la ciudad amurallada también se tapea bien y gratis. Al norte, en el barrio de la Milagrosa, se encuentran dos de las dos mejores pulperías de Lugo: A Lareira (Mallorca, 1) y Catro Rúas (Camiño Real, 152). Gratis, las raciones de octópodo no son, pero las tapas que ponen de aperitivo con cada vaso de albariño, ribeiro o godello, sí. En el barrio de A Residencia, también en el norte de Lugo, está La Romería Coffee & Co (Tino Prados, 2). Aquí el café se acompaña con un alfajor, un banoffee o cualquier otra golosina argentina a modo de tapa de cortesía. El dulce de leche es el rey de este local gobernado por Jennipher Chaldú, muchos de cuyos clientes son, como ella, hijos de gallegos que emigraron a Argentina y retornaron a España, una familia numerosa y apasionada que aún revive como si hubiera sido ayer la final del Mundial de Fútbol de 2022, cuando más de 200 parroquianos se subieron a las sillas, a las mesas y a la barra para cantar, llorar y dar gracias al cielo o donde quiera que esté Maradona. El azúcar gana siempre por goleada a la sal en esta casa, pero para los hinchas de la segunda también hay un gancho, un reclamo: la pizza porteña, de masa alta y esponjosa, con base dorada y crocante y con una generosa cubierta de queso mozzarella.

tapa de empanadillas en el cafe ateneo, Lugo© Andrés Campos
Tapa de empanadillas en el café Ateneo.

Después de tapear en el casco histórico y en dos barrios del norte, nos dirigimos para acabar nuestro recorrido por Lugo al parque Rosalía de Castro, que está al sur de la ciudad amurallada, a cuatro minutos de paseo. Y nos encaminamos allí, no para saludar a los gigantes que llevan un siglo plantados en este amplio jardín –secuoyas, cedros, araucarias y árboles de 30 especies más–, sino para probar las empanadillas –de espinacas y queso feta, de lacón con setas, de pollo tandoori…– que el uruguayo Antonio Castilla pone de tapa con cualquier consumición en su Café Ateneo (Pascual Veiga, 6). Es un local para amigos del arte y la tertulia, cuyas paredes azules están a disposición de cuantos desean exponer en ellas sus obras y donde los viernes por la tarde se reúnen una docena de uruguayos y argentinos para jugar al truco. Las araucarias, el acento rioplatense, el pollo tandoori… Todo eso puede parecer poco enxeitoso, poco gallego, pero el Café Ateneo es muy familiar y acogedor, como el propio Lugo.

jardin del museo provincial, junto a la calle de los vinos, lugo© Andrés Campos
Jardín del Museo Provincial.

UN GUERRERO ROMANO EN EL VESTÍBULO

El hotel EsteOeste (sercotelhoteles.com) es un buen lugar para descansar antes y después de andar tapeando por Lugo, céntrico a más no poder, en el corazón silencioso y peatonal de la ciudad amurallada. En el vestíbulo hay una escultura de un guerrero romano haciéndose un selfi con una turista, obra de Álvaro de la Vega, artista lucense del que puede verse otra pieza bien llamativa en el jardín del Museo Provincial: Cinco mans que apoian a muralla. El guerrero romano es un simpático señuelo para atraer a los viajeros, pero lo que hay debajo del hotel es muy serio: a través del suelo acristalado de la recepción puede observarse el pavimento del decumano, la calle principal que cruzaba de este a oeste la urbe romana. Otros alojamientos muy cuidados del casco histórico son el Pazo de Orbán (pazodeorban.es) y el Glam Taoo (glamtaoo.es). El primero es un palacio barroco del siglo XVIII y el segundo, un hotel apartamento boutique que hay a pocos pasos del anterior, en una rúa peatonal próxima a la calle de los vinos, pero sumamente tranquila: solo se oyen las campanas de la catedral.