Trajes de época, máscaras que llevan meses de trabajo, músicos, artistas, lanzadores de banderas y hasta un mercado italiano. Durante cuatro días, el centro de esta localidad del Tarn recuerda a una pequeña Venecia. La Escapade Vénitienne nació como el Carnaval Veneciano de Castres, una fiesta que con el tiempo se ha hecho un hueco en el calendario festivo de la ciudad, aunque no se celebra en marzo, sino a mediados de septiembre.
Los grandes protagonistas son los Masqués, personajes que llevan el rostro oculto y van vestidos con trajes inspirados en la ciudad de los canales del siglo XVIII. Detrás de cada uno hay meses de trabajo de la asociación de Masqués de Castres, que cuida con esmero la confección de las piezas y mantiene viva la tradición.
Pero la fiesta va bastante más allá de las máscaras y los disfraces. Este año, del 10 al 13 de septiembre, habrá mercado italiano, desfiles, espectáculos y actividades gastronómicas. El gran momento llega el viernes 11 con la Festa sull’acqua, una recreación inspirada en las celebraciones venecianas que tiene lugar en el río Agout. El desfile de embarcaciones avanza frente a las famosas casas de colores que se encuentran a sus orillas mientras se suceden diferentes escenas, coreografías y acrobacias, precedidas por el simbólico ‘vuelo del ángel’.
La celebración atrae cada año a miles de visitantes a Castres, una buena excusa para descubrir con calma todos los atractivos de esta ciudad de origen medieval a una hora escasa en coche de Toulouse y Carcassonne y rodeada por los paisajes verdes del Parque Natural Regional del Haut-Languedoc, que es una gran desconocida para los viajeros españoles.
LAS FACHADAS DEL AGOUT
Junto al río Agout se suceden las llamadas maisons sur l’Agout, antiguas viviendas y talleres que se levantaron directamente sobre el agua. Curtidores, tintoreros y otros artesanos aprovechaban sus aguas para sus actividades y contribuyeron al desarrollo de Castres. Hoy, rehabilitadas y convertidas en viviendas y locales con fachadas de diferentes colores, forman la imagen más característica de la ciudad.
Para contemplar la mejor perspectiva, hay que situarse en sus puentes o seguir los paseos a orillas del río, aunque también se puede admirar el conjunto a bordo de una embarcación. Es desde el agua donde Castres adquiere ese aire de pequeña Venecia del Tarn que durante estos días se hará todavía más evidente con los personajes enmascarados y los espectáculos de la Escapade Vénitienne.
El centro histórico invita a recorrer sus calles estrechas y sus plazas, entre edificios que recuerdan la historia de Castres. Allí están la plaza Jean Jaurès, dedicada al político y pensador socialista nacido en la ciudad, y la catedral de Saint-Benoît. En la parte alta se conservan los restos del antiguo castillo.
EL MUSEO GOYA
Entre este patrimonio aparece una sorpresa que tiene especial interés para los viajeros españoles: el Museo Goya. Instalado en el antiguo palacio episcopal, alberga una de las colecciones de arte español más importantes de Francia, con obras de Goya y de otros grandes maestros como Velázquez, Murillo y Alonso Cano, además de piezas de artistas más recientes como Picasso.
El propio edificio merece una visita. Construido en el siglo XVII, se abre a los jardines de l’Évêché, diseñados siguiendo los principios del célebre paisajista André Le Nôtre, responsable también de los jardines de Versalles. Sus parterres geométricos y su cuidada simetría forman uno de los espacios más elegantes de Castres.
LA NATURALEZA DEL HAUT-LANGUEDOC
Castres es también un buen punto de partida para explorar los paisajes del Parque Natural Regional del Haut-Languedoc, una extensa zona de montañas, bosques, ríos y lagos que se extiende al sur de la ciudad.
Uno de los lugares más curiosos es Sidobre, conocido por sus enormes formaciones de granito, que aparecen dispersas entre bosques y senderos con formas que parecen salidas de una gigantesca escultura natural. Algunas de estas rocas han recibido nombres relacionados con su aspecto y han dado lugar a todo un imaginario alrededor de este singular paisaje.
A unos 30 kilómetros hacia el sur se encuentra Hautpoul, una aldea medieval encaramada sobre un promontorio rocoso y vinculada a la historia de los cátaros. Desde allí, una pasarela de unos 140 metros une dos de las alturas y permite caminar hasta Mazamet mientras se disfruta de las vistas sobre el entorno natural.
Hacia el oeste, a unos 35 kilómetros, Sorèze ofrece otra excursión interesante. A los pies de la Montaña Negra, conserva la antigua abadía-escuela que en el siglo XVIII se convirtió en una de las reales academias militares de Francia. Hoy el conjunto se puede visitar como museo y permite conocer una parte menos conocida de la historia de la región.











