Después de tres meses desde el nacimiento de su segunda hija, Joaquín Prat ha vuelto hoy a televisión. Su pareja, Alexia Pla, dio a luz a la pequeña Jimena el 12 de junio y, desde entonces, el presentador no se ha separado de ellas ni un momento. Decidió coger su baja de paternidad unos días antes de la fecha prevista de parto y ha dado prioridad absoluta a su familia durante los meses de verano, en los que ha aparcado momentáneamente sus obligaciones laborales. Indirectamente, Prat ha puesto en valor algo tan importante como las bajas de paternidad, que tan relegadas han estado socialmente hasta hace poco y que, en muchos aspectos, sigue estándolo hoy en día. "Ha sido muy bonito porque he podido estar pendiente de mi hija y de su madre", decía el propio presentador hace unos días a unos reporteros gráficos.
Este permiso de paternidad (como se llama legalmente desde 2021) es clave porque permite al padre construir su vínculo y desarrollar confianza en sus capacidades, como nos indica Olga Albaladejo Juárez, psicóloga experta en bienestar y salud integrativa (www.olgapsicologaycoach.com). "Nadie aprende a cuidar a un recién nacido únicamente en los ratos que quedan después del trabajo", subraya. "Se aprende cuidando, compartiendo días y noches, equivocándose, observando y volviendo a intentarlo". Y para ello, nos dice, el tiempo es la condición necesaria.
La psicóloga añade que el permiso de paternidad también facilita la recuperación física y emocional de la madre y ayuda a repartir desde el comienzo las tareas visibles y la carga mental. "Las rutinas que se establecen durante los primeros meses tienden a mantenerse y, si una persona se convierte en la cuidadora experta mientras la otra queda en la periferia, después resulta mucho más difícil equilibrar la relación".
Nadie aprende a cuidar a un recién nacido únicamente en los ratos que quedan después del trabajo
"Por eso el permiso no beneficia solamente al padre", asegura. "Protege el vínculo con el bebé, favorece el bienestar familiar y transmite una idea social importante: cuidar no es una función auxiliar ni exclusivamente femenina, sino una responsabilidad compartida".
Volver al trabajo tras el permiso de paternidad, como Joaquín Prat
Por mucho que se disfrute en el trabajo, por muy importante que sea de cara al desarrollo personal, la reincorporación laboral tras el permiso de paternidad no es fácil para muchos hombres. "Puede generar ilusión por recuperar la vida profesional y, al mismo tiempo, tristeza, culpa o sensación de pérdida por separarse del bebé", nos dice Albaladejo. "Esa ambivalencia, que durante mucho tiempo hemos atribuido casi exclusivamente a las madres, también puede formar parte de una paternidad comprometida".
Ese compromiso de Joaquín Prat refleja un cambio social. Siempre hablamos de maternidad y del indudable papel de la madre como pilar esencial en la vida del hijo, pero también el padre es clave en el desarrollo emocional del niño o de la niña. "El papel de la madre es incuestionable, y reconocerlo no obliga a colocar al padre en un segundo plano" nos dice la psicóloga experta en bienestar y salud integrativa. "Un bebé no necesita un único pilar, sino adultos que respondan a sus necesidades de forma estable y sensible. El padre debe ser uno de ellos desde el primer día, con una presencia propia, no como sustituto de la madre ni como alguien que simplemente la ayuda".
Olga Albaladejo considera que el papel del padre tiene tres dimensiones. La primera de ellas es la de la construcción del propio vínculo con el bebé. "Ese vínculo no depende únicamente de la biología ni aparece siempre como una revelación instantánea: se va creando al tomarlo en brazos, calmarlo, cambiarlo, bañarlo, dormirlo y aprender a interpretar sus señales", explica. "No se vincula solo quien alimenta; también quien está presente y cuida".
La segunda dimensión es asumir una responsabilidad real dentro del sistema familiar. "Esto implica acompañar a la madre en su recuperación, pero también hacerse cargo del bebé, de la organización cotidiana y de la carga mental que conlleva el cuidado". La especialista hace referencia a un estudio realizado en Suecia que encontró que facilitar que los padres pudieran permanecer simultáneamente en casa durante los primeros meses se relacionó con una reducción de algunas complicaciones físicas posparto y de la necesidad de atención relacionada con la salud mental de las madres. "No porque el padre deba limitarse a sostener a la madre, sino porque la presencia de otro cuidador responsable evita que todo el peso físico y emocional recaiga sobre una sola persona".
La tercera dimensión es el modelo de familia que el niño comienza a recibir desde el principio. Y esto tiene que ver, según nos indica la psicóloga, con quién cuida, quién consuela, quién está disponible y cómo se distribuyen las responsabilidades. Aunque el niño o la niña todavía no pueda explicarlo con palabras, crece dentro de esa forma de relacionarse, con todo lo que ello implica. "En definitiva, el padre no está para ocupar el lugar de la madre, sino el suyo. Y ese lugar se construye cuidando".






