Familia

Fran Serrano, psicoterapeuta familiar: "Una familia feliz no es aquella en la que las generaciones permanecen distantes, sino la que se mantiene unida, pero con independencia"


Analizamos con el experto el impacto en el bienestar emocional de los hijos cuando sus padres los siguen tratando como a niños cuando ya son adultos


Fran Serrano, psicoterapeuta familiar acreditado por la FEATF, psicólogo y presidente de la Asociación Extremeña de Terapia Familiar© FEATF
14 de octubre de 2026 a las 18:28 CEST

A medida que los hijos crecen y construyen su propia vida, la relación con los padres también debería evolucionar. Sin embargo, no siempre sucede así. Algunos progenitores continúan tratándolos como si siguieran siendo niños, tomando decisiones por ellos, cuestionando constantemente sus elecciones o manteniendo un exceso de control sobre aspectos de su vida personal, laboral o familiar. Aunque estas actitudes suelen estar motivadas por el cariño y la preocupación, pueden generar tensiones y dificultar la autonomía de los hijos adultos.

Por eso hemos hablado con Fran Serrano, psicoterapeuta familiar acreditado por la FEATF, psicólogo y presidente de la Asociación Extremeña de Terapia Familiar, quien nos explica que esta dinámica puede tener consecuencias emocionales en ambas partes. En lo que a la relación en sí se refiere, el psicoterapeuta advierte que, mientras unos hijos seguirán consultando prácticamente cualquier decisión a sus padres, otros se ponen a la defensiva ante la presión paterna o materna y se acaban distanciando de ellos.

Hacerse adulto no significa dejar de ser hijo ni ser padre significa seguir educando toda la vida

Fran Serrano, psicoterapeuta familiar acreditado por la FEATF, psicólogo y presidente de la Asociación Extremeña de Terapia Familiar

¿Por qué algunos padres siguen tratando a sus hijos como niños cuando éstos son ya adultos? (nos referimos sobre todo a adultos ‘mayores’, no tanto a chicos de 18 o 20 años)

Es un tema interesante, sobre todo ahora que se está alargando la edad de salida del domicilio familiar por lo que cuesta emanciparse. Los padres han educado a sus hijos de una determinada manera, que, en general, les ha funcionado. Y siguen haciendo lo que saben hacer, pero el problema es que los hijos crecen, evolucionan, se hacen adultos, y las dinámicas familiares no pueden seguir siendo las mismas, necesitan adaptarse, cambiar. 

Digamos que hay un equilibrio entre el niño que va dejando de serlo y los adultos que lo cuidan y lo educan. Han sido ellos quienes han protegido, aconsejado, guiado al hijo en su camino, y es comprensible que sigan una cierta inercia en eso. Renunciar a ese papel a veces es doloroso. Hay una imagen que representa este dilema muy bien: algunas aves echan del nido a sus pollos cuando ya son grandes, los empujan literalmente para que hagan su primer vuelo. Eso ayuda al nuevo pájaro a ser adulto, pero provoca en los padres un cierto comportamiento nervioso e inquieto, como si después de expulsar a los pollos, no supieran muy bien qué hacer. Es comprensible que se sientan mal por no poder seguir cuidando como lo hacían.

Pero si el hijo sigue en el hogar familiar, o demasiado cerca, es probable que los padres sigan con actitudes de protección y cuidado. Y los jóvenes necesitan sentir que pueden ser adultos, y, por tanto, autosuficientes. Esto provoca conflictos habitualmente. 

Madre abraza a su hijo, ya adulto© Getty Images/Cavan Images RF

¿Cuáles son los comportamientos de esos padres o las dinámicas más habituales en esos casos?

Se repiten algunos patrones muchas veces. Padres que siguen dando instrucciones a sus hijos sobre cosas cotidianas, cómo vestirse, en qué deben gastar su dinero, incluso, siendo abuelos, cómo deben educar a sus hijos. O padres que cuestionan las decisiones de sus hijos, y que tratan de intervenir para que decidan otra cosa.

En ocasiones aparecen comentarios aparentemente inofensivos como "Tú no sabes", "Hazme caso, que tengo más experiencia" o "Si no fuera por nosotros...". Son expresiones que pueden transmitir un mensaje implícito: sigues necesitando que nosotros te digamos cómo hacer las cosas.

Los hijos, muchas veces, no saben cómo salir de esa dinámica y, ante la presión de los padres, se alejan, se ponen a la defensiva, se distancian. Y también están los hijos que siguen consultando todo a sus padres, que buscan continuamente su aprobación y permiten, incluso buscan, la intromisión en sus asuntos.

Lo cierto es que ambas partes se siguen necesitando, pero de manera distinta. A veces necesitamos aclarar qué papel debe desempeñar cada miembro de la familia en las nuevas realidades que se van creando. 

¿Qué ocurre cuando los hijos establecen una relación estable e incluso tienen sus propios hijos y sus padres siguen tratándolos como a niños?

La situación puede complicarse cuando ya son tres las generaciones que interactúan. La familia de origen sigue siendo importante, y va a desempeñar nuevos roles necesarios, pero la nueva familia necesita construir su espacio, establecer sus normas y tomar sus decisiones. También pueden aparecer problemas con las parejas, ya que los padres pueden vivir a veces situaciones incómodas, "ahora le haces más caso a tu marido que a mí", o "pasas más tiempo con sus suegros que con tus padres". 

A veces las personas se sienten atrapadas entre lo que demanda su pareja y lo que demandan sus padres, incluida la educación de los niños. Los abuelos, inevitablemente, tendrán unos valores educativos diferentes, y esto puede generar conflicto. 

Curiosamente, a pesar de que pueda haber situaciones incómodas, los nietos facilitan el reajuste de la familia, al permitir que los abuelos desempeñen un nuevo rol, el de cuidadores, y que de alguna forma puedan seguir haciendo lo que hicieron con los hijos.

Una familia feliz no es aquella en la que las generaciones permanecen separadas y distantes, sino la que se mantiene unida, pero con cierta independencia. Encontrar ese equilibrio a veces no es fácil, y para eso están los profesionales de la terapia familiar que pueden ayudar si es necesario. 

Padre da consejos a su hijo, ya adulto© Getty Images

¿Cómo pueden los hijos frenar esa situación?

Pues sin duda son los hijos los que deben crecer, hacerse adultos, emanciparse, ser independientes. De alguna forma deberán sortear la presión de los padres por seguir tratándolos como a niños. Sin duda, tomar tus propias decisiones ayuda: seguir tu camino, marcar tus metas. Hay una frase que me gusta repetirle a los hijos: es mejor pedir perdón que pedir permiso. Porque muchos todavía consultan a sus padres cosas como si necesitaran su aprobación, y contribuyen a una excesiva atención dificultando la autonomía. Haz lo que debas, y después, si molesta, pide perdón.

Los hijos crecen, evolucionan, se hacen adultos, y las dinámicas familiares no pueden seguir siendo las mismas, necesitan adaptarse, cambiar. 

Fran Serrano, psicoterapeuta familiar acreditado por la FEATF, psicólogo y presidente de la Asociación Extremeña de Terapia Familiar

Hacerse adulto no significa dejar de ser hijo, ni ser padre significa seguir educando toda la vida. Ambas partes deben ir encajando las nuevas situaciones en una dinámica favorable y sana. Quizá una de las cosas más bonitas que puedan pasarnos sea que los hijos no nos necesiten, pero quieran seguir contando con nosotros; y a su vez, que nuestros padres nos dejen seguir nuestro camino, pero sigan apoyándonos y ayudando de alguna manera. Porque los vínculos que se han establecido durante años son una poderosa herramienta para poder crear nuevas relaciones sanas y felices.