Familia

Cómo poner límites a la suegra en la crianza de los hijos, según una psicóloga: "Cuando los roles no están claros, aparecen tensiones"


La experta en bienestar y salud integrativa Olga Albaladejo explica qué tener en cuenta en la conversación para evitar que surjan conflictos


Abuela y nieta© Getty Images/Westend61
8 de abril de 2026 a las 7:29 CEST

Los abuelos son un pilar fundamental en la crianza de los hijos y no solo desde el punto de vista emocional por todo lo que aporta esta figura en la familia y, en concreto, en los nietos, sino porque hoy en día son un sostén esencial en el cuidado de los niños. Sin ellos, muchas familias lo tendrían mucho más difícil conciliar; de hecho, en torno al 35% de los mayores de 65 años en España cuidan a sus nietos varias veces por semana, tal y como nos indica Olga Albaladejo Juárez, psicóloga experta en bienestar y salud integrativa (www.olgapsicologaycoach.com). Precisamente esa responsabilidad sobre los nietos da lugar, en no pocas ocasiones, a formas de criar que los padres de los niños no comparten.

Tiempo ilimitado frente al televisor o con el móvil, meriendas cargadas de azúcar, darles lo que piden para evitar una rabieta o un enfado… son infinidad las circunstancias en el día a día que muchos abuelos afrontan de manera diferente a cómo su hijo o hija y la pareja lo hacen habitualmente, lo que puede, además, confundir, a los niños acerca de qué es adecuado y qué no. ¿Qué hacer en esta situación? ¿Cómo poner límites a los abuelos, especialmente si son los suegros?  Olga Albaladejo da las claves al respecto.

Ceder por evitar el malestar suele generar más conflicto a medio plazo.

Olga Albaladejo Juárez, psicóloga experta en bienestar y salud integrativa

Cuando la suegra o el suegro interfieren en la manera de criar a nuestros hijos y les cuidan a menudo, ¿cómo ponerles límites sin alterar la paz familiar?

Esta es una de las tensiones más frecuentes en la familia actual, y es comprensible: según datos de Aldeas Infantiles SOS, alrededor del 35% de los mayores de 65 años en España cuidan a sus nietos varias veces por semana. Cuando hay tanta implicación, la línea entre ayudar y opinar se vuelve difusa.

El punto clave no es evitar el conflicto, sino ordenar los roles. Desde la psicología sistémica sabemos que, cuando los roles no están claros, aparecen tensiones. Los abuelos son una figura de apoyo fundamental, pero la responsabilidad educativa corresponde a los padres. Por eso, antes de hablar con ellos, es esencial que la pareja tenga claros sus propios acuerdos: qué es innegociable (salud, seguridad, valores) y qué es flexible.

A la hora de comunicarlo, funciona mejor un enfoque que combine reconocimiento y claridad: "Valoramos muchísimo todo lo que hacéis por los niños, y para nosotros es importante que en esto concreto sigamos esta pauta". No se trata de corregir, sino de marcar el marco. Y cuando las personas se sienten valoradas, es mucho más fácil que colaboren.

¿Qué hacer si les mandan mensajes contradictorios a los niños? Es decir, si los padres no les permiten hacer algo y ellos sí, por ejemplo.

Los mensajes contradictorios no son un detalle menor: generan inseguridad. Los niños no tienen la madurez para integrar normas opuestas; lo que aprenden es que las reglas dependen de quién esté delante. Aquí hay dos niveles de intervención:

· Con los abuelos: hablarlo en frío, sin reproche, explicando el impacto. No es "esto está mal" o "lo estás haciendo mal", sino "esto les descoloca y necesitamos coherencia".

· Con los niños: sin desacreditar a los abuelos, explicar con calma: "En casa de la abuela pueden hacer algunas cosas distintas, pero hay decisiones que son de papá y mamá y se mantienen".

Esto no solo protege la autoridad parental, sino que enseña algo importante: que existen distintos contextos con normas distintas, y también figuras de referencia claras.

¿Cómo actuar si la suegra o el suegro se toma a mal el hecho de que tengan que seguir las normas en lo que a los nietos respecta?

Es bastante habitual que lo vivan como algo personal. Detrás de esa reacción suele haber una sensación de cuestionamiento o incluso de pérdida de lugar. Aquí es importante sostener dos cosas a la vez: empatía y límite.

· Empatía: "Entiendo que puedas sentirte así, y valoramos muchísimo todo lo que haces".

· Límite: "Y al mismo tiempo, esto es importante para nosotros y queremos que se respete".

No podemos controlar cómo lo interpretan, pero sí cómo lo comunicamos y cómo nos mantenemos. Ceder por evitar el malestar suele generar más conflicto a medio plazo.

Una abuela conoce a su nieto, recién nacido© Getty Images

¿Cómo hacerle ver que no es algo personal, que es parte importante de la familia, pero que las normas en casa son otras?

Muchas veces el problema no es el límite, sino la interpretación emocional del mismo. Aquí ayuda mucho separar dos planos: el vínculo y el criterio. "El cariño y la importancia que tienes en nuestra familia no están en cuestión. Esto no va de eso. Va de cómo queremos educar a nuestros hijos".

También es útil diferenciar entre: normas esenciales (no negociables) y costumbres o preferencias (más flexibles). Cuando se comunica así, la otra persona deja de sentirse evaluada y empieza a sentirse parte del equipo porque, en el fondo, lo que necesitamos no es que estén de acuerdo en todo, sino que respeten el marco común.

La conversación importante no es con la suegra, sino en pareja, en privado y en un momento de calma.

Olga Albaladejo Juárez, psicóloga experta en bienestar y salud integrativa

¿Es posible mejorar la relación con la suegra o el suegro si eso ha ocurrido, si se lo ha tomado a mal?

Sí, y de hecho es más frecuente de lo que parece. Cuando aparecen límites donde antes no los había, es normal que haya un pequeño reajuste emocional: distancia, incomodidad o cierta tensión inicial. No significa que la relación se haya roto, sino que se está recolocando. Para mejorarla:

· Evitar entrar en luchas de razón.
· Mantener el vínculo en otros espacios (no reducir la relación al conflicto).
· Reconocer cuando sí respetan los acuerdos.
· Incluirles en aspectos no críticos (pedir opinión, compartir decisiones sobre las que sí podemos dialogar o, incluso ceder).

Las relaciones no se deterioran por los límites, sino por la falta de claridad o por no sostenerlos de manera consistente. De hecho, a medio plazo, los límites bien puestos suelen mejorar las relaciones, porque eliminan ambigüedades.

Olga Albaladejo Juárez, psicóloga experta en bienestar y salud integrativa© Beata Praska
Olga Albaladejo Juárez, psicóloga experta en bienestar y salud integrativa

¿Qué hacer cuando la pareja opta por seguir las ideas o el pensamiento de su madre o de su padre en contra de lo que se había acordado en cuanto a la crianza de los hijos?

Aquí el foco ya no está en los suegros, sino en la pareja. Cuando esto ocurre, suele haber detrás lealtades familiares no resueltas o dificultad para posicionarse frente a la familia de origen. Y esto es clave: la incoherencia entre los padres es lo que más desestabiliza a los hijos.

La conversación importante no es con la suegra, sino en pareja, en privado y en un momento de calma. No desde la acusación ("tu madre…"), sino desde el equipo: "Es importante que estemos alineados. ¿Qué necesitamos los dos para que los acuerdos que tomamos juntos se respeten?".

Construir ese "nosotros" como padres es la base del sistema familiar. Cuando ese eje está claro, todo lo demás se ordena con mucha más facilidad. Si esta situación se repite, puede ser muy útil contar con apoyo profesional. No porque la relación esté mal, sino porque a veces necesitamos ayuda para reorganizar las lealtades y fortalecer la pareja como núcleo.

Poner límites en la familia no es separar, es ordenar y cuidar el equilibrio. Porque cuando cada uno ocupa su lugar, las relaciones no se enfrían… se vuelven más claras, más sanas y, paradójicamente, mucho más cercanas.