La emperatriz Masako, como nunca antes la habías visto: el exclusivo ritual de la Casa Imperial de Japón de hace 200 años


Un gesto cargado de simbolismo que coincide con una etapa marcada por los desafíos de la sucesión al Trono del Crisantemo


La emperatriz como nunca antes la habías visto© Agencia Imperial de Japón
9 de julio de 2026 a las 20:14 CEST

La emperatriz de Japón vive, quizá, uno de los momentos más dulces de un reinado que comenzó con la entronización del emperador Naruhito. Un momento en el que sus vidas cambiaron para siempre y que ahora comienza a proyectarse en Europa a través de sus diferentes visitas, que han deslumbrado al continente con algunas de las imponentes alhajas del joyero imperial. Ahora, Masako ha demostrado ser fiel a una de las tradiciones más imponentes del país, cumpliendo con la expectativa de un gesto exclusivo de las emperatrices de Japón, pues entre imponentes jardines del Palacio Imperial y seda natural, la madre de la princesa Aiko ha vuelto a convertirse en protagonista de su propio gesto, ahora más enraizado con la monarquía hereditaria más longeva de la historia.

Masako de Japón durante la tradicional cosecha de gusanos de seda© Agencia Imperial de Japón
Masako de Japón durante la tradicional cosecha de gusanos de seda

Un símbolo de identidad dentro de la monarquía japonesa

Luciendo un atuendo tan informal como característico, la emperatriz se ha adentrado en uno de los invernaderos localizados en el interior del Palacio Imperial de Tokio, mostrando una imagen tan cercana que, de la misma forma que se hacía hace 155 años, la esposa del emperador Naruhito ha querido mostrar al mundo cómo es uno de los rituales más sagrados y que, únicamente, pueden realizar las emperatrices de la dinastía Yamato. Y es que, como se puede ver en las imágenes, Masako no solo se ha encargado de hacer del jardín un enclave natural donde poder desconectar del ruido de la ciudad, sino que ha realizado la cosecha de capullos de gusanos de seda, una tradición que se remonta a casi dos siglos atrás y que convierte a los yasan —gusanos de seda silvestres— en los grandes protagonistas de los rincones palaciegos situados sobre la capital de Japón.

La emperatriz como nunca antes la habías visto© Agencia Imperial de Japón
La emperatriz como nunca antes la habías visto

Y es que Masako ha heredado un ritual que se remonta a la era de la emperatriz viuda Shōken, quien inició en 1871 esta tradición destinada a completar un ciclo vital ligado a la naturaleza. Una costumbre que establece que, desde la primavera hasta principios del verano, las consortes imperiales de Japón dediquen parte de su tiempo a participar en las distintas etapas de la crianza de los gusanos de seda. Un proceso que no se limita únicamente a supervisar su evolución, sino que implica una participación directa en cada una de sus fases. 

Masako en uno de los invernaderos del Palacio Imperial© Agencia Imperial de Japón
Masako en uno de los invernaderos del Palacio Imperial

Así, la emperatriz Masako se ha encargado del tradicional barrido, un gesto que consiste en trasladar las pequeñas larvas recién nacidas desde los huevos hasta las bandejas de cría, alimentarlas con hojas y acompañar su crecimiento hasta el momento en el que son trasladadas al soporte donde forman sus capullos. Un ciclo que culmina con la recogida final de la seda y que, generación tras generación, ha permanecido como uno de los rituales más singulares de la Casa Imperial japonesa.

Uno de los capullos de gusanos de seda de la emperatriz Masako© Agencia Imperial de Japón
Uno de los capullos de gusanos de seda de la emperatriz Masako

Masako, heredera de una tradición que sigue viva

Un gesto que acerca —una vez más— a la emperatriz a las tradiciones más amplias de la Casa Imperial en un momento convulso en relación con la sucesión al Trono del Crisantemo, ya que la rama hereditaria es aún más complicada de continuar ante la imposibilidad de que las mujeres de la dinastía Yamato puedan heredar el trono. Además, estas últimas semanas no han sido únicamente un momento en el que la emperatriz ha aprovechado —mientras las familias reales de Europa se van de viaje—, pues han sido ambos emperadores los que esta vez han puesto rumbo hasta Europa para ser testigos de dos visitas de Estado que les han llevado hasta Holanda y Bélgica. Un momento de máxima distensión donde Masako se ha mostrado de lo más deslumbrante posible, aunque esta vez fuera de sus fronteras.

Posado oficial de la Familia Real de Bélgica junto a los Emperadores de Japón© Getty
Masako de Japón junto a los Reyes de Bélgica

Pues si habitualmente, en las recepciones de Año Nuevo, así como tras ocasiones solemnes, acostumbra a lucir algunas de las alhajas más imponentes del joyero imperial, su visita ha destacado la elegancia que Masako presenta al portar algunas de las tiaras más emblemáticas, tal como la de la madreselva, conformada por cientos de diamantes montados en platino, así como un collar centenario que ha puesto de relieve la inmensidad de la monarquía japonesa. Un gesto que ahora se entrelaza con una tradición que este año cumple justamente 155 años, pues más que una labor simbólica, cosechar gusanos de seda es en sí mismo la preservación de un legado cultural que se ha logrado transmitir de generación en generación, siendo ya patrimonio histórico de la monarquía de Japón.