La Corona Imperial de Japón se erige como la monarquía hereditaria más antigua del mundo. Un privilegio histórico que provoca que cada paso de la dinastía Yamato sea observado con atención por millones de personas. Ahora, los emperadores Naruhito y Masako se preparan para emprender una breve pero significativa gira oficial por Europa que culminará con uno de los acontecimientos más esperados, como la apertura del extraordinario joyero imperial. Será el miércoles 17 de junio cuando el Palacio Real de Ámsterdam acoja una velada de Estado que servirá de escenario para el despliegue de algunas de las joyas más espectaculares de la Casa Imperial, piezas que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial y cuya historia quedó marcada para siempre por la transformación que experimentó el tesoro imperial tras el conflicto.
El extraordinario tesoro de los Yamato
La Corte de Japón posee uno de los joyeros más fascinantes, imponentes y exclusivos del mundo. Un legado construido a través de siglos de historia, forjado en diamantes que guardan el misterio de una tradición milenaria y las transformaciones políticas que han marcado el devenir del país. Es por ello que los emperadores Naruhito y Masako custodian estas alhajas bajo un halo de discreción y reserva que solo se rompe en contadas ocasiones. Protegidas en las cámaras acorazadas del Palacio Imperial, las tiaras de la dinastía Yamato contrastan con la estética de las grandes joyas europeas, donde rubíes, esmeraldas y zafiros suelen acaparar el protagonismo. Japón responde a una tradición distinta, basada en sofisticadas composiciones de diamantes y perlas blancas que simbolizan la pureza, la luz y la armonía de la que es considerada la dinastía hereditaria más antigua del mundo.
Y es que, según el Kojiki –el libro de mitos más antiguo de Japón–, el Dios del Dragón del Mar sostenía entre sus manos dos gemas blancas sumidas en la perfección. Unas perlas naturales que, cuenta la leyenda, una controlaba la marea alta y otra la baja. Dos piezas que fueron cedidas a la emperatriz Jingū para ejercer una protección suprema sobre las costas de Japón y, así, calmar los océanos más embravecidos del lugar. A partir de ahí destaca un solemne joyero que la emperatriz Masako ha lucido en diversas ocasiones, aunque también ha tenido que ocultar para demostrar la humildad de quien posee algunas de las tiaras más sofisticadas del mundo. Fue durante la pandemia de COVID-19 cuando la Corte Imperial prescindió de forma voluntaria de estas imponentes alhajas, que fueron sustituidas por collares de perlas –que, una vez más, simbolizaban la estabilidad y la búsqueda de la calma–, reafirmando así una tradición centenaria que continúa adaptándose a los tiempos sin perder su profundo significado histórico.
La Tiara Meiji, la más antigua de la colección real
El comienzo de este reportaje merece, sin excepción, dar el primer lugar a la que es la diadema más antigua de la Corte nipona, considerada la joya de mayor rango dentro del tesoro imperial. La pieza, exclusiva de las emperatrices del Trono del Crisantemo, narra una historia de gran profundidad. Una historia de amor de cuento de hadas que responde a la propia dignidad de la Corte Imperial, pues la Tiara Meiji, creada por la firma Chaumet en 1885, fue destinada a una mujer que llevaba el mismo nombre que la actual emperatriz: Masako. Sin embargo, la historia de la diadema se adentra en una dimensión romántica que va más allá de los diamantes. Masako era hija de un ministro de la época que también formaba parte de la Corte nipona. Su madre, por su parte, descendía de la rama imperial a través del príncipe Fushimi de Japón.
Esta joven alcanzó el trono tras comprometerse con el emperador Meiji, asumiendo el nombre de Haruko. Esta mujer, que asumió un papel público por primera vez en la Corte nipona, se convirtió en emperatriz, aunque nunca llegó a ser madre de los descendientes imperiales, dado que se acabó descubriendo con el tiempo que no podía tener hijos. Sus damas de honor, quienes le profesaban un profundo respeto, cedieron sus hijos a la Corona, siendo el príncipe Yoshihito el adoptado por la entonces emperatriz. De ahí proviene la considerada joya de mayor rango dentro del joyero imperial, nacida en un periodo marcado por la modernización impulsada por el emperador Meiji a finales del siglo XIX y creada para la mencionada emperatriz. Un diseño que respondía a una elaboración en platino y diamantes, destacando el relieve de elegantes volutas de inspiración neoclásica que tienen sobre su parte superior estrellas de diamantes desmontables, siguiendo la línea de algunas de las alhajas más imponentes de Europa. Una tiara que Masako de Japón ha utilizado en algunas de las ocasiones más solemnes del calendario imperial.
La Tiara del Crisantemo: el símbolo del Trono Imperial
La pieza subraya la importancia del crisantemo, el emblema oficial de la Casa Imperial de Japón, compuesto por dieciséis pétalos y símbolo de la continuidad del llamado Trono del Crisantemo. La Tiara del Crisantemo está inspirada en este icono nacional y se encuentra completamente engastada en diamantes que reproducen en tres dimensiones las flores imperiales. Una alhaja que se remonta a principios del siglo XX, cuando la emperatriz Teimei mandó elaborar unos broches de diamantes que, posteriormente, fueron transformados en la espectacular tiara que conocemos hoy. Tras décadas prácticamente desaparecida de la escena pública, la pieza volvió a captar la atención internacional cuando la emperatriz Masako la lució durante un banquete de Estado celebrado en el Palacio de Buckingham, protagonizando uno de los momentos joyeros más destacados de los últimos años.
La Tiara del Amanecer de Perlas
Esta pieza se postula como una de las más deslumbrantes del joyero imperial. Conocida como la Pearl Sunburst Tiara, destaca no solo por el brillo de sus diamantes, sino también por la delicadeza con la que interpreta algunos de los símbolos más representativos del país. Entre ellos se encuentra el sol naciente, por lo que la tiara representa, a través de rayos de diamantes que culminan en perlas perfectamente graduadas, una composición que mantiene una armonía visual llevada a su máximo esplendor. Un engranaje que refleja la sensibilidad estética japonesa. Cuando el entonces príncipe heredero Akihito contrajo matrimonio con Michiko Shōda en 1959, esta recibió la tiara junto al conjunto de joyas Diamond Scroll, además de un collar y un broche de perlas y diamantes a juego. Desde entonces, la pieza ha permanecido ligada a las mujeres más destacadas de la Casa Imperial japonesa, convirtiéndose en una de las grandes referencias del joyero nipón. Un diseño elegante que encarna una belleza serena y refinada, alejada de la grandiosidad que caracteriza a muchas de las Cortes Reales de Europa.
Una pieza que es el fiel reflejo de la fortaleza de Masako, quien durante años redujo notablemente su presencia pública debido a los problemas de salud derivados del trastorno de adaptación que padeció. Fue en 2014 cuando su regreso a la vida institucional comenzó a hacerse realidad, coincidiendo precisamente con una visita de Estado a Países Bajos. Allí, junto a la reina Máxima de Holanda, la entonces princesa heredera volvió a ocupar el centro de la escena internacional luciendo la Pearl Sunburst Tiara, una imagen cargada de simbolismo que fue interpretada como una muestra de recuperación, confianza y renovación para la futura emperatriz de Japón.
La gran noche de las tiaras japonesas llega a Europa
Guillermo y Máxima de Holanda ejercerán de anfitriones de los emperadores Naruhito y Masako, quienes accedieron al Trono del Crisantemo en mayo de 2019. Una visita de Estado que estará marcada no solo por el esperado despliegue de las joyas imperiales japonesas, sino también por un importante estreno dentro de la Casa Real neerlandesa. Hace apenas unos días se confirmó que la princesa Ariane participará por primera vez en una cena de Estado, lo que convertirá este encuentro en su debut internacional junto a los emperadores de Japón. La benjamina de los reyes holandeses vivirá así uno de los momentos más significativos de su vida institucional y, previsiblemente, la primera ocasión en la que luzca una de las piezas más destacadas del histórico joyero de Orange-Nassau. Un paso que dará arropada por la princesa Amalia, habitual ya en este tipo de actos desde que alcanzó la mayoría de edad y asumió un papel cada vez más visible en la representación de la monarquía neerlandesa.
Un momento de máximo esplendor con el que no solo realizarán una gran visita de Estado a Holanda, sino que los emperadores de Japón también se trasladarán hasta Bélgica, donde serán recibidos por los reyes Felipe y Matilde. Una visita que supondrá, al igual que la anterior, el despliegue y la salida de las joyas de la cámara acorazada del Palacio Imperial, pues el Palacio Real belga acogerá uno de los mayores banquetes de Estado celebrados hasta la fecha, motivo por el cual reunirá a toda la Familia Real en la velada de honor a Naruhito y Masako. La princesa Elisabeth —heredera al trono—, así como sus hermanos Gabriel, Emmanuel y Eleonore, también realizarán su gran estreno en un acto de estas características, lo que eleva el banquete a una dimensión casi inédita. Elisabeth y Eleonore serán las grandes protagonistas al lucir, previsiblemente, algunas de las alhajas más imponentes del joyero de la reina Matilde por primera vez en un banquete de Estado.










