La familia imperial japonesa acaba de regresar a Tokio después de unos días en la Villa Imperial de Nasu, una de las residencias históricas de la realeza nipona y utilizada habitualmente como lugar de descanso estival. Ha sido durante uno de sus planes tradicionales, una visita al popular centro de animales de la zona, que los emperadores realizan casi cada verano, cuando uno de los tabloides del país ha podido captar las imágenes de las que todo el mundo habla. La princesa Aiko, única hija de los emperadores Naruhito y Masako, aparece acompañada por un amigo de la infancia con el que se muestra visiblemente cómoda. Así es el misterioso H el joven que pertenece al círculo íntimo de la realeza imperial.
Las fotografías han sido publicadas por la revista semanal Josei Jishin, editada por Kobunsha y dirigida, según su propia definición, a "mujeres solteras trabajadoras". Se trata de un medio que opera en un espacio muy particular dentro del ecosistema informativo japonés: mientras la prensa tradicional evita cualquier insinuación y se limita a reproducir el mensaje pautado por la Agencia de la Casa Imperial, Jishin ha construido una reputación basada en acceder a detalles que no aparecen en los canales oficiales. Fue el mismo medio que destapó los pormenores del romance entre la princesa Mako y Kei Komuro, y ahora publica estas imágenes de la única hija del emperador sin incluir, de forma deliberada, ninguna lectura romántica.
Las fotografías muestran a Aiko y H conversando con naturalidad durante una visita familiar, en un entorno relajado y sin protocolo. Ella la única hija del emperador en un país que no acepta emperatrices y, por lo tanto, no es la heredera. Él, un joven de 25 años y 1,85 metros, trabaja en la banca y su padre tiene un puesto de peso en la industria naval japonesa, uno de los sectores estratégicos del país. La prensa japonesa lo presenta como un amigo de la infancia, alguien que ha acompañado a la princesa en distintos momentos de su vida y que cuenta con la confianza de los emperadores. En las imágenes, Aiko aparece sonriente y tranquila, una actitud que refuerza la idea de que H forma parte de un círculo de absoluta comodidad para la princesa.
El contraste con el caso de Kei Komuro es inevitable. Komuro también era plebeyo y también conoció a la princesa Mako en un aula, pero su historia estuvo marcada por elementos que la opinión pública japonesa nunca terminó de aceptar: la ausencia de padre, las relaciones sentimentales complejas de su madre y, sobre todo, las deudas vinculadas a la financiación de su educación de élite. Nada de eso aparece en el perfil de H, al menos de momento, igual que tampoco se ha dado ningun paso que pueda hacer pensar que hay algo más que una amistad. Al contrario: la prensa lo presenta como una promesa profesional, un joven con futuro y con una familia sólida.
Estas imágenes llegan en un momento en el que Japón revisa su propia historia reciente. Hace cinco años, Mako de Japón fue expulsada automáticamente de la Casa Imperial al casarse con Kei Komuro, que vivió un escrutinio nacional sin precedentes. Aquel episodio, que derivó en una campaña de acoso y en un deterioro público de la salud mental de la princesa, se convirtió en el espejo en el que se miran ahora su hermana, la princesa Kako, y su prima, la princesa Aiko. Ambas pertenecen a la misma generación y ambas estaban destinadas a repetir el mismo destino: perderlo todo al casarse. La reforma impulsada por el Gobierno nipón rompe parcialmente ese patrón y permite, por primera vez, que las princesas solteras decidan si permanecen en la familia imperial después del matrimonio, aunque sin acceso al trono ni capacidad para transmitir derechos dinásticos a sus hijos.
Mientras Japón debate cómo garantizar la continuidad de la Casa Imperial en un sistema que depende hoy de un solo heredero directo, el príncipe Hisahito, la presencia de jóvenes como H encaja con la imagen de normalidad y modernidad que la institución intenta proyectar. Por primera vez, existe la posibilidad real de que las princesas Aiko y Kako conserven su identidad real sin renunciar a su vida personal, algo impensable hace apenas unos años y que marca una ruptura con el destino que vivió Mako.
Solo el tiempo dirá si la hija del emperador recorrerá ese camino junto a H o junto a otro plebeyo que, como él, deberá encajar en el patrón de lo que se espera para el marido de una princesa imperial: discreción, solvencia, estabilidad y una vida profesional sin ruido. Pero incluso si ese hombre entra en la familia, nunca pertenecerá del todo a ella. La reforma no contempla otorgar representación ni estatus imperial a los cónyuges, lo que convierte a cualquier futuro marido en una figura cercana la institución, pero siempre fuera de ella.










