Siguiendo las indicaciones del GPS, entre robles centenarios y la niebla que desciende de los valles, llegamos hasta el pequeño municipio de Las Presillas, en pleno corazón de los Valles Pasiegos. Allí, el Palacio de la Helguera (palaciohelguera.com) se yergue en una majestuosa construcción del siglo XVII, ahora reconvertida en un hotel boutique de apenas once habitaciones y solo para adultos. Una apuesta por el lujo más exclusivo que abraza el silencio de su paisaje, la privacidad de sus estancias e instalaciones y su destacada propuesta gastronómica.
En armonía con su entorno y arquitectura, también está su interiorismo, firmado por Malales Martínez Canut, que mezcla antigüedades, piezas de coleccionista (muchas de las piezas forman parte de una selección que puede adquirirse) y el confort de unos materiales al nivel de un hotel europeo contemporáneo. Todo está cuidado al máximo detalle, tal y como se percibe en su filosofía; una fórmula que parece sencilla, pero que resulta cada vez más exclusiva: menos habitaciones, más espacio y ninguna necesidad de dejarse ver. Tampoco de salir, para lo que el alojamiento está precisamente equipado con un pequeño gimnasio en un edificio en el jardín, seguido de la sauna y piscina cubierta, junto a una cabina de masajes y tratamientos de belleza (disponible solo bajo reserva).
Un discreto rincón para las grandes celebridades internacionales
Quizá esta suerte de combinación, que el propio alojamiento describe como “un lujo medido en tiempo, calma y belleza, antes que en ostentación”, haya sido lo que ha atraído a la lista de célebres visitantes que ya lo han visitado; entre ellos, Rafa Nadal, Antonio Banderas o, de forma más notoria, Alberto de Mónaco, quien además ha regresado posteriormente. Tal y como recuerdan en el hotel, el monarca monegasco viajó en solitario (sin la princesa Charlène) y se entregó al ritmo pausado que define la casa: paseos por los jardines históricos del palacio, un baño en la piscina interior y una experiencia gastronómica en Trastámara, el restaurante de la casa, donde degustó “raviolis de rabo de toro, tortilla cántabra y rodaballo”. Además, producto de su cena y como recuerdo, se llevó posteriormente varias cajas de Ribera del Duero. “Disfrutó realmente de la comida y se mostró como una persona de un carácter afectuoso y alegre, tremendamente educado y culto”, recuerdan desde la dirección de Palacio de la Helguera.
Un centro de arte rupestre y un vínculo sentimental con Cantabria
Antiguo deportista olímpico (participó en cinco Juegos de Invierno) y fundador de una fundación medioambiental que lleva su nombre, el príncipe Alberto II ha construido una identidad propia sin renunciar a la discreción que ahora también busca, cada vez con más frecuencia, en rincones como los Valles Pasiegos. Además, a pocos minutos del palacio se encuentran Puente Viesgo y la cueva de El Castillo, junto con el Centro de Arte Rupestre Alberto I de Mónaco, uno de los grandes enclaves europeos de arte rupestre y Patrimonio Mundial de la UNESCO. La historia se remota a comienzos de siglo, cuando el tatarabuelo del príncipe monegasco respaldó económicamente las excavaciones científicas del yacimiento, por lo que no sorprende que lleven su nombre y que, casi un siglo después, su descendiente esté altamente unido a estos mismos valles tanto en su labor filantrópica como de descanso. De hecho, el propio Palacio suele proponer las cuevas, junto con los bosques de las inmediaciones, el río Pas y los Valles como excursiones recomendadas (y personalizadas) en cada estancia.
Más allá de esto, también merece la pena visitar los humilladeros de piedra de Las Presillas, que datan del s. XVIII y cuentan con su propia ruta a pie. Asimismo, la iglesia de San Nicolás merece una parada como parte destacada del patrimonio religioso-histórico del municipio, junto a la ermita de San Benito.
MUY PRÁCTICO
Cómo llegar
La mejor opción, a niveles prácticos, es en coche. Las Presillas está a unos 25-30 minutos de Santander y el Palacio de la Helguera se encuentra a unos 3 km de la A-8, por lo que la ruta resulta especialmente sencilla (desde Santander solo hay que tomar la A-8 en dirección Torrelavega/Bilbao y después enlazar con las carreteras locales hacia Las Presillas).
Otra opción es llegar en taxi desde el aeropuerto (Seve Ballesteros-Santander); unos 20 km por carretera de Las Presillas y no más de 25 minutos.
Por último, es posible llegar en tren desde Santander (hasta Renedo o Zurita en la línea de Cercanías C1) para después completar el trayecto en taxi o coche de alquiler; desde la capital cántabra, el viaje ronda los 30-40 minutos según la combinación. También existe posibilidad de servicio regional de autobús entre Santander y Las Presillas.
Dónde comer
Trastámara: bajo la propuesta de Renzo Orbegoso, el restaurante del Palacio de la Helguera es imprescindible para meterse de lleno en los sabores de la cocina cántabra y probar, además, el mejor producto de temporada desde un punto de vista contemporáneo y diferente. También es posible reservar alguna de sus especialidades de antemano, así como el menú degustación de la casa.
Finca de San Juan: otra opción cercana para quienes quieran comer en un entorno rural y apostar por una cocina de corte mediterráneo y español. Está a unos pocos kilómetros de Helguera y puede encajar especialmente bien en una ruta por los alrededores.
Mores: a algo menos de dos kilómetros, en Vargas, se encuentra esta interesante alternativa para salir del circuito puramente hotelero. Cocina tradicional en un entorno tranquilo, perfecta para una comida sin demasiadas formalidades, pero sin renunciar a los sabores autóctonos.
La Unión: en Puente Viesgo (a pocos minutos de Las Presillas) su cocina tradicional funciona especialmente bien después de una mañana de excursión; una propuesta sencilla y relajada por la que optar para una comida frugal o una parada para reponer fuerzas.
Dónde comprar
Sobaos Casa Ibáñez: si hay un producto que merece espacio en la maleta, es el sobao pasiego. Esta casa de Puente Viesgo es una dirección especialmente interesante para comprar repostería tradicional y llevarse a casa uno de los grandes tesoros de la zona.
La Tienduca de Puente Viesgo: algo más alejada, pero perfecta si se combina Isla con una ruta por los Valles Pasiegos, reúne una buena selección de productos artesanales de Cantabria, desde anchoas y bonito hasta mantequilla pasiega.
Merale Antigüedades: para quienes busquen algo más especial, este anticuario de Villabáñez en Las Presillas es una estupenda opción para descubrir muebles, objetos y piezas antiguas lejos del circuito más turístico.
Antigüedades Maestre: en Torrelavega (a unos 15 minutos de Puente Viesgo), otra dirección perfecta para los amantes de las antigüedades y la decoración, ya que además está especializada en piezas antiguas únicas.
Mantequerías Cántabras: con una larga tradición en la selección de vinos y productos de alimentación, en este establecimiento de Santander encontrarás un surtido gourmet de conservas, quesos, embutidos y otros productos para montar una pequeña despensa cántabra. Merece la pena una parada aquí por un (memorable) recuerdo gastro.











