Una larga amistad une a Bélgica y Japón. Las numerosas visitas que se han realizado a lo largo de los años entre la Familia Real y la Familia Imperial no han hecho más que reforzar este fuerte vínculo que, ahora, vuelve a ponerse de manifiesto. El emperador Naruhito y su esposa Masako llegaron este sábado tras pasar unos días en Países Bajos, en la primera visita oficial de la monarquía japonesa al país en 27 años. Este desplazamiento del emperador nipón y su mujer, cuya agenda de actos oficiales ha comenzado este lunes 22 de junio, se ha se produce con motivo del 170º aniversario de las relaciones bilaterales entre el país del Sol Naciente y Bélgica.
Hay una larga tradición de visitas de Estado entre ambas naciones que demuestran el fuerte vínculo entre la Familia Real belga y la imperial y evidencian cómo la cooperación entre ambos países ha crecido y se ha fortalecido a lo largo de los años. Este fin de semana fue la princesa Elisabeth, heredera al trono belga, la que tuvo la deferencia de recibirlos a pie de pista en el aeropuerto tras descender de su avión, donde realizó una perfecta reverencia, que supuso su debut en un recibimiento oficial en una visita de Estado. Después, la Familia Real belga al completo, los reyes Felipe y Matilde y sus cuatro hijos, los príncipes Elisabeth, de 24 años: Gabriel, de 22; Emmanuel, de 20; y Eléonore, de 18, les recibieron en el Palacio Real de Ciergnon, donde los seis pasaron juntos el fin de semana. Los anfitriones ofrecieron una cena privada en esta residencia.
El lunes, el emperador Naruhito y su esposa Masako viajaron a Laeken, donde se encuentra la residencia oficial de los monarcas belgas, y este martes iniciarán una visita por Bruselas donde se reunirán con autoridades locales en la Grand-Place seguida de encuentros con líderes políticos como el primer ministro belga, Bart De Wever, y miembros del Parlamento. El miércoles, los emperadores asistirán a una presentación sobre la historia hidrológica de Namur y después se dirigirán a Lovaina para visitar el Instituto de Microelectrónica y Componentes (IMEC), donde trabajan alrededor de un centenar de investigadores japoneses. Finalmente visitarán la Biblioteca de Asia Oriental de la Universidad de Lovaina a la que, según medios locales, Japón donó cerca de 14.000 volúmenes tras su destrucción por parte de las tropas alemanas durante la Primera Guerra Mundial. Antes de regresar a Japón, los monarcas se reunirán con miembros de la diáspora japonesa en la residencia del embajador.
La visita de los nipones a Bélgica pone de manifiesto la especial relación existente entre ambas naciones, dado que el emperador Naruhito (65) y la emperatriz Masako (62) limitan sus viajes al mínimo imprescindible. Desde que el emperador ascendió al trono en 2019, este será solo su cuarto viaje al extranjero: incluso a la coronación del rey Carlos III enviaron a Akishino, el hermano del emperador. Es posible que el rey Balduino de Bélgica fuera quien sentó las bases de esto en su juventud, según Dag Allemaal. "Las dos parejas de la realeza tenían un vínculo especial", cuenta el medio.
Todo comenzó con un partido de tenis
En 2019, el emperador Akihito y la emperatriz Michiko abdicaron del trono. Es precisamente en esta pareja donde debemos buscar el origen de las buenas relaciones entre Japón y la familia real belga. En 1957, Akihito y Michiko se conocieron durante un partido de tenis. Fue amor a primera vista, pero no podía haber ni rastro de una relación. Y es que Michiko era una chica de clase media sin raíces nobiliarias. Por ello, a Akihito le dijeron que tenía que buscar a otra persona. A su vez, a Michiko la enviaron lejos, a Europa, para participar en una conferencia de antiguos alumnos de institutos católicos, y así fue como acabó en Bruselas, según contó el medio belga HLN.
El enamoramiento de Akihito por Michiko no hacía más que crecer, pero al nipón le resultaba muy complicado establecer comunicación con ella estando en Bruselas. Había que evitar los canales oficiales, y ningún peón de la corte quería ser cómplice de ese amor prohibido. Ahí entró en escena el joven rey Balduino, por entonces aún soltero. Akihito lo había conocido anteriormente y le pidió que le entregara sus cartas de amor a Michiko. En un sobre cerrado, Balduino, convertido en una suerte de cartero del amor, se encargó de que los dos pudieran comunicarse. Se dice que Balduino llegó incluso a mediar directamente con la familia imperial para dar una oportunidad a la joven pareja. Esas palabras debieron de causar impresión, pues el 27 de noviembre de 1958, la Casa Imperial anunció el compromiso, y el 10 de abril de 1959 Akihito y Michiko contrajeron matrimonio.
El agradecimiento por el papel de Balduino como mediador en su historia de amor era, por supuesto, enorme, y así se demostró a nivel institucional. Por ejemplo, en 1992, cuando Balduino se encontraba en Tokio, recibió de improviso la visita del emperador en la embajada belga situada en el país nipón. Akihito quería hablar con su viejo amigo a puerta cerrada a toda costa. Nunca antes un emperador japonés había visitado una embajada extranjera. Un año más tarde, en 1993, la pareja imperial asistió a su funeral y, en 2014, la emperatriz Michiko viajó a Bélgica para asistir al funeral de la reina Fabiola. Las dos parejas reales tenían un vínculo especial, una magia que se ha heredado el actual emperador Naruhito, al día de los relatos de sus padres. Esa es una de las principales razones por las que Japón mantiene estrechos vínculos con el rey Felipe. En 2016, el rey Felipe y la reina Matilde visitaron Japón con motivo del 150.º aniversario de las relaciones diplomáticas entre ambos países. Veinte años después, la familia real belga y la familia imperial japonesa vuelven a demostrar que su vínculo va más allá de los actos institucionales.













