30 años de Matilda: por qué la niña que amaba los libros sigue siendo un referente para los niños de hoy


La adaptación de la novela de Roald Dahl demuestra que la lectura, la empatía y el apoyo de los adultos siguen siendo claves para el desarrollo emocional infantil.


La actriz Mara Wilson en la película Matilda
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9 de agosto de 2026 a las 7:04 CEST

Este mes de agosto se han cumplido 30 años del estreno de Matilda, una película que marcó a toda una generación y que hoy vuelve a ocupar un lugar en la conversación, no solo por la nostalgia, sino por la vigencia de su mensaje. Tres décadas después, la historia de esa niña que encontraba refugio en las novelas de Dickens para sobrellevar a unos adultos que no la entendían sigue siendo una de las representaciones más acertadas de la resiliencia infantil.

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En un momento en el que muchos niños crecen rodeados de pantallas, presión académica, estímulos constantes y modelos adultos a menudo contradictorios, Matilda nos recuerda que la sensibilidad, la imaginación y la lectura no son un lujo, sino herramientas que ayudan a afrontar las dificultades.

Treinta años después de su estreno, Matilda se ha consolidado como una de las películas infantiles más influyentes del cine. Su aniversario no solo celebra un clásico, sino que también invita a reflexionar sobre cómo representa la infancia y qué herramientas emocionales necesitan los niños para crecer en un entorno cada vez más complejo. La película, dirigida por Danny DeVito y basada en la novela de Roald Dahl, se ha convertido en un referente que sigue conectando con las distintas generaciones gracias a su forma de retratar la vulnerabilidad y la fortaleza infantil sin caer en la condescendencia.

Una historia que enseña a conocerse a uno mismo

Aunque se estrenó en los años noventa, Matilda sigue reflejando situaciones que hoy resultan muy familiares. La protagonista crece rodeada de adultos que no la escuchan y que ridiculizan su sensibilidad y menosprecian su inteligencia. Sus padres representan una forma de crianza marcada por la falta de atención emocional, la superficialidad y unos valores bastante cuestionables. La directora Trunchbull, por su parte, encarna el abuso de poder y una disciplina basada en el miedo. Son personajes exagerados, pero también reconocibles en una realidad en la que muchos niños conviven con adultos que se contradicen o están emocionalmente ausentes.

La película no idealiza la infancia. La muestra como una etapa en la que también hay espacio para el miedo, la injusticia y la soledad. Precisamente por eso, su mensaje sigue siendo tan actual.

Los libros como refugio emocional

En un momento en el que los niños crecen rodeados de pantallas y estímulos constantes, la película propone una alternativa muy valiosa en la que la lectura actúa como refugio. Que Matilda lea a Dickens no es un simple detalle de la historia. Los libros se convierten en el lugar donde encuentra consuelo, comprende mejor lo que está viviendo, deja volar su imaginación y descubre que existen otras maneras de mirar el mundo.

Ese mensaje sigue siendo igual de importante hoy. Matilda recuerda que leer es mucho más que una forma de entretenimiento. Los libros ayudan a los niños a comprender el mundo, poner nombre a lo que sienten y encontrar un espacio donde sentirse comprendidos.

La verdadera fortaleza de Matilda

El verdadero superpoder de Matilda no es la telequinesis, sino la forma en la que afronta las dificultades. En lugar de dejarse vencer por lo que le ocurre, encuentra apoyo en su imaginación, en los libros y en las personas que sí la cuidan. La película muestra que la fortaleza no consiste en aguantarlo todo, sino en pedir ayuda cuando hace falta, confiar en uno mismo y seguir adelante sin perder la ilusión.

Muchos niños conviven hoy con presión académica, ansiedad, sobreexposición digital o entornos familiares difíciles. Frente a esa realidad, Matilda transmite una idea sencilla, pero muy poderosa: la sensibilidad no es una debilidad, sino una fortaleza que también merece ser cuidada.

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La importancia de los adultos que saben acompañar

La figura de la señorita Honey es clave para entender el impacto de la película. Representa al adulto que cualquier niño necesita a su lado, una persona que escucha, acompaña y confía en sus capacidades. Gracias a ella entendemos que el potencial de un niño no surge por arte de magia, sino que florece cuando encuentra un entorno que lo apoya, lo valida y le da seguridad para seguir adelante.

En un mundo en el que las estructuras familiares son cada vez más diversas y, en ocasiones, también más difíciles, Matilda recuerda que la protección emocional puede llegar de personas inesperadas. La película pone en valor el papel de aquellos adultos que, con su presencia y su apoyo, pueden marcar la diferencia en la vida de un niño.

La sensibilidad como una fortaleza

Matilda sigue conectando con los niños porque habla de algo universal, de la necesidad de sentirse escuchados, creer en uno mismo y encontrar un lugar donde poder ser tal y como uno es. Sin dar lecciones, la película demuestra que la sensibilidad, la curiosidad y las ganas de aprender también son una forma de fortaleza.

En un momento en el que muchos niños crecen rodeados de prisas, pantallas y exigencias, Matilda sigue siendo una historia que invita a confiar en uno mismo, a mantener la curiosidad y a no dejar de imaginar. Quizá por eso continúa emocionando a tantas generaciones, ya que recuerda que la verdadera fortaleza está en seguir siendo uno mismo incluso cuando las cosas se ponen difíciles.