Sueño

Olga Sesé, coach de sueño infantil, sobre los terrores nocturnos: "Los padres pueden sentirse muy impresionados al ver a su hijo gritar, llorar o incorporarse en la cama"


Hablamos con ella y nos indica cómo actuar ante esos episodios, acerca de los cuales manda un mensaje tranquilizador


Olga Sesé, coach de sueño infantil© Olga Sesé
17 de septiembre de 2026 a las 15:10 CEST

Cuando un niño no duerme bien, afecta a toda la familia. Por el día, el bebé llorará más, el niño tendrá más rabietas y el cansancio acumulado de los padres les hará entrar en un bucle de enfados y malestar del que no es fácil salir. Por eso muchas familias acuden a coaches de sueño como Olga Sesé (@babyrem_coach), especializada en sueño infantil y la primera certificada en España, en busca de ayuda. Y la mayoría lo logra, a jugar por un estudio encargado por Sesé según el cual los despertares nocturnos se reducen en un 73,5%. La cuestión es cómo se consigue, especialmente si los despertares se producen por una de las causas que más angustia suele provocar en los padres: los terrores nocturnos. La propia Olga Sesé nos da las claves en esta entrevista, en la que transmite un mensaje tranquilizador y aclara por qué un niño puede gritar, levantarse de la cama o mirar a sus padres con los ojos abiertos y como si no los conociera mientras está dormido. Y no, no es necesario angustiarse (aunque también nos indica cuándo acudir a un especialista médico).

¿Cómo acabar con los terrores nocturnos?

Los terrores nocturnos son un tipo de parasomnia que suele aparecer cuando los peques hacen una transición de sueño a otro y en la mayoría de los casos, desaparece progresivamente con la maduración del sistema nervioso. Más que intentar "acabar" directamente con ellos, recomiendo trabajar sobre los factores que pueden favorecer su aparición: el exceso de cansancio, la falta de sueño, los horarios irregulares, los cambios importantes en las rutinas o determinados momentos de estrés.

Mantener unos horarios de sueño adecuados para la edad del peque, asegurarse de que duerma las horas que necesita y establecer una rutina estable antes de acostarse puede reducir considerablemente su frecuencia. También es importante no convertir el episodio en una experiencia angustiosa para toda la familia. Los padres pueden sentirse muy impresionados al ver a su hijo gritar, llorar o incluso incorporarse en la cama, pero normalmente el peque no está completamente despierto y al día siguiente no recuerda lo ocurrido.

Durante un terror nocturno, la principal recomendación es mantener la calma y garantizar la seguridad del peque

Olga Sesé, primera coach del sueño infantil certificada española

¿Por qué aparecen y cómo diferenciarlos de una pesadilla 'normal'?

Los terrores nocturnos y las pesadillas son dos fenómenos diferentes. Una pesadilla ocurre generalmente durante fases de sueño REM y el peque suele despertarse, llama a sus padres para contarles que está soñando. Puede recordar la pesadilla al día siguiente al despertar.

En cambio, durante un terror nocturno el peque permanece parcialmente dormido. Puede sentarse en la cama, gritar, llorar, sudar, respirar rápidamente, tener los ojos abiertos e incluso parecer que está mirando a sus padres sin reconocerlos. En ocasiones intenta apartar a quien se acerca o parece estar completamente desorientado.

Una de las diferencias más importantes es que, normalmente, después de un terror nocturno el peque vuelve a dormirse y al día siguiente no recuerda el episodio. Los terrores nocturnos suelen producirse durante el primer tercio de la noche, cuando existe una mayor proporción de sueño profundo y las pesadillas hacia finales de la noche.

¿En qué etapa del desarrollo suelen aparecer?

Los terrores nocturnos suelen comenzar a manifestarse entre los 2 y 6 años, aunque pueden aparecer antes o después, dependiendo de diversos factores. Es importante entender que su aparición está relacionada con la maduración del sueño y del sistema nervioso. El sueño infantil cambia progresivamente a medida que el cerebro madura y, en determinados momentos, pueden producirse despertares incompletos desde el sueño profundo.

En la mayoría de los peques se trata de un fenómeno transitorio que desaparece con la edad. Por eso, si el peque crece, se desarrolla con normalidad y los episodios son ocasionales, normalmente no debemos interpretarlos como una señal de que existe un problema de sueño.

¿Cuál es la intervención adecuada cuando el peque está en pleno episodio y por qué no conviene despertarlo?

Durante un terror nocturno, la principal recomendación es mantener la calma y garantizar la seguridad del peque. Aunque pueda parecer que está despierto, normalmente no lo está. Intentar despertarlo, hablarle insistentemente, hacerle preguntas o tratar de razonar con él puede aumentar su confusión y prolongar el episodio.

Lo más adecuado es permanecer cerca, asegurarnos de que no pueda hacerse daño y utilizar una intervención mínima y tranquila. Si intenta levantarse, podemos acompañarlo suavemente para evitar golpes o caídas, sin intentar forzar que se despierte. Una vez que el episodio termina, normalmente el peque vuelve a entrar en un sueño profundo. Esto es muy diferente de lo que ocurre con una pesadilla: ante una pesadilla sí suele ser conveniente acompañar al peque, ayudarle a tranquilizarse y ofrecerle seguridad, porque en ese caso sí se ha producido un despertar.

Sueño infantil© Getty Images

¿En qué casos los terrores nocturnos requieren valoración profesional y qué señales indican que no son solo parte del desarrollo?

En la mayoría de los casos, los terrores nocturnos desaparecen con la maduración. Sin embargo, recomendamos consultar con el pediatra cuando los episodios son muy frecuentes, especialmente intensos o interfieren de manera significativa en el descanso del peque o de toda la familia. También merece una valoración profesional si aparecen lesiones, conductas especialmente peligrosas durante los episodios, una somnolencia diurna importante o si el patrón cambia de manera llamativa.

Hay que prestar especial atención cuando los episodios se acompañan de otros síntomas, como ronquidos importantes, pausas respiratorias, dificultad para respirar durante el sueño, movimientos anormales o episodios que generan dudas sobre si realmente se trata de un terror nocturno.

Desde BabyREM insisto en que no debemos diagnosticar todos los despertares o episodios de llanto nocturno como "terrores nocturnos". Una correcta identificación del problema es el primer paso para decidir si es necesario intervenir.

Si un bebé presenta despertares nocturnos, no debemos asumir automáticamente que se trata de terrores nocturnos

Olga Sesé, primera coach del sueño infantil certificada española

¿Cómo enseñar a los bebés a dormir de forma autónoma?

Aprender a dormir de forma autónoma no significa dejar llorar a un bebé ni enseñarle a dormirse solo de un día para otro. El sueño es un proceso madurativo y, al mismo tiempo, existen hábitos que podemos acompañar y apoyos de sueño que podemos modificar. Desde BabyREM trabajo para que el peque pueda aprender progresivamente a conciliar el sueño con cada vez menos ayuda externa, siempre teniendo en cuenta su edad, su desarrollo y las necesidades de cada familia.

Una buena base es establecer horarios adecuados, observar las ventanas de sueño del bebé, crear una rutina predecible antes de acostarse y ofrecer oportunidades para que el peque practique la conciliación del sueño sin depender siempre de la misma ayuda. La autonomía no significa ausencia de acompañamiento. Significa que, progresivamente, el peque adquiere recursos para iniciar y mantener el sueño con menos intervención de sus padres.

¿Qué tipo de rutina previa al sueño suele ser más eficaz para bebés que tienen terrores nocturnos o despertares frecuentes?

Una rutina eficaz es, sobre todo, predecible, tranquila y adecuada a la edad del peque. No necesitamos crear una rutina interminable. Puede incluir baño, pijama, luz tenue, alimentación, cuento o canción y, finalmente, el momento de dormir. Lo importante es que las actividades se repitan aproximadamente en el mismo orden y que ayuden al peque a pasar progresivamente de la actividad al descanso.

En bebés con despertares frecuentes, además, debemos revisar qué está ocurriendo durante todo el día: horarios, duración de las siestas, ventanas de sueño, cantidad total de descanso y forma en la que se produce la conciliación nocturna.

En el caso concreto de los terrores nocturnos, debemos recordar que son mucho más frecuentes en peques mayores que en bebés pequeños. Por tanto, si un bebé presenta despertares nocturnos, no debemos asumir automáticamente que se trata de terrores nocturnos.

¿Qué ideas erróneas sobre el sueño infantil siguen circulando y dificultan que las familias entiendan cómo se aprende a dormir?

Existen muchas creencias alrededor del sueño infantil que pueden generar inseguridad en las familias. Una de las más habituales es pensar que "si un peque está muy cansado, dormirá mejor". En realidad, el exceso de cansancio puede dificultar la conciliación y aumentar los despertares.

También escuchamos con frecuencia que "los bebés tienen que aprender a dormir toda la noche". Pero dormir no es permanecer ocho o diez horas sin ningún despertar. Todos los seres humanos tenemos micro despertares durante la noche. La diferencia está en la capacidad de volver a conciliar el sueño de forma independiente. Otra idea muy extendida es que atender a un bebé cuando llora durante la noche significa "malacostumbrarlo". Responder a las necesidades de un bebé no impide que pueda desarrollar autonomía del sueño.

Y quizá uno de los mayores errores es pensar que existe un único método válido para todos los peques. Cada familia, cada peque y cada momento evolutivo requieren un enfoque diferente. Tras 12 años de experiencia en sueño infantil y habiendo acompañado personalmente a más de 5.000 familias con mis planes de sueño, he podido conocer de primera mano una gran variedad de situaciones, necesidades y dificultades relacionadas con el sueño de bebés y niños. Esta experiencia me ha permitido comprender que cada familia es diferente y que no existe una única fórmula para dormir bien. Entiendo el sueño como un aprendizaje progresivo, en el que debemos encontrar un equilibrio entre las necesidades del peque y las necesidades de descanso de toda la familia.