Abrimos una red social y, en apenas unos minutos, encontramos opiniones expresadas con total seguridad. Alguien explica por qué una relación está condenada al fracaso, otro dicta qué debemos comer y una tercera persona ofrece una respuesta rotunda a un asunto del que apenas conocemos una parte. Parece que todo el mundo sabe de todo y no dudamos de lo que vemos, escuchamos o leemos. Lo damos casi todo por sentado. "Lo he visto en tal red social", decimos, sin apenas dudar, sin cuestionar. ¿Dónde queda nuestro pensamiento crítico? ¿Y si reconocemos que hay cosas que no sabemos?
Dudar no significa carecer de criterio ni ser incapaces de tomar decisiones. Puede ser precisamente lo contrario: detenernos, revisar lo que creemos y concedernos el tiempo necesario para formar una opinión propia. Esta es la idea de la frase del Premio Nobel de Literatura Octavio Paz: "Aprender a dudar es aprender a pensar". La escribió en 1976, con motivo de la presentación de la revista Vuelta, en la que reflexionó sobre la necesidad de recuperar el pensamiento crítico y el examen de conciencia. Hoy, inundados como estamos de certezas absolutas, conviene volver a recuperar esta idea.
Para comprender por qué la duda puede ayudarnos a pensar mejor, hemos hablado con el psicólogo segoviano José Martín del Pliego. El experto explica que tolerar la incertidumbre, escuchar nuestras propias emociones y poner en cuestión la información que recibimos se ha vuelto especialmente importante en una época marcada por las redes sociales, los algoritmos y las respuestas inmediatas.
¿Quién fue Octavio Paz?
Octavio Paz (1914-1998) fue un poeta, ensayista y diplomático mexicano, considerado una de las figuras fundamentales de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Recibió el Premio Cervantes en 1981 y el Premio Nobel de Literatura en 1990.
Entre sus obras más conocidas destacan El laberinto de la soledad (1950), en la que reflexiona sobre la identidad mexicana; El arco y la lira (1956), dedicado a la poesía, y Piedra de sol (1957), uno de sus poemas más reconocidos. Su pensamiento estuvo marcado por la reflexión sobre la libertad, el lenguaje, la identidad y la relación entre el individuo y la sociedad.
Además de su actividad literaria, desarrolló una carrera diplomática que lo llevó a Francia y la India. En 1968 renunció a su cargo de embajador en la India como protesta por la represión de las manifestaciones estudiantiles de Tlatelolco, en México.
Por qué buscamos respuestas rápidas y certezas absolutas
Pensemos por un momento en lo incómodo que puede resultar no saber qué ocurrirá. Hay personas que, ante esa incertidumbre, intentan encontrar cuanto antes una explicación, una decisión o una respuesta que les devuelva la sensación de control.
Según el psicólogo, algunas personas se sienten rápidamente amenazadas o experimentan ansiedad y se aferran a certezas rápidas porque la incertidumbre les genera un malestar que les resulta casi insoportable. La duda, en cambio, obliga a permanecer durante un tiempo en un terreno en el que todavía no existe una respuesta definitiva.
Aprender a dudar, en cambio, es permitirnos decir "necesito pensarlo", "no tengo suficiente información" o, simplemente, "no lo sé". Frases aparentemente sencillas que, sin embargo, cada vez escuchamos menos.
El psicólogo observa que en nuestra cultura parece haberse perdido parte de esa capacidad. Las opiniones se presentan como verdades indiscutibles y cambiar de postura puede verse casi como una derrota. Pero modificar nuestra manera de pensar cuando aparecen nuevos datos no demuestra debilidad. "Es la capacidad de madurez de saber que algo lo pensaba hoy de una manera y lo puedo pensar de manera diferente al día siguiente", explica.
Cómo influyen los algoritmos en lo que pensamos
La duda adquiere todavía más importancia cuando gran parte de la información que recibimos está seleccionada por algoritmos. No solemos ser plenamente conscientes de su influencia porque no nos dicen de forma directa qué debemos pensar.
"Por repetición, al final se nos va haciendo familiar cierto tipo de mensaje, que nos va pareciendo verdadero y normal", señala Del Pliego. Cuando vemos una idea una y otra vez, podemos terminar interpretándola como cierta, no porque la hayamos contrastado, sino porque es la información que más hemos recibido.
Además, determinados contenidos pueden activar emociones intensas como el enfado, la indignación, el miedo o la comparación con otras personas. Esto mantiene al sistema nervioso en alerta y puede conducirnos hacia una línea concreta de reacción y de pensamiento.
No pensamos únicamente sobre lo que vemos. También pensamos desde la emoción que ese contenido ha despertado en nosotros. Por eso una publicación que nos indigna puede impulsarnos a compartirla o responder inmediatamente, antes de comprobar quién la ha creado, qué intención tiene o si lo que afirma es cierto.
El sesgo que nos lleva a buscar solo lo que nos da la razón
A esta influencia se suma el sesgo de confirmación, es decir, nuestra tendencia a fijarnos en la información que encaja con lo que ya creemos y a rechazar aquello que lo contradice.
José Martín del Pliego explica que tendemos a ajustarnos a todo lo que nos genera coherencia porque así ahorramos energía. Nos quedamos enganchados a aquello que coincide con lo que ya pensamos o sentimos. El problema es que podemos terminar construyendo una sensación de certeza muy fuerte a partir de opiniones poco contrastadas.
Por ello, el pensamiento crítico comienza, según el psicólogo, cuando somos capaces de acceder a información diferente y abrirnos a otras perspectivas para formar una opinión más completa. Eso no significa dar por válidas todas las ideas ni renunciar a nuestros principios. Significa comprobar si lo que pensamos se sostiene más allá de aquello que confirma nuestra postura.
Escuchar un argumento distinto tampoco debería interpretarse como un ataque personal. Podemos discrepar, revisar nuestras razones e incluso mantener nuestra opinión después de haber considerado otras fuentes. Lo importante es que nuestra conclusión no sea únicamente el resultado de haber permanecido dentro de una burbuja que repite siempre lo mismo.
Cinco hábitos para aprender a dudar y pensar mejor
El primer paso que propone el psicólogo es poner en duda la información que nos llega, ya proceda de la televisión, de una red social o de cualquier otro medio. No existe una mirada completamente ajena a los intereses, las decisiones editoriales o el punto de vista de quien comunica.
También conviene hacer una pausa antes de reaccionar o compartir una publicación. Podemos preguntarnos qué está diciendo realmente ese vídeo y qué emoción ha despertado en nosotros. La rapidez de las redes invita a responder en el momento, mientras que el pensamiento necesita algo más de tiempo.
Otra pregunta útil es quién ha creado ese contenido, con qué intención y para qué lo está difundiendo. Además, el psicólogo recomienda buscar de manera deliberada fuentes y personas que piensen de forma diferente, no para asumir automáticamente sus argumentos, sino para conocer otras interpretaciones de una misma noticia.
La duda también debe dirigirse hacia dentro: "¿Por qué creo esto?", "¿Qué necesito que sea verdad?" o "¿Qué está ocurriendo en mí cuando leo o escucho este mensaje?". Por último, Del Pliego aconseja reducir el tiempo de exposición a las redes. La velocidad y el enorme volumen de información pueden saturarnos y generar ansiedad, alerta, miedo u hostilidad antes de que hayamos podido analizar lo recibido.
Aprender a dudar no implica desconfiar de todo ni vivir permanentemente indecisos. Significa recuperar el derecho a detenernos, contrastar y formar nuestras propias conclusiones. Porque reconocer que no sabemos algo no empobrece nuestro pensamiento. Muchas veces es, precisamente, el lugar en el que comenzamos a pensar de verdad.









