Frase del día

Immanuel Kant, filósofo de la Ilustración: "Se mide la inteligencia de un individuo por la cantidad de incertidumbre que es capaz de soportar"


Tener más o menos tolerancia es una habilidad que se entrena


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Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
3 de agosto de 2026 a las 12:56 CEST

En un mundo obsesionado con tener todo bajo control, la capacidad de convivir con lo imprevisto se ha convertido en el verdadero superpoder del siglo XXI. El filósofo Immanuel Kant ya vislumbró esta realidad hace siglos con una reflexión que cobra hoy más vigencia que nunca: "Se mide la inteligencia de un individuo por la cantidad de incertidumbre que es capaz de soportar".

Vivimos hiperconectados, rodeados de aplicaciones que predicen el tráfico, la intemperie o la llegada de un paquete, intentando reducir el margen de error a cero. Sin embargo, cuando se trata de las decisiones vitales más profundas, la ilusión de la certeza absoluta se desmorona, exigiendo de nosotros una fortaleza mental que va mucho más allá de lo puramente cognitivo.

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¿Quién fue Immanuel Kant?

Immanuel Kant (1724–1804) fue un destacado filósofo prusiano, considerado uno de los pensadores más influyentes de la Ilustración y de la filosofía universal. Revolucionó la teoría del conocimiento con el "giro copernicano" (cómo Copernico transformó radicalmente nuestra manera de entender el conocimiento humano) y formuló el imperativo categórico, un principio moral que exige actuar de modo que la máxima de tu acción pueda convertirse en ley universal. 

Aunque se le atribuye universaralmente, la célebre frase "se mide la inteligencia de un individuo por la cantidad de incertidumbre que es capaz de soportar" no aparece literalmente en ninguno de sus libros ni escritos publicados. Es una "paráfrasis popular", una cita creada de forma colectiva que resume su pensamiento.

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¿Qué significa esta frase según la psicología contemporánea?

Para analizar a fondo este pensamiento y comprender cómo afecta a nuestra salud mental, hemos consultado a Ana Galán, psicóloga especializada en ansiedad y gestión emocional, además de reconocida divulgadora en redes sociales (@anagalanpsicologia): "Desde una perspectiva psicológica, esta frase no habla de inteligencia entendida como tener un cociente intelectual elevado o ser muy culto. Habla de una inteligencia emocional, es decir, de la capacidad de seguir viviendo, decidiendo y avanzando sin tener todas las respuestas", aclara.

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Saber moverse en el terreno de la duda no implica actuar a ciegas, sino aceptar los límites de nuestra propia capacidad de previsión para no quedar bloqueados por el miedo. Ana Galán destaca que la flexibilidad es la piedra angular de esta actitud ante la vida: "Una persona inteligente sabe que no puede controlarlo todo y es capaz de seguir adelante sin tener todas las respuestas. Por ejemplo, puede cambiar de trabajo, iniciar una relación o tomar una decisión importante sin esperar a tener la certeza absoluta. La verdadera inteligencia también consiste en adaptarse a lo desconocido".

Esta búsqueda incesante de garantías no solo resulta agotadora, sino que suele ser la puerta de entrada a diversos malestares psicológicos que terminan condicionando nuestro día a día. De hecho, la especialista en gestión emocional advierte de las consecuencias de no trabajar esta apertura mental: "Desde la psicología actual sabemos que la intolerancia a la incertidumbre es uno de los factores centrales de muchos problemas de ansiedad, como el trastorno de ansiedad generalizada, el TOC, la ansiedad por la salud o el miedo al futuro. No es la incertidumbre la que hace sufrir, sino la necesidad de eliminarla".

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La diferencia entre el control rígido y la madurez emocional

El modo en que reaccionamos ante la falta de respuestas revela de forma inmediata nuestras herramientas internas. Mientras unas personas sufren bloqueos ante el menor cambio de planes, otras logran mantener la compostura y adaptarse con relativa fluidez. Para la psicóloga, "la diferencia está en cómo interpreta cada persona la incertidumbre. Las personas con baja tolerancia a la incertidumbre sienten una necesidad constante de controlar lo que va a ocurrir. Buscan certezas, garantías, explicaciones inmediatas. Cuando no las encuentran, aparece la ansiedad, la rumiación o la necesidad de comprobar una y otra vez que todo está bien".

Por el contrario, la gestión emocional más óptima no consiste en tener una bola de cristal para predecir el futuro, sino en integrar la imperfección y la duda como elementos constitutivos de la propia existencia cotidiana. Tal y como explica la experta, el diálogo interno de quienes mejor se adaptan se apoya en premisas muy sencillas pero profundas: "Las personas con mayor madurez emocional aceptan que la vida nunca ofrece seguridad absoluta. Son capaces de pensar y convencerse de que no saben qué va a pasar o de que no pueden con todo, pero también de que seguirán adelante del mismo modo". Es precisamente esta postura realista la que marca la diferencia entre la parálisis y la acción.

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¿Se puede entrena la mente para vivir en la incertidumbre?

Frente a la tentación de pensar que se trata de un don innato reservado solo a unas pocas personas afortunadas, la ciencia demuestra que la plasticidad cerebral y el trabajo terapéutico nos permiten moldear nuestra respuesta al miedo a lo desconocido.  Buenas noticias para quiénes consideran que deben aprender a gestionar estas situaciones. Como explica la especialista: "La incertidumbre no es un rasgo con el que se nace, sino una habilidad que se entrena. Igual que fortalecemos un músculo, podemos aprender a convivir con lo que no controlamos sin que eso nos paralice. Se requiere una combinación de pensamiento flexible, regulación emocional y confianza en la propia capacidad para afrontar lo que venga".

Cada pequeño paso fuera de nuestra zona de confort actúa como un ensayo general para la mente. Al exponernos de forma gradual a situaciones abiertas sin buscar confirmaciones automáticas, nuestro sistema nervioso aprende que es capaz de sostener la duda. La psicóloga especializada en ansiedad remarca este mecanismo de aprendizaje: "Además, cada vez que dejamos de buscar una certeza inmediata y comprobamos que somos capaces de afrontar lo que venga, nuestro cerebro gana confianza".

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Pautas prácticas para soltar el control en el día a día

Para aterrizar este concepto filosófico en la vida diaria y evitar que el exceso de comprobación nos consuma, es necesario adoptar pautas sencillas pero constantes. No se trata de dar giros drásticos a nuestra vida, sino de introducir pequeñas modificaciones en nuestros hábitos de conducta. Ana Galán propone empezar por el pilar más básico: "El primer paso es distinguir entre lo que depende de nosotros y lo que no. También ayuda reducir la necesidad de comprobarlo todo, practicar la atención plena y tomar pequeñas decisiones sin buscar garantías absolutas."

Muchas veces, los experimentos más reveladores ocurren en las interacciones cotidianas más simples, donde ensayamos la paciencia y el desapego de la respuesta inmediata. La divulgadora ilustra este aspecto con dos ejemplos muy comunes: "Por ejemplo, puedes dejar de revisar continuamente el móvil esperando una respuesta o aceptar que no siempre podemos prever el resultado de una conversación".

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Aprender a tolerar la duda es el camino más directo hacia la serenidad. Recordar la máxima de Immanuel Kant nos ayuda a entender que el bienestar no consiste en tener el futuro asegurado, sino en la certeza de que sabremos cuidarnos sea cual sea el escenario que se presente. A propósito de esto, la psicóloga concluye con una potente reflexión final: "La calma no nace de tener certezas, sino de confiar en nuestra capacidad para afrontar la incertidumbre".