Frase del día

Baruch Spinoza, filósofo racionalista, sobre cómo resolver conflictos: "No llorar, no indignarse, sino comprender"


Analizamos estas palabras del famoso pensador que pueden ayudar a solucionar problemas de una manera más tranquila y lógica


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Amaia LeónRedactora jefe de Belleza
27 de julio de 2026 a las 12:59 CEST

Quien grita primero en una discusión tiene, casi siempre, las de perder. Elevar la voz debilita cualquier argumento, por muy bueno que este sea. También dispone al interlocutor a la defensiva, con lo que la resolución del conflicto, ese encontrar una solución válida para ambos, se desvanece. En la filosofía del siglo XVII, localizamos una enseñanza que nos puede ayudar a evitar estos episodios. La firma el racionalista Baruch Spinoza, que nos invita a "no llorar, no indignarse, sino comprender".

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¿Quién fue Baruch Spinoza?

De raíces sefardíes pero nacido en Países Bajos, Baruch Spinoza (1632-1677) fue uno de los grandes filósofos de la Ilustración. Su obra está inspirada por el estoicismo, el racionalismo judío y Descartes, entre otros pensadores, y refleja las bases del racionalismo moderno. De hecho, está considerado uno de los filósofos más importantes y radicales de la Edad Moderna. 

Su famosa frase "no llorar, no indignarse, sino comprender" pertenece al Tratado teológico-político (1670), uno de los únicos dos libros que publicó en vida ya que falleció con solo 44 años. A pesar de que su pensamiento se enmarca, como decíamos, en el racionalismo moderno, esas palabras tienen cierto tinte estoico pues alientan a dominar las pasiones y aceptar la realidad, sea buena o mala, tal y como es. Eso sí, Spinoza no busca "soportar" el dolor o la adversidad como los estoicos, sino encontrar las causas físicas y psicológicas que ayuden a entenderlo. 

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¿Qué significa su frase desde la psicología?

Para enfocar la frase de Spinoza desde un punto de vista contemporáneo y, sobre todo, práctico, le hemos pedido a la psicóloga Pilar Conde, directora técnica de Clínicas Origen, su análisis. Según explica la experta, "cuando somos observadores o partícipes de una situación, esta provoca una reacción emocional en nosotros: enfado, llanto, miedo... La reflexión de Baruch Spinoza, para mí, apunta a que seamos capaces de observar el contexto, comprender las motivaciones del otro y no centrarnos únicamente en nuestra propia reacción". 

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Pararse un segundo, ponerse en el lugar de la otra persona e intentar ver sus razones, en vez de gritar, llorar o indignarnos como primera respuesta, es un ejercicio que puede transformar por completo nuestra disposición ante un conflicto. 

"Nos permite no dejarnos llevar por nuestros impulsos, sino escuchar más, entender mejor lo que sucede y, desde ahí, analizar la situación de una manera más objetiva, evitando que sea nuestra experiencia subjetiva y reactiva la que domine", afirma la psicóloga. Además, evita que nos anticipemos a situaciones que pueden no ser reales.

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¿Cómo podemos aplicar este consejo en nuestra vida?

Hay quienes, de forma natural, reaccionan racionalmente ante un problema, pero también existen otras personas para las que llorar, gritar o enfadarse resulta casi inevitable. "Depende de cómo nos relacionamos con nuestra experiencia emocional, de cómo interpretamos lo que sucede, de si nos dejamos llevar o no por nuestros impulsos y de nuestra capacidad para analizar una situación antes de reaccionar", explica la psicóloga.

Si te resulta complicado frenar y analizar antes de enfadarte, Pilar Conde aconseja que cuando sientas que alguien te está incomodando o molestando, le plantees esta pregunta: "¿A qué te refieres?". "Esto nos permite obtener más información y comprender mejor lo que sucede antes de reaccionar", explica.

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Otros consejos de la psicologa Pilar Conde para resolver un conflicto

  • No reacciones de manera impulsiva; permítete un tiempo para valorar la situación.
  • Escucha a la otra persona e intenta comprender su punto de vista.
  • Expresa tu opinión desde el “yo creo”, “yo pienso” o “mi opinión es”, sin anular ni invalidar la perspectiva del otro.
  • Renuncia a la necesidad de tener siempre la razón y busca una solución que permita llegar a un equilibrio.
  • Asume que, en ocasiones, un conflicto no se resuelve llegando a un acuerdo, sino respetando la opinión del otro, aunque no se comparta.