"A veces la gente se va de la vida de uno sin que uno pueda controlar cómo". Con resumía Tamar Novas su forma de entender las rupturas sentimentales. Lo hacía durante una charla en el programa En clave de Rhode, de la Cadena Ser. El actor gallego de 39 años hablaba sin tapujos de terapia, duelo y relaciones, y dejaba claro que el dolor de una ruptura es algo que, tarde o temprano, nos atraviesa a todos: "Pasa a todos. Amores que uno ha tenido y que de alguna manera tienes que aceptar que se van", reflexionaba en la entrevista.
El actor reconocía además que ese aprendizaje no ha sido casual, sino fruto de un largo proceso personal: "He hecho muchísima terapia (...) en los diez años que me he tirado casi semanalmente hablando con mi terapeuta.", contaba, para después admitir que ese trabajo interior le ha dejado, en sus propias palabras, "una especie de sistema" y "herramientas para sobrellevar la pérdida".
Pero si hubo una frase que resumió el espíritu de toda la conversación fue esta: "Puedes perder, pero puedes tener una decisión sobre cómo perder". Una idea con la que, según nos confirma la psicóloga especialista en terapia de parejas y sexual, Diana Pardo (@dianapardopsicologadeparejas), Tamar Novas está poniendo el dedo en un principio clave de cualquier proceso de duelo amoroso: la gestión emocional de la pérdida.
Perder el vínculo, no la capacidad de decidir
Imagina que te enteras de que tu pareja quiere terminar la relación sin haberlo hablado antes, sin previo aviso. La primera sensación, casi siempre, es la de no tener ningún control sobre lo que está pasando. Es, de hecho, la misma idea que apuntaba Tamar Novas cuando decía que "hay cosas que pertenecen al otro a veces y a veces algo se va y decide ser de una manera que tú no puedes hacer nada".
Sin embargo, según explica la especialista, esa sensación de indefensión no cuenta toda la historia: "Cuando una ruptura aparece en tu vida, pierdes el poder de decidir sobre el final de la relación, pero no pierdes la capacidad de decidir y elegir cómo quieres atravesar esa pérdida", apunta Diana Pardo. Es decir, pasamos de sentir que "esto me está pasando y no puedo hacer nada" a reconocer, poco a poco, que hay cosas que ya no podemos cambiar, pero que siempre tendremos "la opción de elegir cómo responder emocionalmente y direccionar" nuestra conducta.
La terapeuta advierte de un error muy común en este tipo de procesos: quedarnos enganchados a lo que ya no depende de nosotros. "Es frecuente que nuestra atención esté enfocada en intentar recuperar aquello que ya no depende de nosotros:, como que tu expareja cambie de opinión, que regrese, que nos dé una oportunidad", señala la psicóloga, y esto "nos distrae en lo que realmente debemos concentrarnos y es en aquello en lo que sí podemos decidir".
¿Y qué significa exactamente "decidir" en este contexto? La experta lo desgrana con claridad: "Tener la capacidad de decisión implica empezar a pensar qué podemos hacer con esta realidad. No significa dejar de sentir tristeza, decepción o rabia, significa que nuestra gestión emocional vaya a favor de nosotros".
"Puedes decidir qué quieres aprender de lo ocurrido, qué haces con el dolor, qué límites vas a sostener, qué no quieres volver a repetir ni permitir, qué agradeces de esa historia y qué lugar darle en tu vida", explica la experta, que resume así el sentido profundo de este ejercicio: "Recuperar la capacidad de decidir significa salir de la posición de víctima de lo ocurrido y asumir una posición de responsabilidad frente a tu propia vida". En sus propias palabras, "la ruptura te quita el control sobre el vínculo, pero no debería quitarte el control sobre tu propia vida".
Aceptar no es resignarse
Quizás te haya pasado alguna vez: sentir que has "aceptado" una ruptura, pero seguir atrapada en la sensación de que todo esto es injusto y de que no tenías por qué vivirlo así. Según Diana Pardo, ahí está justamente la diferencia entre aceptación y resignación, dos conceptos que solemos confundir. "La diferencia está en lo que haces internamente con el final de esa relación. Aceptar una ruptura es comprender que todo lo que los unía como pareja terminó, aunque no fuera lo que querías", explica la terapeuta de parejas.
"No quiere decir que no duela o que estés de acuerdo con la decisión; significa que dejas de luchar internamente contra la realidad que ya no puedes cambiar y comienzas a hacer el duelo". Aceptar, insiste, no implica dejar de sentir cariño por esa persona: "Incluso puedes seguir amándola y aceptar que ya no hace parte de tu vida. Y desde ahí seguir adelante y continuar".
La resignación, en cambio, es harina de otro costal. "Resignarse es diferente. Es reconocer que la relación se acabó, pero sintiéndose impotente, la persona puede quedarse atrapada en la sensación de pérdida, frustración o melancolía, sintiendo que la ruptura le fue impuesta y que le toca vivir algo que no eligió", diferencia la especialista. Y, concluye: "aunque ambas implican reconocer que la relación terminó, emocionalmente se relacionan con la ruptura de una forma diferente".
Cómo empezar a recuperar la sensación de control
Puede que, llegadas a este punto, te preguntes cómo se traduce todo esto en el día a día. Diana Pardo comenta que, en este caso, "tras una ruptura, no se trata de 'recuperar el control' sobre la situación, se trata de recuperar la capacidad de elegir y decidir sobre sí mismo. Tus decisiones, tus límites, y cómo eliges seguir adelante", explica la psicóloga, que propone varias claves concretas para lograrlo:
- Diferenciar qué depende de nosotros y qué no: "No puedes controlar lo que tu expareja hace, piensa o siente. Sí puedes decidir cómo respondes, qué límites estableces y qué lugar quieres darle en tu vida". L
- Recuperar la autonomía perdida: "Tomar decisiones en tu vida ayuda a que vuelvas a decidir por ti y no por otro. Pregúntate: ¿qué necesitas? ¿qué te hace feliz? ¿qué te da tranquilidad? ¿qué ya no vas a permitir?".
- Evita buscar e imaginar señales: Imagina, por ejemplo, que te sorprendes a ti misma mirando el perfil de Instagram de tu ex por tercera vez en una tarde, o preguntando a amistades comunes qué sabe de él o ella. Es un comportamiento más habitual de lo que pensamos, pero la terapeuta advierte de sus efectos: "Revisar si está en línea, preguntar a sus amigos qué hace, interpretar cada interacción que tiene en sus redes o buscar señales de si volverá puede darte una sensación momentánea de control, pero mantiene tu atención emocional puesta en tu pasado, que es esa persona".
- Habitar la incertidumbre y el desconocimiento: "Quizás nunca conozcas las razones que llevaron a tu expareja a tomar la decisión de terminar la relación. Aceptar que no tienes todas las respuestas también implica dejar de buscar explicaciones que ya no dependen de ti", apunta Diana Pardo. "Y aunque no puedas controlar lo que pasó, sí puedes recuperar la libertad de decidir qué haces tú con lo que ocurrió".
- Cambiar el enfoque: "En lugar de pensar ¿qué estará pensando mi ex?, pregúntate: ¿qué puedo hacer para sentirme mejor? Así dejas de poner la atención en el otro y vuelves a centrarla en ti".
Dejar de negociar con el pasado
Hay una fase del duelo, casi inevitable, en la que damos vueltas una y otra vez al "qué habría pasado si...". Si alguna vez te has sorprendido reescribiendo mentalmente conversaciones pasadas, imaginando finales distintos o buscando la frase exacta que podría haberlo cambiado todo, sabrás de qué habla Diana Pardo cuando explica que "después de una ruptura, permanecemos en el pasado haciendo preguntas que muchas veces no tienen respuesta, y la única forma de soltar lo que fue y mirar hacia adelante es entender que el pasado ya no es un lugar de decisión, sino de comprensión". "Podemos volver a él para entender y cerrar, pero no para negociar otro desenlace", matiza la experta.
La reflexión final de la psicóloga conecta, de alguna manera, con esa idea que lanzaba Tamar Novas en la radio sobre tener "un código" para gestionar la pérdida: "El pasado merece ser comprendido, pero no puede seguir siendo dirigido por nosotros. El presente, en cambio, admite decisiones. Ahí empieza realmente la elaboración de una pérdida, en ese momento en el que dejo de preguntarme cómo cambiar lo que fue y empiezo a preguntarme qué voy a hacer con lo que sucedió, qué quiero aprender y quién quiero ser a partir de ahora".
Quizás no podamos elegir que una relación termine, ni cuándo ni cómo. Como resumía el propio Tamar Novas al cierre de su reflexión, "creo que lo he gestionado bastante bien", y esa frase, tan modesta, encierra en realidad la clave de todo el proceso: no se trata de no sufrir, sino de aprender, con tiempo y trabajo interior, a decidir qué hacemos con lo que queda después de una pérdida.










