Amistades

Antonio Bolinches, psicólogo, sobre las relaciones: "Siempre y cuando exista una antipatía física el hombre y la mujer pueden ser amigos"


El experto en terapia de parejas explica el significado de amistad sublimada y hablar de los vínculos entre personas de distinto género


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Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
19 de agosto de 2026 a las 20:02 CEST

Hay amistades que nacen de manera natural, sin expectativas ni segundas intenciones. Y hay otras que llegan después de un enamoramiento que no pudo ser. Seguimos hablando, compartiendo planes y estando presentes en la vida de esa persona, aunque en algún momento hayamos deseado que la relación fuese diferente. Un fenómeno muy común que nos lleva a plantearnos una pregunta: ¿Es realmente amistad o puede haber algo más detrás? 

En el podcast Vidas contadas, el psicólogo, autor y especialista en terapia de parejas, Antonio Bolinches, reflexiona sobre la posibilidad de que exista una amistad entre hombres y mujeres y establece una condición previa para que esta pueda darse sin que interfieran los sentimientos románticos: "Siempre y cuando exista una antipatía física. Siempre y cuando no se gusten ninguno de los dos en grado suficiente”. Es decir, desde su perspectiva, cuando existe una atracción suficientemente intensa por una de las partes, la relación puede complicarse. Pero el psicólogo introduce una excepción: "Lo que sí existe es la variante de amistad sublimada".

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Qué es la amistad sublimada

¿En qué consiste exactamente? Antonio Bolinches explica el concepto de amistad sublimada a través de una situación muy concreta: una persona siente algo por otra, pero descubre que no es correspondida de la misma manera. En lugar de cortar el vínculo, decide reconducir aquello que sentía y mantener la relación desde otro lugar. Así lo ejemplifica durante la charla: "Me gusta una chica, pero esa chica solo me dice que me quiere como amigo. Yo hago un diálogo interno y renuncio a ver a Pepita o a María o a Marisa porque no me quiero frustrar o sigo teniendo relación con ellas. Reconvierto el enamoramiento en amistad y me quedo en la reserva porque a veces ocurra que en momentos de debilidad el hombre tiene acceso a esa mujer que se siente despechada por otro hombre. Entonces, el que había sublimado el enamoramiento incluso puede llegar a convertirse en una pareja".

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La clave, por tanto, estaría en esa transformación interna, es decir, aquello que inicialmente era deseo de pareja pasa a expresarse bajo la forma de amistad. Pero que el vínculo pueda nacer de una atracción o de un deseo romántico no significa que todo lo que exista entre esas dos personas sea únicamente una expectativa sentimental. También puede haber cariño, complicidad, afecto y un vínculo que haga que la relación tenga valor por sí misma.

De ahí que el concepto de amistad sublimada resulte especialmente interesante. Según el planteamiento de Antonio Bolinches, el enamoramiento se canaliza hacia otro tipo de vínculo, la amistad, aunque pueda permanecer cierta posibilidad imaginada de que las circunstancias cambien en algún momento. Eso no invalida necesariamente el afecto que existe entre ambos, pues aunque una persona puede haber deseado inicialmente una relación de pareja y, al mismo tiempo, haber desarrollado un cariño auténtico por la otra.

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¿Una amistad o una segunda oportunidad?

Este detalle introduce otra pregunta incómoda: ¿podemos ser amigos de alguien que nos gusta sin esperar secretamente que algún día cambie de opinión? En el caso que plantea Antonio Bolinches, la respuesta pasa también por las posibilidades que tenga cada persona de conocer a otras parejas: "Si tú tienes posibilidades con muchas parejas no aceptas una amistad sublimada”, explica. En su planteamiento, cuanto más amplia sea la percepción de oportunidades sentimentales, menos necesario resultaría permanecer vinculado a alguien que no corresponde al interés romántico.

Por el contrario, cuando una persona siente que sus opciones son más limitadas, esa amistad podría adquirir otro significado. "Tus prioridades será salir con tus amigos para encontrar otra chica que puedas tener una relación en las claves que tú deseas", comenta el experto en el podcast. De este modo, la idea que plantea Antonio Bolinches señala que, cuando existe una alternativa real de encontrar una relación recíproca, resulta más sencillo renunciar a permanecer en una amistad sostenida por una expectativa romántica.

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Cuando el cariño permanece

La amistad sublimada, tal y como la describe el psicólogo pone sobre la mesa una diferencia importante entre aceptar una amistad y utilizarla como una forma de conservar una posibilidad. En el primer caso, el deseo de pareja puede haberse asumido y la relación continúa desde un lugar amistoso, sin que eso implique borrar el cariño que ya existe. En el segundo, seguir cerca puede convertirse también en una manera de esperar. Y ambas cosas pueden coexistir. Que una relación comenzara con atracción no significa que el cariño desaparezca cuando se renuncia a una pareja. Al contrario: precisamente porque existe un vínculo afectivo, algunas personas prefieren transformar la relación antes que perderla. La cuestión estaría en saber si esa nueva forma de relacionarse resulta emocionalmente sostenible para ambos.

Esto no significa que toda amistad entre dos personas en la que una de ellas se haya enamorado sea necesariamente una amistad sublimada. Tampoco que mantener el contacto después de un rechazo esconda siempre una segunda intención. Cada vínculo tiene sus propias circunstancias y, sobre todo, requiere atender a lo que sucede emocionalmente en ambas partes.

Qué es la amistad sublimada© Getty Images

La pregunta quizá esté en qué esperamos realmente cuando decidimos quedarnos. Si podemos aceptar que esa persona no va a convertirse en nuestra pareja, disfrutar de su presencia, alegrarnos por sus relaciones y construir nuestra propia vida sentimental sin permanecer pendientes de una oportunidad futura, la amistad puede encontrar un lugar propio. Si, por el contrario, cada conversación, ruptura o momento de vulnerabilidad se vive como una posible puerta para que la relación cambie, quizá todavía quede algo del enamoramiento inicial que no hemos terminado de soltar.