Los lugares de Florencia donde probar el postre italiano más irresistible: así es la ruta del 'affogato' con espíritu estival universal


Consumido indistintamente como aperitivo, postre y merienda durante todo el año, esta especialidad autóctona de la Toscana es la excusa perfecta para reservar una escapada a Florencia y hacer un recorrido para probar los mejores de la ciudad del lirio. Estas son nuestras recomendaciones para la perfecta ‘ruta del affogato’.


Tivoli Palazzo Gaddi, en Florencia, Aria Rooftop-Sunset© Thierry Delsart
5 de octubre de 2026 a las 14:04 CEST

Si hay algo mejor que un helado y un café por separado (más allá del helado con sabor a café, claro), es, probablemente, disfrutarlos juntos. No es casual que fuera Italia, cuna de estos dos grandes placeres de la gastronomía, la que diera con el combo perfecto para los amantes del espresso y del postre más universal. Su nombre: affogato (literalmente, una bola de helado ‘ahogada’ en un café recién hecho) se ha convertido en uno de los pequeños grandes placeres de la sobremesa en Italia.

El origen del affogato

Aunque una de las versiones más populares atribuye su invención a un fraile franciscano llamado Angélico —conocido por elaborar licores de café y avellanas—, que habría dado con la fórmula de mezclar helado y café por accidente en el siglo XVII, en el Piamonte, los expertos sitúan su consolidación como icono gastronómico mucho más tarde, a mediados del siglo XX, especialmente durante la década de los 50. La expansión de las máquinas comerciales de espresso y la modernización de las heladerías italianas hicieron el resto, contribuyendo a popularizar esta sencilla combinación en todo el país, pero, en concreto, en la ciudad de Florencia.

El affogato es un postre tradicional italiano que combina café espresso con helado.© Shutterstock
El affogato es un postre tradicional italiano que combina café espresso con helado.

Y es que si hay una ciudad que parece especialmente diseñada para entregarse a este placer es Florencia; no en vano, la capital del lirio y cuna del Renacimiento es también un territorio privilegiado de la tradición gelatiera, ofreciendo la excusa perfecta para convertir este ritual en el leit motiv de un itinerario por algunos de los establecimientos de especialidad repartidos por su centro histórico. Al fin y al cabo, ¿hay algo mejor que una pausa para tomar un café y un helado? Quizá solamente no tener que elegir. 

Anatomía de un postre sin horario

Aunque tan diversa como el establecimiento donde se sirve, la base del éxito cuando se trata de un affogato es tan sencilla como tradicional; “en Florencia, la gastronomía se basa en la sencillez, la calidad y el respeto por la tradición: elegir unos pocos ingredientes excelentes y dejar que hablen por sí mismos”, dicen desde el florentino Caffè dell’Oro (parte del hotel Portrait Firenze). “Su atractivo reside en su sencillez y en el contraste. La combinación del helado frío y cremoso con el espresso caliente y aromático crea una experiencia que resulta inmediatamente reconfortante, a la vez que sofisticada”, dicen desde el establecimiento, donde la pregunta que más reciben es si el café se sirve aparte del helado o se vierte. “Para nosotros, el momento de verterlo forma parte de la experiencia: el café caliente entra en contacto con el frío de helado y crea de inmediato ese maravilloso contraste de temperatura, textura y sabor”, confirman.

El florentino Caffè dell’Oro© @caffedelloro
El florentino Caffè dell’Oro

Convertido en todo un emblema florentino, esta especialidad es, además, parte de su carta en su versión más atemporal, pero también como cóctel, con su propuesta de Affogato al gin taddeo: “Aporta un toque más contemporáneo, combinando la cremosidad del helado con el carácter distintivo de Gin Taddeo, nuestra ginebra insignia”, explican desde el café, que sirve ambas especialidades durante todo el año. "El affogato no está realmente ligado a ninguna estación del año; de hecho, en Florencia, el helado se disfruta durante todo el año, y esta especialidad le aporta un toque extra de calidez y bienestar. Además, hay algo muy florentino en disfrutar de un placer sencillo a cualquier hora del día, ya sea después de comer, como capricho de media tarde o al final de la cena”, tercian para cerrar; “su sencillez lo convierte en un clásico atemporal”.

Café en el florentino Caffè dell’Oro.© @gilli_1733
Café en el florentino Caffè dell’Oro.

Empezar por los clásicos

La primera parada es, ineludiblemente, en Vivoli (Via Isola delle Stinche, 7r). Si el affogato se ha convertido en todo un emblema florentino es, en parte, porque este establecimiento lleva sirviéndolo desde los años sesenta. No obstante, su historia se remonta a 1929, cuando la familia propietaria abrió una lechería en el barrio de Santa Croce que, pocos años después, empezó a elaborar helado. El resto es historia o, mejor dicho, su versión de 'La gran crema al caffè' (tal y como se conoce aquí al affogato) es lo primero que hay que pedir cuando se pone un pie en Florencia. Desde el pasado año, además, la familia cuenta en exclusiva con un Affogato Bar abierto junto a la histórica gelateria; no en vano, en  2024 uno de sus vídeos se hizo viral, llegando a más de 20 millones de usuarios y convirtiéndose en todo un icono internacional. 

Vivoli, donde el affogato es todo un emblema© @vivoli_il_gelato
Vivoli, donde el affogato es todo un emblema

La esencia histórica de Oltrarno

Ya entrados en materia, la segunda parada es en Piazza della Signoria, que aún es considerado el corazón político de la ciudad y adonde se puede caminar fácilmente desde Santa Croce en un agradable recorrido callejeando a través del centro histórico hasta llegar al Palazzo Vecchio, hoy el ayuntamiento de la ciudad; construido en 1929 como sede del gobierno de la República de Florencia, este majestuoso edificio con aspecto de fortaleza ha ocupado, históricamente, distintos símbolos de poder en la urbe: desde residencia de los Médici (de 1540 a 65) a sede temporal del Parlamento (durante la Italia unificada).

Heladería La Carraia en el barrio de Oltrarno© @gelaterialacarraia
Heladería La Carraia en el barrio de Oltrarno

Tras este primer contacto con la esencia histórica renacentista y la arquitectura gótica, hay que cruzar el río Arno para vislumbrar La Carraia (Piazza Nazario Sauro, 25/r), un cambio de registro donde, además de helados, se sirve una de las versiones más contemporáneas del affogato local. No en vano, su helado de pistacho y/o crema (dependiendo de la disponibilidad del día) es el más solicitado para ello, gracias a lo intenso (y ligeramente salado, para sorpresa) de la combinación final.

La calma de un pomeriggio a la orilla del Arno

Pasando entre artesanos que aún trabajan en sus talleres, pequeñas galerías de arte y anticuarios, es el momento perfecto para buscar algún tesoro y disfrutar de las vistas cámara en mano antes de la pausa para el almuerzo; eso significa (si es posible) no renunciar a otro affogato en este caso, el del pomeriggio (o mediodía italiano). 

Gelateria dei Neri© @gelateriadeinerifirenze
Gelateria dei Neri.

Así, damos con la tercera parada del viaje: Gelateria dei Neri (Via dei Neri 20), cuyo nombre homenajea a una de las más antiguas e influyentes familias de nobles florentinos y que apuesta por la sencillez como máxima (donde dicen que está el gusto). En este caso, su sistema pasa por elegir un sabor de base sencillo (nata, vainilla o chocolate) y dejar que el espresso haga el resto como sabor protagonista, para volver por Piazza della Signoria hacia la Santa Croce sin un ápice de empacho en el cuerpo. Eso sí, por el camino merece la pena detenerse por el Corredor Vasariano, construido para que los Médici (quienes expulsaron del puente a carniceros y al resto de tenderos para colmarlo de orfebres y joyeros) pudieran desplazarse entre Palazzo Vecchio y Palazzo Pitti (su segunda residencia) sin mezclarse con el resto de la ciudad.

Una sobremesa con vistas

Aunque una sobremesa no es tal sin un cortado (espresso machiatto) o solo (espresso). Por tanto, hay que poner rumbo a uno de los cafés con más historia de la ciudad: Gilli, fundado en 1733 en una de las plazas más bellas de la capital toscana (y que mejor representan su vida cotidiana); Piazza Santo Spirito y su flamante basílica, uno de los símbolos más representativos del Renacimiento italiano (y más laboriosos; su diseñador, Filippo Brunelleschi, no vivió para verla terminada). Un ejemplo de claridad arquitectónica que también otorga una de las mejores excusas para sentarse en su terraza y observar el tránsito de la ciudad. Un ritual tan italiano como imprescindible para empaparse de la cultura del café y su contagioso ritmo.

Uno de los cafés con más historia de la ciudad de Florencia: Gilli, fundado en 1733© @gilli_1733
Uno de los cafés con más historia de la ciudad: Gilli, fundado en 1733

Un cierre gourmet como un local

Como cierre a la jornada, y tras recorrer San Lorenzo y, en concreto, su Mercato Centrale (fácil de vislumbrar en un pintoresco edificio de hierro y cristal del siglo XIX, donde encontrar todo tipo de especialidades locales; de pasta fresca, carne y verduras a productos toscanos como el lampredotto y la ribollita), llegamos a Badiani (Viale Dei Mille, 20/r). Esta casa, fundada en 1932, es célebre por su buontalenti: una crema de helado elaborada a partir de una receta propia y que ya es uno de los sabores locales más reconocibles de la ciudad. 

La guinda al affogato local con una especialidad propia como base, o la prueba de que la mejor unión entre la cultura y la historia de la ciudad pasa siempre (y mejor) por la gastronomía.

LO MÁS PRÁCTICO SI VISITAS FLORENCIA

Cómo llegar

El aeropuerto más cercano al centro es el Amerigo Vespucci-Florencia (hay muchos vuelos directos semanalmente desde Madrid y Barcelona), a unos seis kilómetros y conectado por el tranvía y taxis. También es posible llegar a Florencia desde otra ciudad italiana vía tren; su servicio de alta velocidad conecta con Roma, Bolonia, Milán y Venecia. Una vez en la ciudad, la ruta es más que manejable a pie y en transporte público.

Tivoli Palazzo Gaddi, en Florencia, secret garden© Thierry Delsart
Tivoli Palazzo Gaddi, secret garden.

Dónde dormir

Hotel Lungarno: su ubicación junto al Ponte Vecchio y a orillas del Arno lo convierte en la base perfecta para esta ruta; no en vano, este hotel parte de la Lugarno Collection lleva más de medio siglo siendo una de las direcciones de referencia más icónicas clásicas de la ciudad. Sus interiores combinan la elegancia más clástica florentina (con una colección de más de 400 obras de arte de Picasso, Cocteau o Antonio Bueno repartidas por pasillos y habitaciones) con el lujo más confortable. Además, su Picteau Bistrot & Bar es ideal para reponer fuerzas tras el recorrido y disfrutar, ya de paso, de un aperitivo italiano frente al río, antes de dirigirse a Borgo San Jacopo (su restaurante de especialidad con una estrella Michelin).

Tivoli Palazzo Gaddi: convenientemente situado en pleno centro histórico (concretamente en un palacio del siglo XVI que perteneció a las aristocráticas familias Gaddi y Arrighetti), el edificio de este hotel aún conserva frescos, obras de arte y otros elementos históricos integrados en su ahora contemporánea decoración. Sus 86 habitaciones (de las que cuatro son suites), condensan el espíritu fiorentino con vistas a la catedral y la ciudad, en una experiencia que se completa con una panorámica ampliada al Duomo desde su terraza Araia Rooftop, y un recorrido por la esencia de la gastronomía de la Toscana (de la mano del chef Iside De Cesare) en el restaurante Terrae.

Tenuta Di Artimino, Melia Collection La Ferdinanda© www.lorenzovecchia.com
Tenuta Di Artimino, Melia Collection La Ferdinanda

Meliá Tenuta di Artimino: Una histórica finca en plena campiña rodeada de olivares y árboles centenarios, que fue construida en 1596 como pabellón de caza para Ferdinando I de Médici, materializando así el vínculo entre las distintas posesiones de esta familia: por un lado, a través de su villa (llamada Medici La Ferdinanda), declarada patrimonio mundial de la UNESCO y donde pueden contemplarse los fresco originales de finales de Renacimiento de Domenico Cresti y Bernardino Poccetti; y, por otro, desde Paggeria Medicea, el edificio que alberga el hotel y cuyas 63 habitaciones que se ubican en una construcción de principios del s. XVII junto a los Borgo Lodges y sus alojamientos rurales privados, dos restaurantes (Gourmet Biagio Pignatta y Cantina del Redi), una bodega y un moderno spa. Además, desde el alojamiento preparan actividades ad hoc como búsqueda de trufas, catas de vino con el sumiller de la finca o clases privadas de cocina… Para todo lo que puedas necesitar mientras cuando no estés degustando un affogato.