Desde uno de los palcos del Teatro dell’Aquila de Fermo, la mirada baja hacia una platea rodeada por cinco pisos de balcones dispuestos alrededor del escenario. El techo, los dorados, las decoraciones y la propia forma de la sala cuentan cómo se entendía el teatro en la Italia de hace varios siglos. Mucho más que un lugar donde asistir a una función, ir al teatro significaba dejarse ver, encontrarse con los vecinos y estrechar relaciones, porque no todo lo interesante ocurría sobre el escenario.
Esta manera de entender el teatro es precisamente la que reconoció la Unesco este verano en Busan, Corea del Sur, cuando incluyó en su Lista del Patrimonio Mundial el sistema de teatros comunitarios al estilo italiano de los siglos XVIII y XIX en Italia central. Son diez salas históricas y ocho de ellas están en Las Marcas, una región que se ha ganado el sobrenombre de “la de los cien teatros” por la cantidad de escenarios antiguos que conserva.
Los elegidos son el Teatro Giovanni Battista Pergolesi de Jesi, el Ventidio Basso de Ascoli Piceno, el Serpente Aureo de Offida, el dell’Aquila de Fermo, el Lauro Rossi de Macerata, el Feronia de San Severino Marche, el Gentile de Fabriano y el Bramante de Urbania. Los otros dos teatros incluidos en el reconocimiento son el Teatro Comunale de Imola, en Emilia-Romaña, y el Teatro Sociale de Amelia, en Umbría.
PALCOS HEREDITARIOS
Lo de teatros “comunitarios” tiene su historia. En aquella época, las familias y los vecinos participaban en la construcción y gestión de estos teatros. Comprar un palco podía significar convertirse en copropietario y transmitirlo después a los hijos, como cualquier otro bien familiar. Ir a una representación era, por tanto, bastante más que disfrutar de una ópera o una comedia; también era el lugar para encontrarse con los vecinos y participar en la vida social.
Aquellas salas, con sus patios de butacas, los pisos de palcos y los vestíbulos donde se reunía el público, siguen manteniendo su función original. No han quedado reducidas a edificios para visitar. Dos siglos después, continúan formando parte de la vida de sus localidades; el telón sigue subiendo en sus escenarios, que acogen óperas, conciertos, obras de teatro y festivales.
UNA DESCONOCIDA REGIÓN ITALIANA
Los ocho teatros son una buena excusa para recorrer la región de Las Marcas. En el centro de Italia, entre los Apeninos y el mar Adriático, es menos conocida que otras regiones italianas, pero también reúne ciudades de arte, pueblos históricos, paisajes de colinas y una costa que alterna playas con tramos de gran belleza natural.
El recorrido puede comenzar en Jesi, ciudad natal del compositor Giovanni Battista Pergolesi, que da nombre a su teatro, y continuar en Ascoli Piceno, que presume de plazas y fachadas de travertino. En Fermo, el Teatro dell’Aquila comparte protagonismo con las calles del casco histórico. Offida es conocida por sus encajes de bolillos, una tradición artesanal que sigue viva; Macerata tiene una de las universidades más antiguas del mundo; San Severino Marche conserva su aire de ciudad histórica, y Fabriano está ligada desde hace siglos a la fabricación de papel. En Urbania, la cerámica mantiene su lugar entre los oficios tradicionales de la región. Ocho localidades distintas unidas por una misma pasión por las tablas y una vida cultural que no se ha quedado entre bastidores.
DE URBINO A LAS CUEVAS DE FRASASSI
También hay que reservar tiempo para Urbino, una de las grandes joyas del Renacimiento italiano y declarada Patrimonio Mundial, y para Recanati, la ciudad natal del poeta Giacomo Leopardi. Hacia la costa, la Riviera del Conero rompe la línea de playas del Adriático con sus acantilados blancos y calas como la Spiaggia delle Due Sorelle, acesible por mar. Y tierra adentro, las cuevas de Frasassi esconden un espectacular mundo subterráneo, con enormes salas de estalactitas y estalagmitas, como el Abismo Ancona, una cavidad tan grande que podría albergar la catedral de Milán.










