"Desmayarse, atreverse, estar furioso; áspero, tierno, liberal, esquivo...", escribió Lope de Vega en su Soneto 12 (Rimas humanas, 1634) sobre una idea del amor romántico como entrega absoluta que, casi 400 años después, no ha pasado de moda: Leiva, por ejemplo, la retoma en su tema Sincericidio (Monstruos, 2016) cuando canta "te quiero... aunque no haya explicación". Querer a alguien es abrirnos a él o ella, mostrarnos totalmente vulnerables pero con la confianza de que no va a hacernos daño. Eso es lo que Erich Fromm quería transmitir con su famosa frase "el amor es un acto de fe", que hoy analizamos.
¿Quién fue Erich Fromm?
Erich Fromm (1900–1980) fue un destacado psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista alemán, célebre por conectar las teorías del psicoanálisis con la crítica social y política. Fue uno de los miembros más influyentes de la prestigiosa Escuela de Fráncfort y revolucionó la psicología al defender que la conducta humana no depende solo de los impulsos biológicos reprimidos (como afirmaba Sigmund Freud), sino principalmente de la influencia de la cultura y la sociedad.
Su enfoque se conoce como psicoanálisis humanista y, entre sus más de 20 libros, el más destacado es El arte de amar (1956). En el último capítulo de ese escrito aparece su famosa frase "el amor es un acto de fé".
¿Qué significa su frase: "El amor es un acto de fe"?
Para analizar la frase de Fromm desde un punto de vista contemporáneo y práctico, hemos hablado con Andrea Vicente, psicóloga sanitaria especialista en relaciones afectivas, autoestima y gestión emocional (@psicologa_andreavicente). Ella nos explica que "cuando Fromm habla de que “el amor es un acto de fe” no se refiere a una fe ciega ni a confiar sin criterio. Habla de la capacidad de apostar por una relación sin tener garantías absolutas de lo que ocurrirá mañana".
Comenzar una relación (y también mantenerla, la verdad) es creer que esa persona no nos va a traicionar, pero dado que se trata de alguien libre (o al menos debería serlo, para poder confiar en que su amor es auténtico), podría actuar en nuestra contra si así le apeteciera. No hay una certeza absoluta de que no vaya a hacerlo, únicamente nos queda tener fe.
La dificultad de entregarse a una relación
No para todo el mundo es fácil asumir esa entrega y poner tus sentimientos y tu vulnerabilidad en las manos del otro. "En consulta veo muchas personas que quieren asegurarse de que nunca les harán daño antes de entregarse", confirma Andrea Vicente. "Pero esa certeza no existe. Amar implica aceptar un cierto grado de incertidumbre. Es confiar en que la otra persona actuará desde el compromiso, sabiendo que ambos son humanos y pueden equivocarse".
También nos explica que esta fe no debe entenderse como ingeniudad. "Es una decisión consciente de construir una relación sin intentar controlar todo lo que no depende de nosotros", dice.
Por qué hoy más que nunca el amor es un compromiso sin garantías
En una sociedad en la que rige el inconformismo, creemos tenerlo todo (y a todos) a un click y somos cada vez más egocéntricos, apostar por una relación es aún más un acto de fé. Según la psicóloga, "siempre lo ha sido, aunque ahora somos mucho más conscientes de ello. Vivimos en una sociedad que busca minimizar el riesgo en todos los ámbitos, y muchas personas intentan hacer lo mismo con las relaciones. Buscan señales, pruebas o certezas de que la pareja nunca cambiará o nunca fallará. Pero ninguna relación puede ofrecer eso".
"Lo único que podemos garantizar es el compromiso que cada uno decide poner en la relación día tras día", continúa la experta en relaciones de pareja. "El resto depende de múltiples factores: el crecimiento personal, las circunstancias vitales, la comunicación o la capacidad de resolver conflictos".
Además, afirma que esta es una clave para construir una pareja equlibrada: "Querer garantías absolutas suele generar ansiedad y necesidad de control. En cambio, aceptar que el amor implica vulnerabilidad permite establecer relaciones sanas".
Controlar no, poner límites sí
Asumir que la otra persona es libre y no buscar controlarla (más bien lo contrario: lo que queremos es hacerla más segura de sí misma) no significa que no podamos establecer ciertos límites. "Es importante diferenciar entre controlar y poner límites. Una relación sana no consiste en aceptar cualquier cosa en nombre del amor. Los límites son necesarios porque protegen nuestra dignidad, nuestro bienestar y nuestros valores", afirma Andrea Vicente.
No debemos confundir (ni dejar que nos confundan al respecto) ser controladores con delimitar aquello que nos puede molestar o hacer daño y es evitable. Por ejemplo, "no es lo mismo decir "no quiero que tengas amigos” que "no puedo construir una relación donde haya mentiras o faltas de respeto"", explica la profesional.
"Los límites no intentan cambiar al otro; explican qué necesitamos para poder mantener una relación saludable. Cada persona es libre de decidir cómo actúa, igual que nosotros somos libres de decidir si queremos permanecer en una relación donde esos límites no se respetan", aconseja.
Querer a alguien comienza en quererte a ti mismo
Para poder lanzarnos a esa fe de la que habla Fromm, es esencial quererse primero a uno mismo, tenernos en buena estima. Nos cuenta Andrea Vicente que esto es así porque "la forma en la que nos relacionamos con nuestra pareja suele estar profundamente influida por la relación que tenemos con nosotros mismos. Cuando una persona no confía en su propio valor, es más probable que necesite una validación constante, tenga miedo al abandono, interprete muchas situaciones como amenazas o dependa excesivamente de la aprobación de su pareja".
Andrea es muy pragmática con ese consejo típico de "para querer a alguien, primero tienes que estar bien tú" y apunta que "no significa que haya que estar completamente “sanado” para amar. Esa idea tampoco es realista". Tal y como explica, lo que "sí es importante es desarrollar una autoestima suficientemente sólida para que la pareja sea una elección y no una necesidad. En terapia trabajamos mucho este aspecto porque una relación no puede sostener indefinidamente las inseguridades que cada persona necesita aprender a gestionar por sí misma".
Los pilares de una relación de pareja sana, duradera y feliz
Nuestra psicóloga experta en relaciones de pareja nos da las claves para poder entender el amor como el "acto de fe" del que hablaba Fromm y construir una relación que nos aporte, nos impulse y perdure:
- Elegir bien a la persona. Muchas veces nos centramos en cómo mantener una relación, cuando la decisión más importante es con quién la construimos.
- Entender que el amor no se mantiene solo. Requiere intención, tiempo, conversación y cuidado continuo.
- Aprender a comunicar necesidades antes de que se conviertan en reproches.
- Aceptar que el conflicto no es el problema. Lo realmente importante es cómo se resuelve. Las parejas sanas también discuten; la diferencia está en que saben reparar el daño.
- No dejar de invertir en la relación cuando llegan las responsabilidades. La conexión emocional, la intimidad y los pequeños gestos cotidianos no deberían ser lo primero que desaparezca.
- Mantener un equilibrio entre el “yo”, el “tú” y el “nosotros”. Una buena pareja no implica perder la identidad individual, sino construir un proyecto común sin dejar de ser uno mismo.
"Al final, una relación saludable no es aquella en la que nunca hay dificultades, sino aquella en la que ambos deciden seguir construyéndola incluso cuando el enamoramiento deja paso al verdadero trabajo del amor", resume.











