Siendo madre parece que las horas vuelan, y que, por mucho que te organices, al final, todo se convierte en una auténtica carrera de fondo. Y si a todo esto sumamos el intentar encontrar tiempo para cuidarse, entonces ya lo dejamos por 'misión imposible'. Un estudio de DKV desvelaba, hace ocho años, que solo el 29% de las mujeres que son madres practican ejercicio físico, a pesar de que todas conocemos los beneficios que puede tener tanto a nivel físico como mental; y en una reciente entrevista con ¡HOLA! , Laura Matamoros, nos contaba que, para ella, el deporte no era ningún capricho, sino "una necesidad".
Una de las cosas que le ha enseñado ser madre -ella tiene dos pequeños- es que "si esperas a que sobre tiempo para hacerlo… ese momento nunca llega. Hay que decidir que también eres una prioridad". Una afirmación con la que coincide Laura Moreno Castillo, psicóloga y entrenadora: "El ejercicio no debería entenderse como un capricho ni como algo que hacemos únicamente de manera puntual, sino como una parte fundamental de nuestra salud y de nuestro día a día. El ser humano necesita moverse. Además, considero especialmente importante el entrenamiento de fuerza, tanto en hombres como en mujeres y, en particular, en la mujer, porque a medida que avanzamos en edad tendemos a perder masa muscular y hay etapas, como la menopausia, en las que este proceso puede acentuarse. Mantener una buena masa muscular no es solo una cuestión estética: es salud, autonomía y calidad de vida presente y futura".
"Creo que deberíamos empezar a ver el ejercicio como vemos otros hábitos básicos de autocuidado: algo que forma parte de nuestra vida y no algo que hacemos únicamente cuando nos sobra tiempo", añade.
La paradoja del tiempo: si esperas a que te sobre, nunca llegará
Pero, si sabemos todos los beneficios que tiene, ¿qué está ocurriendo? ¿Es una cuestión de falta de tiempo, de cómo establecemos prioridades? "Creo que hay un poco de ambas cosas", nos cuenta la experta. "Es evidente que hay etapas de la vida, y especialmente la maternidad, en las que disponemos de mucho menos tiempo y tenemos muchísimas responsabilidades, pero también es cierto que, si esperamos a que nos sobre tiempo para cuidarnos, probablemente ese momento nunca llegue. Por eso creo que el ejercicio tiene que dejar de ocupar ese lugar de 'si hoy me da tiempo' y empezar a formar parte de nuestras prioridades. Igual que reservamos tiempo para trabajar, comer, dormir o atender otras responsabilidades, también deberíamos intentar reservar un espacio para cuidar nuestra salud. Y eso no significa necesariamente disponer de una hora para ir al gimnasio. Podemos entrenar en casa, adaptar el ejercicio a nuestro día a día o aprovechar veinte o treinta minutos. Muchas veces dedicamos pequeños espacios de tiempo al móvil, a una serie o a otras actividades sin darnos cuenta, mientras seguimos posponiendo el ejercicio para mañana".
Y añade algo muy importante: "No se trata de culpabilizarnos por no llegar a todo, sino de entender que cuidarnos también es importante y buscar una fórmula realista que encaje en nuestra vida".
El mito de la 'buena madre': el autocuidado no es egoísmo
"Pienso que durante mucho tiempo hemos asociado la idea de ser una buena madre con estar constantemente disponible para los hijos y anteponer siempre sus necesidades a las propias. Por eso, cuando una mujer decide reservar un espacio para entrenar, descansar o simplemente hacer algo por ella misma, puede aparecer cierta sensación de culpa, como si durante ese tiempo estuviera dejando de lado a sus hijos", nos cuenta la psicóloga y entrenadora.
"Evidentemente, hay etapas de la maternidad, especialmente al principio, en las que un bebé requiere muchísima atención y es normal que el tiempo disponible sea menor, pero eso no significa que la mujer tenga que desaparecer detrás de su papel como madre. Una madre, además de madre, sigue siendo una mujer. Necesita seguir sintiéndose ella misma, cuidar su salud física y mental y tener espacios propios, porque para poder cuidar de los demás a largo plazo también necesitamos encontrarnos bien nosotras. Creo que deberíamos dejar de interpretar el autocuidado como una forma de egoísmo. Dedicarnos tiempo no significa querer o cuidar menos a nuestros hijos; significa entender que nosotras también somos importantes".
Y, por otro lado, también sigue existiendo la presión estética. Un tiempo, "se nos pedía estar muy delgadas; después llegaron otros ideales, como tener más volumen en glúteos y caderas, pero manteniendo una cintura muy pequeña; y ahora aparecen conceptos como el llamado 'cuerpo de pilates'. Van cambiando las tendencias, pero el mensaje de fondo muchas veces sigue siendo el mismo: nuestro cuerpo debería tener una forma determinada".
Ahí, nos comenta la entrenadora, es donde deberíamos cambiar el enfoque. "No hay nada malo en querer mejorar nuestra estética a través del ejercicio, pero no debería ser nuestra única motivación ni deberíamos elegir cómo entrenamos en función del cuerpo que esté de moda en ese momento. Para mí, lo importante es encontrar una actividad física que disfrutemos, incorporar el entrenamiento de fuerza y centrarnos en construir un cuerpo fuerte, sano y funcional. Las tendencias estéticas cambian constantemente; nuestra salud debería seguir siendo siempre la prioridad"
El antídoto mental de la madre: un espacio propio para regular el estrés
El ejercicio tiene muchísimos beneficios a nivel mental y emocional. Nos ayuda a regular el estrés, puede mejorar nuestro estado de ánimo, reducir síntomas de ansiedad y favorecer un mayor bienestar psicológico. Además, durante y después del ejercicio se producen diferentes respuestas a nivel hormonal y de neurotransmisores que están relacionadas con esa sensación de bienestar que muchas personas experimentamos después de entrenar.
Y, en el caso de las madres, "creo que cobra todavía más importancia. La maternidad supone una gran carga física y mental, y necesitamos sentirnos fuertes para afrontar el día a día: coger a nuestros hijos, jugar con ellos, seguir su ritmo y hacerlo con la mayor energía posible, pero también hay una parte que para mí es fundamental: entrenar puede convertirse en un espacio propio. Un momento de autocuidado en el que durante un rato dejamos de atender las necesidades de los demás para atender también las nuestras. Y cuidarnos física y mentalmente nos permite afrontar mucho mejor todo lo demás".






