La llegada de un recién nacido a casa transforma la dinámica familiar por completo. Un cambio de estructura y de roles donde los hermanos mayores pasan a ocupar un nuevo lugar dentro del hogar. Un claro ejemplo de esta transición es la reciente maternidad de Ana Boyer, quien tras tener tres hijos varones —Miguel, Mateo y Martín— dio la bienvenida el pasado mes de mayo a su cuarta hija, Mia.
La hija de Isabel Preysler ha compartido en una entrevista con ¡HOLA! cómo sus tres hijos han recibido a la pequeña “con muchísima ilusión”.
“Desde el primer momento quisieron ayudar y estar pendientes de su hermana. Ver esa relación es una de las cosas más bonitas”, ha explicado Ana Boyer, quien detalla que pese a las diferencias de edad, no hay un solo protector en casa: “Cada uno tiene su personalidad, pero los tres cuidan muchísimo de ella a su manera”.
El hermano mayor como referente
Esta predisposición espontánea a proteger al más pequeño es un proceso habitual en el desarrollo infantil. “El hermano mayor suele convertirse en un referente. No porque alguien se lo pida, sino porque el pequeño aprende observando. Le copia la forma de hablar, de jugar o de afrontar las cosas. El mayor, por su parte, suele sentir ganas de cuidar, enseñar o ayudar. Es una dinámica muy natural siempre que no implique asumir responsabilidades que pertenecen a los adultos”, explica María Aguirre Munárriz, psicóloga sanitaria y experta en Inteligencia Emocional, Infancia y Atención Temprana.
En el caso de la familia de Ana Boyer, la llegada de una niña ha moderado incluso el comportamiento de los niños en el hogar. Al preguntarle si Mia se convertirá en la “princesa de la casa”, Ana responde: “Por supuesto. Estamos todos pendientes de ella todo el tiempo y sus hermanos la tratan con mucha delicadeza, cuidándola todo el tiempo. Entre ellos suelen ser bastante traviesos y brutos, así que se nota mucho la diferencia”.
Sobre cómo afectará la presencia de sus tres hermanos en el crecimiento de Mia, Ana Boyer se muestra convencida: “Va a crecer rodeada de tres hermanos mayores que la van a cuidar muchísimo, y creo que eso será muy bonito para ella”.
A este respecto, Aguirre Munárriz recalca el valor de estas interacciones cotidianas: “Jugar juntos, leer un cuento, enseñar a montar en bicicleta, ayudar con los deberes o cuidar del pequeño un rato de manera puntual son experiencias muy positivas. Todo eso fortalece el vínculo entre hermanos. Lo importante es que siga siendo una colaboración y no una función permanente”.
Asimismo, la psicóloga destaca la posición que ocupan en la jerarquía del hogar: “El hermano mayor ocupa un lugar muy especial dentro de la familia. No está al mismo nivel que un amigo, pero tampoco debería situarse donde están los padres. Es un referente desde la cercanía. Tiene más experiencia, pero comparte la misma generación y la misma historia familiar. Esa combinación hace que muchas veces el pequeño se abra con él de una forma distinta a como lo hace con sus padres”.
Va a crecer rodeada de tres hermanos mayores que la van a cuidar muchísimo, y creo que eso será muy bonito para ella
Cambios de rutina, celos y regresiones: cómo gestionarlos
Aunque la llegada del bebé traiga momentos alegres, la reestructuración del hogar también puede generar desajustes en la conducta de los más pequeños. “Es importante que sepamos que la llegada de un hermano supone un nuevo papel en la familia, un cambio de estructura y de roles en casa”, aseguran Carina Schwindt y Mariana Fernández, psicólogas y neuropsicólogas especialistas en Crianza Positiva y Neurodesarrollo.
Las especialistas nos explicaban cómo la llegada del recién nacido “puede despertar ciertos celos que conllevan, o pueden conllevar, alteraciones en su conducta e, incluso, tener regresiones, es decir, volver a etapas que parecía que tenía superadas como por ejemplo hablar más como bebé, hacerse pis, tener más berrinches, etc.”.
Para evitar que el hermano mayor se sienta desplazado ante las demandas de atención del recién nacido, las expertas aconsejan no exigirles más de lo debido por el hecho de ser los primogénitos: “No debemos cargarles con tareas o carga emocional solo por el hecho de ser mayores". No podemos perder de vista que los hermanos mayores necesitan la misma atención y cariño de mamá y papá, igual que el nuevo bebé.
Claves para integrar al hermano mayor en la crianza
Para favorecer la adaptación y reforzar los lazos familiares durante los primeros meses, las especialistas sugieren involucrar activamente a los primogénitos en los cuidados diarios.
- Involucrar sin obligar: Actividades como “dejar que te ayude a cambiarle el pañal, a vestirle o a bañarlo” ayudan a generar cercanía con el bebé y evitan que el primogénito se sienta excluido.
- Respetar sus tiempos: Si el niño se muestra reacio a participar en el cuidado del lactante, las expertas subrayan la importancia de no forzar la interacción: “Si no quiere participar, respeta sus tiempos”.
- Mantenimiento de la atención individualizada: Reservar momentos a solas con el hermano mayor ayuda a mitigar la sensación de pérdida de protagonismo y reduce la aparición de conductas regresivas.





