Llega el viernes y, después de una semana agotadora, por fin tienes una tarde libre. Podrías sentarte en el sofá, leer un libro o simplemente no hacer nada. Sin embargo, apenas llevas unos minutos descansando cuando empiezas a pensar en todo lo que tienes pendiente. Quizá deberías ordenar los armarios, adelantar trabajo o aprovechar para hacer ejercicio. Y, casi sin darte cuenta, esa tarde que tanto necesitabas vuelve a llenarse de obligaciones.
A nadie nos pasa por alto que vivimos en una sociedad que premia la productividad y en la que tener la agenda llena suele interpretarse como una virtud. Pero ¿qué ocurre cuando esa necesidad de aprovechar cada minuto deja de ser una elección? ¿Y si detrás de nuestra aparente productividad se escondiera, en realidad, una forma de evitar aquello que nos preocupa?
Para entender por qué algunas personas necesitan estar permanentemente ocupadas, hemos hablado con Isabel Hernández, directora del Departamento de Psicología de la Universidad Europea de Andalucía.
¿Estar siempre ocupado puede ser una forma de esconder la ansiedad?
Lo primero que hay que recordar es que tener una vida activa no significa necesariamente que exista un problema. Hay personas que disfrutan encadenando actividades, practicando deporte o participando en numerosos proyectos. Y eso no se puede considerar como un problema. Sin embargo, sí hay que prestar atención a lo que puede haber detrás si en lugar de disfrutar de lo que hacen sienten que no pueden parar.
"La diferencia no está tanto en cuánto hace una persona, en la cantidad de cosas que hace, sino en cómo se está relacionando con esa actividad que está haciendo", explica Hernández.
Según esta psicóloga, cuando descansar provoca culpa o ansiedad, o sentimos una necesidad constante de estar haciendo algo, la actividad puede estar cumpliendo otra función: evitar emociones que nos resultan difíciles de afrontar. En estos casos, nos dice, esta persona intenta mantener la mente ocupada para no pensar o no sentir aquello que le resulta difícil.
Así, llenar nuestra agenda puede convertirse en una estrategia para no enfrentarnos a determinadas preocupaciones. El problema es que mantenernos ocupados no significa necesariamente que estemos resolviendo aquello que nos genera malestar.
¿Por qué sentimos culpa cuando no hacemos nada?
Otra sensación que puede alertarnos es la de culpa, que puede aparecer cuando tenemos tiempo libre. Podemos sentirla incluso cuando hemos terminado todas nuestras obligaciones. Es como una una voz interior que nos recuerda que podríamos estar haciendo algo más útil.
Esto ocurre porque "realmente podemos aprender a asociar estar ocupados con estar haciendo lo correcto, y descansar con ser improductivos", señala la psicóloga. De hecho, existe lo que la ciencia denomina denomina culpa por el ocio, un malestar que experimentan algunas personas cuando dedican tiempo a actividades que no consideran productivas.
Además, cuando bajamos el ritmo, pueden aparecer preocupaciones y pensamientos incómodos que conseguimos mantener a raya mientras estamos ocupados.
Cuando tu autoestima depende de todo lo que haces
El problema puede agravarse cuando empezamos a medir nuestro valor personal por lo que producimos o conseguimos. Entonces, un día poco productivo, un error o la necesidad de descansar pueden hacernos sentir que no estamos haciendo lo suficiente. "Si necesito rendir o conseguir cosas para sentir que valgo, cualquier error, cualquier descanso o cualquier etapa de mi vida con menor productividad se puede vivir como una amenaza personal", advierte Hernández.
De hecho, la especialista distingue entre la ambición saludable y la productividad tóxica. La diferencia, según explica, radica en la relación psicológica con el rendimiento, “la ambición sana suele estar conectada con la motivación, el crecimiento personal o la curiosidad, mientras que la productividad tóxica surge cuando producir deja de ser una elección y se convierte en una necesidad compulsiva para sentirse válido. En estos casos, aunque se alcancen los objetivos, la satisfacción dura muy poco y rápidamente aparece la necesidad de seguir haciendo más y más”.
Según esta experta, hay estudios que relacionan la autoestima basada en el rendimiento con un mayor agotamiento y con el síndrome de burnout o profesional quemado.
Asimismo, la profesora Hernández pone el foco en el papel de las redes sociales, que “funcionan como escaparates permanentes de rendimiento, donde se visibilizan logros y rutinas idealizadas, pero no el coste emocional que puede haber detrás, como el burnout, la ansiedad o la irritabilidad”. Y muestra su preocupación por el deterioro de la capacidad de disfrute ya que “hay personas que incluso pierden la capacidad de identificar qué les gusta hacer además de trabajar todo el tiempo”.
Entonces, ¿qué podemos hacer para poder disfrtuar realmente del merecido tiempo libre?
Cómo aprender a descansar sin sentir ansiedad
Lo primero que hay que tener en cuenta es que la recuperación psicológica necesita precisamente esos momentos en los que conseguimos desconectar mentalmente de nuestras responsabilidades. Según Hernández, una mayor capacidad de desconexión se relaciona con menos fatiga, mejor descanso y mayor bienestar.
Por ello, para quienes se reconocen en esta necesidad constante de actividad, la psicóloga recomienda empezar gradualmente. No hace falta pasar de una agenda completamente llena a una tarde entera sin hacer nada. Podemos reservar pequeños espacios sin objetivos productivos y aprender a tolerar la incomodidad que aparezca, sin responder inmediatamente buscando otra tarea.
También es importante recordar que "descansar no es tiempo perdido ni algo que tengamos que ganarnos después de producir. Es una necesidad básica de recuperación que tenemos todos los seres humanos". Si la culpa o la ansiedad son muy intensas y condicionan nuestra vida cotidiana, Hernández recomienda trabajarlas en terapia. Porque descansar no debería convertirse en otra obligación que tenemos que cumplir.










