Termina el día, cierras el ordenador, llegas a casa y, en teoría, ya no tienes nada más que hacer. Pero tu cabeza parece no haberse enterado. Porque puedes haber terminado de trabajar y seguir pensando en ese mensaje que no contestaste. Puedes estar cenando y repasando mentalmente una conversación con tus colegas. Puedes meterte en la cama y empezar a organizar todo lo que tienes que hacer mañana... Nos pasa a casi todos, pero, por fortuna, es posible frenarlo y conseguir desconectar.
El día ha terminado, pero tu mente sigue trabajando: ¿por qué?
Descansar no consiste únicamente en dejar de hacer cosas. También necesitamos ayudar a nuestro cerebro a entender que ya no tiene que seguir resolviendo, anticipando o revisando todo lo que ha ocurrido durante el día. Durante el día acumulamos decisiones, conversaciones, tareas, preocupaciones y pequeños asuntos que quedan pendientes. Aunque dejemos físicamente de trabajar, nuestra mente puede seguir repasándolos.
Además, vivimos rodeados de estímulos. Mensajes, notificaciones, redes sociales, noticias, correos... Incluso cuando tenemos un rato libre, seguimos proporcionando información a nuestro cerebro. Por todo esto, llegar a casa no siempre significa desconectar. Podemos cambiar de espacio, ponernos cómodos y terminar nuestras obligaciones, pero seguir mentalmente en el trabajo o pensando en lo que tendremos que hacer mañana. La buena noticia es que podemos enseñar a nuestro cerebro a reconocer que el día ha terminado.
¿Cómo desconectar después del trabajo?
Crea una transición entre el trabajo y el descanso
Muchas veces pasamos directamente de una cosa a otra. Cerramos el ordenador y empezamos con las tareas de casa, los mensajes, la cena o cualquier otra obligación. Pero nuestro cerebro también necesita una transición.
Puede ser dar un pequeño paseo, cambiarte de ropa al llegar a casa, ducharte o simplemente sentarte unos minutos sin hacer nada. No necesitas crear un ritual complicado. Lo importante es marcar el cambio de ritmo. Poco a poco, tu cerebro puede empezar a asociar ese momento con el final de la jornada.
Saca de tu cabeza lo que queda pendiente
A veces seguimos pensando en algo porque tenemos miedo de olvidarlo. Una tarea que tenemos que hacer mañana. Una llamada que debemos realizar. Algo que queremos preguntar. Un problema que todavía no hemos resuelto.
En lugar de intentar recordarlo constantemente, puedes escribirlo. Ponerlo en una lista ayuda a dejar de utilizar nuestra mente como una agenda. No necesitas resolverlo todo antes de descansar. Solo necesitas saber que podrás ocuparte de ello mañana.
No conviertas la noche en una prolongación del día
Si después de terminar de trabajar seguimos contestando correos, revisando mensajes o pensando en todo lo que nos queda pendiente, nuestro cerebro recibe el mensaje de que la jornada todavía no ha terminado. Por eso, cuando sea posible, intenta establecer pequeños límites.
No tienes que responder inmediatamente a todo. No todo necesita una solución esta noche. Y no todas las preguntas que aparecen en tu cabeza necesitan una respuesta antes de acostarte. A veces, descansar significa precisamente permitirte decir: esto puede esperar hasta mañana.
Sí puedes dejarte cosas pendientes
Quizá una de las ideas que más nos cuesta aceptar es que terminar el día no significa haber terminado todo. Pero es que siempre habrá algo pendiente. Un correo que responder, una tarea que hacer, una conversación que retomar o una decisión que tomar.Si esperamos a tenerlo todo resuelto para permitirnos descansar, probablemente nunca encontremos el momento.
Nuestro cerebro necesita aprender que puede dejar algunas cosas para mañana. Porque descansar no significa que hayas hecho suficiente. Significa que también necesitas parar aunque todavía quede algo por hacer. Y quizá ahí esté una de las claves para terminar realmente el día: no conseguir que tu cabeza deje de pensar, sino enseñarle que no tiene que estar trabajando todo el tiempo.
El día ya ha terminado. Ahora también puede terminar para tu cabeza.









