"Aquello a lo que prestamos atención de forma repetida acaba ganando relevancia", asegura la experta en desarrollo cognitivo y entrenamiento cerebral, Catalina Hoffmann. Si en verano sueles obsesionarte con tu físico y tiendes a fijarte en aspectos que pasas por alto en invierno, no es casual. Tu cuerpo está más expuesto y esto hace que te observes más. Como dice Catalina, "te acostumbras a buscar defectos" y de esta manera "fortaleces un sesgo atencional que hace que esas características parezcan cada vez más importantes aunque objetivamente no lo sean".
Además, según la experta, "esta forma de mirar tu cuerpo activa emociones como la vergüenza, la ansiedad o la frustración. y, si no se gestionan bien, pueden afectar a la autoestima, al estado de ánimo y a la relación que mantienes con tu propio cuerpo a largo plazo". Por eso ofrece una serie de consejos para salir del bucle mental.
Cómo entrenar la atención para dejar de sacarnos defectos
Analiza hacia dónde se dirige tu atención de manera automática
"Muchas personas creen que simplemente "ven la realidad", cuando en realidad están viendo una versión filtrada por sus preocupaciones", asegura la especialista. Te invita a hacer un ejercicio y a preguntarte "¿estoy describiendo un hecho o haciendo un juicio? Asegura que "esta simple cuestión obliga a tu corteza prefrontal a tomar los mandos y reduce el impacto que las emociones negativas puedan tener en la visión de ti mismo".
Cambia el foco
Otro ejercicio que sugiere Catalina consiste en dirigir la atención hacia lo que tu cuerpo te permite hacer, no solo hacia cómo se ve. Recomienda pasar de una mirada centrada exclusivamente en la apariencia a otra que incluya la funcionalidad, la salud y el bienestar suele favorecer una relación más equilibrada, justa y constructiva con tu cuerpo.
Qué es la autoexigencia saludable
Preguntada por la autoexigencia saludable y la que no lo es, Catalina define la primera como "aquella que te ayuda a crecer y avanzar sin poner en juego tu bienestar". Para ella, "la cuestión es tener siempre presente que tu valor nunca depende de alcanzar o cumplir ciertos estándares".
En palabras de la fundadora del método Neurofitness, "una buena forma de saber cuándo esa autoexigencia ha dejado de ser sana es fijarte en cómo te sientes". Si piensas que nunca eres suficiente, si te llena de culpa la sola idea de descansar, si vives con una sensación constante de fracaso o con un estado de ánimo que depende de cómo te ves, has cruzado el límite. "Ahí la autoexigencia se ha convertido en fuente de sufrimiento", dice Catalina.
Cambia la autoexigencia por la autocompasión
Siempre creemos que cuanto más autoexigentes somos más crecemos. Pero Hoffmann desvela algo curioso: "No hay ninguna evidencia de que ser muy autoexigente dé mejores resultados en cuanto a rendimiento. De hecho, las personas que practican la autocompasión de manera equilibrada suelen afrontar mejor los errores, mantienen su motivación más tiempo y trabajan en sus metas con menos ansiedad… Porque se permiten algo tan humano como fallar".
Cómo evitar las comparaciones físicas en verano
El verano suele aumentar la exposición del cuerpo y, con ella, las comparaciones. Sin embargo, podemos reducir su impacto con pequeños cambios en nuestro día a día.
- Toma conciencia de cuándo aparecen esas comparaciones, porque muchas veces son automáticas.
- Observa esos pensamientos y fíjate en cómo te hacen sentir. Te puede ayudar mucho escribir cada uno en un cuaderno y a continuación plantear la pregunta: ¿esto me ayuda o me hace sentir peor?
- Revisa el contenido que consumes en redes sociales: puede contribuir a construir una percepción más realista y amable de nuestro propio cuerpo.
- Cambia el diálogo interno. Si nunca le diríamos a una persona a la que queremos frases como "qué horror de cuerpo tienes", tampoco deberíamos normalizar ese tipo de mensajes hacia nosotros mismos.
Para esto último puede resultar muy útil que, cuando nos digamos una frase de ese estilo, nos obliguemos a continuarla con un "pero". Por ejemplo "tengo toda la tripa llena de estrías… pero eso es porque mi cuerpo fue capaz de crear a mis hijos y estoy agradecida por ello". De esta manera, cambiamos el enfoque. Y lo mejor es que, si lo hacemos de manera habitual, llegará un día en el que nuestro cerebro lo hará automáticamente.
Todas estas cosas te ayudarán a tener una relación más sana con nuestro cuerpo. Y ¡ojo! Eso no significa pensar que es perfecto o amar cada centímetro de tu cuerpo todos los días, sino dejar de convertir la apariencia física en el principal criterio con el que mides tu valor como persona. Cuando consigues eso, mejoran no solo la relación con tu cuerpo, sino también tu bienestar psicológico.









