¿Son perfeccionistas todas las personas adictas al trabajo? ¿Y viceversa? Es una duda que ha planteado recientemente Rosalía en el programa CBS News Sunday Morning. "Espero no ser adicta al trabajo. Porque eso significaría una adicción. Cuanto más crezco, menos adicciones tengo. Pero quizá el trabajo... quizá sea una, y estoy intentando encontrar una forma mejor de hacer este trabajo y que sea sostenible, para poder dedicarme a ello muchos años más", decía la cantante. Hemos hablado con Ana Galán, psicóloga y divulgadora en @anagalanpsicologia, para comprender cuáles son las diferencias entre uno y otro concepto.
La frontera entre el perfeccionismo y la adicción al trabajo
Según nuestra experta, "se puede ser muy perfeccionista, cuidar cada detalle y disfrutar enormemente de una profesión sin que eso haga ningún daño". Para ella, "el problema aparece cuando trabajar deja de ser una elección y empieza a sentirse como una obligación interna: cuando descansar viene con culpa, cuando nada acaba de estar lo bastante bien y cuando el ánimo depende de cómo haya salido todo".
Galán asegura que "hay una frase que conviene mirar con cariño, porque la dicen todas las personas que tienen un problema con algo: puedo parar cuando quiera". Asegura que "casi siempre es verdad, y casi nunca demuestra nada. La prueba no es si puedes parar. Es cómo estás cuando paras".
Para la psicóloga, lo que realmente nos da la pista de que existe una adicción al trabajo es la manera en la que uno se encuentra cuando, al estar enfermo, por ejemplo, no puede ejercer su labor como le gustaría. "Hay quien lo agradece y se queda en la cama. Y hay quien acaba contestando correos con fiebre", sostiene.
Ana recuerda que "apagar el ordenador no es desconectar. Se puede estar cenando con la pareja, de vacaciones o con los amigos y seguir en lo pendiente, en lo que podría mejorarse, en lo que habría que estar haciendo. Hay gente que lleva años sin unas vacaciones de verdad, aunque se haya cogido unos días todos los veranos". En situaciones así, según la especialista, suele aparecer la irritabilidad y existe una sensación persistente de no haber hecho lo suficiente.
Los síntomas físicos de un adicto al trabajo
"Cuando llevas años funcionando a mucha intensidad, el cuerpo no se apaga porque llegue el viernes: sigue acelerado, cuesta dormir... Mucha gente no para porque parar, al principio, se siente francamente mal", dice nuestra psicóloga.
"Conviene decir también que la adicción al trabajo no es un diagnóstico reconocido, aunque el patrón esté muy bien descrito. Y en el caso de Rosalía, sus palabras no permiten afirmar nada: poder parar y disfrutar de los suyos es una buena señal", argumenta.
Del perfeccionismo al miedo a equivocarse
Para Ana, "el perfeccionismo pocas veces va de querer hacerlo bien. Va de lo que uno cree que pasará si no lo hace bien". Nos cuenta que "cuando hemos aprendido a confundir lo que valemos con lo que conseguimos, equivocarse deja de ser un error y pasa a sentirse como un veredicto. Y entonces controlar cada detalle se convierte en la manera de evitar la crítica, el rechazo o la incertidumbre".
El perfeccionismo es el único defecto que la gente dice en voz alta en una entrevista de trabajo, y lo dice precisamente porque sabe que no suena a defecto.
"Hay mucha diferencia entre buscar la excelencia y perseguir una perfección que no existe", sostiene Ana. "La excelencia deja aprender. El perfeccionismo rígido hace que nada de lo que haces te parezca suficiente, y ahí aparece la paradoja: cuanto más intentas hacerlo todo perfecto para quedarte tranquila, más lejos se pone la tranquilidad".
La madurez y saber poner límites
Rosalía ha asegurado en el programa que a medida que pasan los años le resulta más fácil desengancharse del trabajo de alguna manera para disfrutar de las relaciones personales. Le preguntamos a Ana si tiene que ver con la madurez y nos dice es algo que conviene coger con pinzas porque "cumplir años no quita nada por sí solo".
"Lo que cambia con el tiempo no suele ser la exigencia, sino lo que uno está dispuesto a pagar por ella", dice con contundencia. "Y, siendo honesta, ese cambio casi nunca llega por sabiduría: llega después de un susto. Un agotamiento grande, una pérdida, una enfermedad, o el día en que te das cuenta de que has dedicado años a conseguir cosas que no has llegado a disfrutar", advierte la experta.
El valor de poner en palabras una preocupación
Ana aplaude la actitud de Rosalía: "Me parece muy valioso que ella misma se pregunte en voz alta estas cosas. Lo habitual en estos casos no es la duda, es la certeza: la respuesta más frecuente no es quién sabe, es yo controlo. Y preguntarse si uno trabaja demasiado ya es haber empezado a mirarlo".
Crecer también puede significar dejar de preguntarse hasta dónde se puede llegar y empezar a preguntarse cómo queremos vivir mientras llegamos.
Cómo tener una buena relación con el trabajo
Para tener esa buena relación con el trabajo a la que aspira la cantante, según Ana Galán, es imprescindible "poder seguir dedicándote a lo que te apasiona sin que eso se lleve por delante tu salud, tus relaciones o tu descanso de forma sistemática".
Admite que "es más difícil justamente cuando amas tu trabajo, porque ahí nadie te avisa. Al que odia su empleo y echa doce horas lo rodea todo el mundo preguntándole si está bien. Al que adora el suyo y echa catorce se le admira. Es la única adicción que se aplaude".
"Pero disfrutar de lo que haces no elimina la necesidad de parar. Hacen falta espacios donde no haya que producir, mejorar ni demostrar nada, y hace falta recordar que uno es bastante más que su profesión. El descanso no es el premio que te dan cuando ya no puedes más: es parte del mantenimiento", dice la experta.
Y termina con un aviso importante: "Cuidado con convertir el equilibrio en otra meta que alcanzar y en la que fallar. No se trata de trabajar menos por principio. Se trata de que tu vida no dependa de que el trabajo vaya bien".














