Nuria Roca y Juan del Val están viviendo estos días una de las situaciones que más emociones encontradas provocan a los padres: su hija pequeña, Oliva, de 16 años, se ha marchado a estudiar fuera de España. "¿Y ahora qué hago yo?", ha comentado la presentadora. "¡Lo que te vamos a echar de menos, Olivia!". Como nos dice Mercedes Bermejo, psicóloga sanitaria, experta en infancia, adolescencia y familia y fundadora y directora de Psicólogos Pozuelo, es normal sentir orgullo y alegría, pero al mismo tiempo es ambivalente esa tristeza, ese miedo y esa sensación de vacío. Y lo dice con conocimiento de causa, no solo como profesional, sino también como madre, pues su propia hija se acaba de marchar a estudiar un curso escolar a otro país. "La marcha de un hijo o hija durante un curso es una auténtica transición para toda la familia", recalca.
Por su parte, el Dr. Valentín Martínez-Otero, psicólogo y pedagogo, recuerda que, aunque es comprensible que los padres sientan tristeza y preocupación, "hay que pensar que la ausencia es por algo positivo y confiar en la capacidad del hijo para afrontar esta etapa". Aconseja a las familias transmitir ilusión, confianza y disponibilidad al adolescente para que inicie este curso escolar tan especial con buen pie.
Entre otros motivos, porque el hecho de que los padres se muestren especialmente tristes o nerviosos puede afectar a los hijos. "Sobre todo cuando son adolescentes, son particularmente sensibles al estado emocional de sus padres; si perciben mucho miedo y preocupación, puede acrecentar la inseguridad", subraya. "Es importante que haya equilibrio en la expresión de tristeza o preocupación por parte de los padres".
La marcha de un hijo o hija durante un curso es una auténtica transición para toda la familia.
Eso no significa ocultar lo que se puede sentir como madre o como padre. Mercedes Bermejo se sincera con nosotros y nos confiesa que lleva meses diciéndole a su hija que la va a echar de menos, "pero no para que ella me sostenga a mí, sino por todo lo que la quiero y todo lo que significa para mí", nos cuenta. "Es una forma de expresar, de naturalizar y normalizar la expresión emocional sin hacerles responsables de nuestro bienestar".
No hay problema en decirles que se les va a echar de menos, que ellos entienden como algo natural, pero también es necesario, según la psicóloga, transmitirles que confiamos en ellos, que nos alegra la gran experiencia que van a vivir, que es una gran oportunidad, que lo disfruten, que lo aprovechen, que aprendan el idioma…
La marcha del hijo, ¿comparable a un duelo?
El Dr. Martínez-Otero señala que es normal, como decíamos, la ambivalencia en las emociones que, como madre o padre, se sienten, pero también que hay que ser conscientes de que se trata de una separación, no de una ruptura. "El hijo se va físicamente, pero el vínculo permanece". Porque, por mucho que se sepa, a veces pesa demasiado la ausencia.
Es entonces cuando aparece el duelo evolutivo, según Bermejo. "Es decir, el hijo no se pierde, pero sí termina una etapa de la relación familiar diferente a cómo se conocía hasta el momento: la casa cambia, las rutinas se modifican... Se hace especialmente visible que el hijo o la hija está creciendo y está construyendo una vida propia". Y eso, por natural que sea y aunque se trate del objetivo último de la crianza, duele.
En caso de que el padre o la madre lleve especialmente la marcha de su hijo, por muy orgulloso que se sienta de este gran paso que está a punto de dar, el Dr. Martínez-Otero considera que puede ser oportuno "hablar de lo que siente con su pareja u otras personas cercanas y, desde luego, mantener las propias actividades y rutinas, además de estar disponible sin transmitir una preocupación intensa o permanente".
Cuando es el hijo o la hija el que, de repente, unos días antes empieza a manifestar más miedo ante la nueva etapa que se avecina, el psicólogo recomienda escucharle y concretar qué le preocupa, sin minimizar sus miedos. "Hay que transmitirle seguridad y confianza, y recordarle que en la actualidad la distancia es mucho más llevadera porque pueden estar en contacto con facilidad, hablar y verse habitualmente, aunque sea a través de la tecnología".
La importancia de mantener el contacto en esta nueva etapa
Sabemos que mantener el contacto con un hijo, especialmente si es menor de edad, cuando este se marcha a otra ciudad o a otro país a estudiar, es imprescindible. Sin embargo, también en esto es necesario aprender a mantener un equilibrio, pues tan importante es evitar la desconexión absoluta como una comunicación excesiva que dificulte la autonomía del hijo, tal y como advierte Bermejo.
Hay que pensar que la ausencia es por algo positivo y confiar en la capacidad del hijo para afrontar esta etapa.
La psicóloga nos comenta que se ha encontrado con padres en consulta que incluso saben cuándo entra y cuándo sale su hijo de casa o de la residencia de estudiantes y cuándo se conecta y cuándo no. "Hay que tener también cuidado con la parte del control". Por eso lo ideal es acordar, antes de la marcha, cómo se va a mantener el contacto.
Por supuesto, también es necesario "ayudarles a que puedan organizar cuestiones prácticas como la salud, el dinero, la documentación o qué hacer ante un caso de emergencia", recalca la psicóloga. "Los progenitores están ahí para acompañar, pero también para poder, como decíamos antes, soltar esas alas; esto también es una experiencia para permitirles volar".






